Una trágica noticia me llevó al blog El bosque escrito. Su autor –un joven poeta cubano a quien nunca llegué a conocer- murió en Ciudad México, a manos de unos
delincuentes que asaltaron la casa en la que se encontraba. Llevaba apenas tres semanas en el D.F.
He
leído con fruición muchas de sus páginas. Félix Ernesto Chávez
López supo encontrar una voz muy personal, de un intimismo poco frecuente en nuestros días. Ojalá que en el futuro inmediato salgan a la luz otros trabajos
suyos.
Aquí
un fragmento de su último post, titulado Impasse, con fecha 3 de junio del 2012.
Estoy
en la Ciudad de México y llueve. El silencio de mi estancia se interrumpe por
estridentes tonos telefónicos o por la cercanía con que parecen volar los aviones,
no sé si despegando o a punto de aterrizar. Cumplo mi cuarto día en un sitio
donde pude una vez emigrar, y que hoy me recibe de paso; una ciudad monumental,
caótica, desmesurada, como si la extensión sobre la altiplanicie pretendiera
llenar un vacío en una forma barroca contemporánea. De día, sentado en la
cocina mientras tomo una taza de chocolate, he sentido repicar en la calle las
estridencias del carro de la basura. Todo en el Distrito Federal es
estridencia: las voces de los comerciantes, los conductores gritando, los
atestados comercios, los colores y los olores, la brutal uniformidad de ciertas
expresiones, la risa y la alegría, el horizonte volcánico, la fértil
imaginación. También las esperanzas y los silencios.
Qué triste.
ResponderEliminarEstoy repasando su blog, que no conocía. Mucha melancolía en él. Parece como si hubiera sido un poeta del siglo XIX.
ResponderEliminarY descubro que su mamá comentaba en los posts. Comentaba bastante.
Sólo pienso en esa señora y su dolor.
Qué absurda muerte, no?
muy de acuerdo Zoe. Posee una sensibilidad muy decimononica. No me habia percatado que su mama comentaba en los post. Era una persona talentosa. Yo tambien pienso en el dolor de su madre. Una desdichada historia.
ResponderEliminarFelix Ernesto era uno de mis mejores amigos. Era un personaje de una novela decimonónica, sensible, exquisito, intuitivo, altamente empático. Era un gran intelectual, pero también un gran ser humano. Cariñoso, fiel, inteligente, generoso.
ResponderEliminarTampoco puedo dejar de pensar en Lidia, su mamá. Sus amigos estamos destrozados y así todo no puedo ni imaginarme el dolor de ella y más al saber los detalles de todo este horror.
Gracias, Ernesto, por tu nota. Todos sus amigos agradecemos las muestras de solidaridad. Creo que es en su escrito "Retrato del Monstruo" donde leemos la esencia de nuestro Félix.
EliminarMuchas gracias, Jimagua. Aqui he querido rendirle un tributo a su trabajo. Por desgracia, no pude conocer a la persona. He visitado a menudo su blog y por los comentarios que van dejando sus amistades, puedo ver cuan querido era. Tambien he pensado en Lidia y en el dificil momento por el que esta atravesando. Saludos,
ResponderEliminarEn medio del dolor de los que lo amamos, es gratificante ver que sus textos despiertan empatía, que su literatura lo continúa, nos lo devuelve, a los amigos y familiares y a los que no lo conocieron y llegan ahora a sus textos. Que Félix se vuelva una encarnación del misterio literario, que su yo recuerde al yo romántico al que dedicó gran parte de su investigación, es una irónica ganancia que lo haría sonreír. Creo que ahora mismo "La devastación" es un libro mucho más leído de lo que él pudo imaginar. El texto sigue siendo un modo eficaz, como nos enseñó Homero, para burlar la muerte. Gracias, Ernesto, en nombre de Félix, sus amigos y familiares te agradecemos.
ResponderEliminarAcabo de recibir la dolorosa noticia de la trágica muerte de Félix Ernesto, a quien me unieron lazos profundos de cariño y respeto. Tuve la suerte de ser su profesora aunque él era un ser con la capacidad de aprender por sí mismo, por su inteligencia, sensibilidad y rigor. La vida me ofreció un regalo inestimable: el poder disfrutar de su compañía, aquí en mi casa, hace sólo unos meses, toda una tarde, porque así lo quiso, en ocasión de su estancia en Miami, junto a otra querida exalumna, Cecilia Sarraff. Estoy anonadada, y también te doy gracias, Ernesto
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