![]() |
| Tania Bruguera, Immigrant Movement International, 2011-2015. |
A
continuación un resumen de la presentación que hice el pasado viernes 8 de
junio, en New York University, como parte del coloquio Cuba por fuera,
organizado por el escritor Enrique del Risco y patrocinado por CANY (Cuban Art
New York)
![]() |
| Coco Fusco, Bared Life, 2006. |
El
título de este panel, Arte cubano en
Nueva York, me hizo pensar inmediatamente en una exposición colectiva. Un
poco más tarde caí en la cuenta de que también merecía ser el tema de algún
proyecto de investigación. Hasta donde tengo referencias, no existe ni una ni
otra cosa, si uno descuenta la tesis de licenciatura en Historia del Arte de la
Universidad, del ahora curador Elvis Fuentes, fechada en 1998 y dedicada al
caribeño en Nueva York. El hecho de que tanto la muestra colectiva, como el proyecto
de investigación pertenezcan al dominio de lo imaginario resulta bastante
sorprendente, si se tiene en cuenta la fecundidad de Nueva York como sede del
arte cubano.
![]() |
| Caridad Sola, Looking for Mr. Right, 2010. |
No
sé si tenga algún sentido, pero si hoy tuviésemos que definir qué es lo cubano,
entonces tendríamos que convenir en que, cualquiera que sea la respuesta, es
algo que trasciende las fronteras de la isla, con núcleos más o menos fuertes
en ciudades como Barcelona, París, Ciudad México, Caracas, Miami y desde luego
La Habana. Entre todos esos centros culturales Nueva York ofrece una pluralidad
como la que no pudiera encontrarse en ningún otro sitio del planeta. Pensemos
que el arte cubano en la ciudad incluiría a artistas como Bedia y Carlos
Garaicoa, Tomás Sánchez y Los Carpinteros, Carlos Rodríguez Cárdenas y José
Ángel Toirac, Luis Mallo y Yoan Capote. Incluso habría que mencionar al curador
y crítico de arte Gerardo Mosquera. Es decir, no habría manera de sustentar las
divisiones entre los que residen dentro y fuera de Cuba, como tampoco serían
muy claras las diferencias ideológicas. Por otro lado habría que incluir
a creadores cubano-americanos como Coco Fusco, Teresita Fernández, Luis
Gisperg y Caridad Sola; por no mencionar a Ana Mendieta, Felix González-Torres
y Andrés Serrano, que son figuras que ya pertenecen a la historia del arte
contemporáneo.
De
un modo muy general –y aquí sólo sería posible una aproximación muy básica- la
presencia del arte cubano en Nueva York podría verse como la conjunción de tres
importantes rasgos. El primero es la inmigración. El segundo los intercambios
culturales con Cuba y, finalmente, la influencia de contexto artístico que la
ciudad ha ejercido sobre los creadores.
![]() |
| Luis Gispert, Red Blasterettes, 2004 |
El
triunfo de la Revolución Cubana coincidió históricamente con el declinar del
expresionismo abstracto y el triunfo del Pop art, la aparición de los
happenings, el hard-edge y algunas otras vertientes que supusieron una ruptura
con la tradición vanguardista. Junto a estos cambios culturales, el ascenso al
poder del gobierno revolucionario de 1959 creó una comunidad de artistas
exiliados. Muchos de ellos se establecieron en la Gran Manzana.
![]() |
| Luis Mallo, in Camera, 2007 |
Dando
un salto hacia el presente, la presencia de los emigrantes puede apreciarse en
las generaciones de cubano-americanos que se han formado en Nueva York o que en
la actualidad realizan sus obras en la ciudad. En ellos, el problema de la
búsqueda de una identidad perdida es un motivo fundamental. Atraviesa la obra de
creadores tan disímiles como Ernesto Pujol, Caridad Sola y Coco Fusco. Junto a
los cubano-americanos tendríamos a los que emigraron de Cuba, a partir de 1959.
Varias hornadas de artistas han pasado por Nueva York, comenzando en los años
sesenta, cuando Emilio Sánchez, Carmen Herrera, Luis Azaceta y muchos otros que
se establecieron en la ciudad. Luego le seguirían muchos otros creadores, entre
los que sobresalen Ana Mendieta, Félix González-Torres y Ernesto Pujol que
tuvieron una participación muy activa en el panorama artístico de la ciudad, entre
años los setenta y los noventa. Finalmente, una nueva oleada, comenzando por
Florencio Gelabert y terminando por Pavel Acosta, de artistas que se formaron
en Cuba. Son creadores que participaron en las orientaciones artísticas que se
iniciaron con Volumen I y que conservan muchas de las concepciones estéticas
bajo las que se formaron en el entorno artístico habanero.
![]() |
| Carlos Garaicoa, Now let's play to disappear, 2002. |
Luego estarían las exposiciones de artistas promovidos por instituciones cubanas o
por centros culturales que tienen interés en creadores que residen en la Isla, muchas
veces desestimando a los autores que trabajan desde el exilio o que de forma
manifiesta han declarado su adversión al gobierno de los hermanos Castro. La
primera de esas organizaciones fue el Center for Cuban Studies, fundado por
Sandra Levinson en 1972 y que inicialmente se dedicó a comercializar el “cartel
revolucionario” y la pintura naif. Como es perfectamente conocido, Levinson ha
sido una incondicional del régimen cubano. Pero no puede decirse lo mismo de otros
artistas que han expuesto en la ciudad, como Los Carpinteros, Carlos Garaicoa,
Yoan Capote y todo un grupo de artistas, incluidos figuras no tan conocidas
como José Luis Fariñas y Arnolkis Turro. Kcho es posiblemente uno de los pocos que
ha expresado una abierta adhesión al gobierno cubano y aun así su propia obra,
relacionada con los balseros y la inmigración ilegal, parece estar en conflicto
con dichas simpatías.
![]() |
| Carlos Rodríguez Cárdenas, Cruise South Beach, 2006 |
He
mencionado demasiados nombres y temo que alguien no muy familiarizado con el
tema pueda sentirse un poco abrumado. Ojalá que haya conseguido transmitir la
idea de cuán fascinante podría ser una historia del arte cubano en Nueva York,
con sus dramas de la identidades perdidas, sus intercambios culturales, sus
tensas visiones ideológicas y sus concepciones estéticas, herederas, en no
pocos casos, del contexto artístico cubano. Me gustaría insistir en esta
singularidad, apenas explorada, de Nueva York, donde confluyen artistas con
formaciones culturales diversas, que trabajan desde contextos distintos. Ni La
Habana, ni Miami, ni ninguna otra ciudad podrían exhibir tal diversidad. Desde el punto de vista de lo museable
–entendido como un archivo histórico y también como espacio abierto al
presente-esto es algo excepcional.
![]() |
| Claudia Paneca, Intuigrams, 2011. |
Un
museo de arte cubano en Nueva York, con el consiguiente cuerpo de
investigaciones y de proyectos curatoriales que pudiera desarrollar, no existe hasta
el momento. Habría primeramente que suprimir todas las barreras que desde el
punto de vista institucional y financiero, enfrentan innecesariamente y de
manera artificial, a los artistas cubanos del exilio y a los que conservan
lazos con la Isla. En esto Killing Time, proyecto curatorial de Elvis Fuentes y
Villalonga, puede verse como un punto de partida. Luego han existido otras
exposiciones que han integrado a artistas del exilio junto a otros que todavía
residen en Cuba. Tal es el caso de Queloide
y Ajiaco, precedida de una muestra
más modesta, como lo fue Tenía que ser
negro (2001) organizada por Alexis Romay, entre muy pocas otras. Es muy
interesante que el problema racial haya propiciado este tipo de eventos
conjuntos. Y no cabe duda de que son iniciativas a seguir. Es probable que los
creadores cubanos tengan muchas otras cosas que compartir, además de la
identidad racial.








No hay comentarios:
Publicar un comentario