ROLAND BARTHES, al comienzo de su célebre
ensayo La cámara lúcida, se asombra ante una foto del hermano menor de Napoleón:
“Je vois les yeux qui ont vu l’Empereur!”(3).1 Este es, de acuerdo con Barthes,
el espectáculo que proporciona la fotografía: la capacidad de darle al espectador
acceso a otra vida que no está representada en la propia imagen; pero que de todos
modos está conectada a su contenido, como una puerta abierta hacia otras vidas.
El poder de la fotografía, según Barthes, consiste en la autentificación
del pasado.
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| Bart Michiels Kursk 1943, Syrtsevo, 2008 |
The Course of History (El curso de la
historia), que se exhibe en la Foley Gallery hasta el 8 de enero, es una re-asimilación
del concepto barthesiano. El espectador delante de la representación de un
lugar real, signado por la violencia de la historia. La fotografía de Bart Michiels-
esta es su tercera exposición personal en la galería- invoca el poder del
pasado, mostrando solo sus cicatrices. Como europea que soy cada uno de los nombres
de esos lugares me recuerda–al igual que a Michiels, supongo- algunos elementos
de mi identidad personal y colectiva. Para la imaginación de una joven estudiante,
esos paisajes llevan consigo los baños de sangre, los asesinatos múltiples, los
cadáveres: los signos violentos de la guerra.
Sin embargo, de manera sorpresiva,
mientras miramos las fotografías, encontramos una paz aparente y un silencio.
La nieve que cubre por completo el paisaje de Austerlitz (probablemente también
cubierto por la nieve en diciembre de 1805, cuando Napoleón gano su batalla)
transmite un extraordinario sentido de calma. Frente a estos gélidos; pero
apacibles paisajes, se hace evidente que el sentido de las fotos no es evocar el
trauma o el legado de un episodio tremebundo. Por el contrario, su dolor y su
poder –y su efecto real consiste en un vínculo inevitable entre su nombre y su geografía
(y por consiguiente, en nuestra relación con la historia). Es por eso que, como espectadora a quien
le gustaría percibir una relación entre la evidencia visual y su memoria, me
intriga la decisión de la galería (¿o del propio artista?) de no etiquetar las
fotos con títulos. La tensión dramática, evocada por las indagaciones de Michiels
en sus propias raíces -como un ciudadano marcado por un pasado lacerante- no es
sólo una visión conmovedora de los paisajes mismos;
sino una conflictiva evidencia visual. Sin saber que lugares estamos mirando o
que representan las imágenes, no habría modo de reconocer las huellas del
pasado. Este es el juego sutil y deliciosamente perverso de Michiels.
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| Bart Michiels Hürtgenwald 1944, Wilde Sau, 2010 |
La Foley Gallery exhibe nueve impresiones
a gran escala. Se trata de una serie dedicada a los campos de batalla de Europa
Oriental, Rusia y Alemania. Michiels se enfoca en los terrenos, que son los
protagonistas indiscutibles de las imágenes. Aquí nuevamente encontramos la energía
de las fotos, su puerta abierta hacia otro nivel del conocimiento, un nivel
oculto. Como los ojos del hermano del emperador para Barthes, yo estoy viendo
la misma tierra que presenció, recibió y vivió la brutalidad de la guerra. Un
viaje imaginario a través del espejo de la historia.
NOTAS
1 !Estoy mirando a los ojos que vieron al
emperador!
OBRAS CITADAS
-Barthes, Roland. Camera Lucida. Hill and Wang, New York,
2002.
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| Bart Michiels Balaclava 1854, The Valley of Death, 2008 |




Interesante!
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