11/6/12

Bart Michiels. Un viaje imaginario dentro del espejo de la historia.



Por Federica Soletta.  Inicialmente publicado en ArtExperience:NYC, Vol. I, No. 1, Invierno, 2011 (68-71). Título original en inglés: Bart Michiels. An Imaginary Journey into the Mirror of History. Yo hice la traducción al español. 
Bart Michiels
Kursk 1943, Prokhorovka, Hill 226.6, 2008




ROLAND BARTHES, al comienzo de su célebre ensayo La cámara lúcida, se asombra ante una foto del hermano menor de Napoleón: “Je vois les yeux qui ont vu l’Empereur!”(3).1 Este es, de acuerdo con Barthes, el espectáculo que proporciona la fotografía: la capacidad de darle al espectador acceso a otra vida que no está representada en la propia imagen; pero que de todos modos está conectada a su contenido, como una puerta abierta hacia otras vidas. El poder de la fotografía, según Barthes, consiste en la autentificación del pasado.

Bart Michiels
Kursk 1943, Syrtsevo, 2008
The Course of History (El curso de la historia), que se exhibe en la Foley Gallery hasta el 8 de enero, es una re-asimilación del concepto barthesiano. El espectador delante de la representación de un lugar real, signado por la violencia de la historia. La fotografía de Bart Michiels- esta es su tercera exposición personal en la galería- invoca el poder del pasado, mostrando solo sus cicatrices. Como europea que soy cada uno de los nombres de esos lugares me recuerda–al igual que a Michiels, supongo- algunos elementos de mi identidad personal y colectiva. Para la imaginación de una joven estudiante, esos paisajes llevan consigo los baños de sangre, los asesinatos múltiples, los cadáveres: los signos violentos de la guerra.

Sin embargo, de manera sorpresiva, mientras miramos las fotografías, encontramos una paz aparente y un silencio. La nieve que cubre por completo el paisaje de Austerlitz (probablemente también cubierto por la nieve en diciembre de 1805, cuando Napoleón gano su batalla) transmite un extraordinario sentido de calma. Frente a estos gélidos; pero apacibles paisajes, se hace evidente que el sentido de las fotos no es evocar el trauma o el legado de un episodio tremebundo. Por el contrario, su dolor y su poder –y su efecto real consiste en un vínculo inevitable entre su nombre y su geografía (y por consiguiente, en nuestra relación con la historia). Es por eso que, como espectadora a quien le gustaría percibir una relación entre la evidencia visual y su memoria, me intriga la decisión de la galería (¿o del propio artista?) de no etiquetar las fotos con títulos. La tensión dramática, evocada por las indagaciones de Michiels en sus propias raíces -como un ciudadano marcado por un pasado lacerante- no es sólo una visión conmovedora de los paisajes mismos; sino una conflictiva evidencia visual. Sin saber que lugares estamos mirando o que representan las imágenes, no habría modo de reconocer las huellas del pasado. Este es el juego sutil y deliciosamente perverso de Michiels.

Bart Michiels
Hürtgenwald 1944, Wilde Sau, 2010 

La Foley Gallery exhibe nueve impresiones a gran escala. Se trata de una serie dedicada a los campos de batalla de Europa Oriental, Rusia y Alemania. Michiels se enfoca en los terrenos, que son los protagonistas indiscutibles de las imágenes. Aquí nuevamente encontramos la energía de las fotos, su puerta abierta hacia otro nivel del conocimiento, un nivel oculto. Como los ojos del hermano del emperador para Barthes, yo estoy viendo la misma tierra que presenció, recibió y vivió la brutalidad de la guerra. Un viaje imaginario a través del espejo de la historia.

NOTAS
1 !Estoy mirando a los ojos que vieron al emperador!

OBRAS CITADAS
-Barthes, Roland. Camera Lucida. Hill and Wang, New York,
2002.

Bart Michiels
Balaclava 1854, The Valley of Death, 2008 

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