6/4/16

Rigged

Hace unas semanas tuve que buscar la palabra ‘rigged’ en el diccionario. La traducción ‘amañado’ transmite inmediatamente uno de los rasgos más notorios de la presente contienda electoral en Los Estados Unidos. El llamado mainstream media, de corte liberal, ya estaba vendido de antemano, al igual que varios centenares de ‘superdelegados’, comprometidos incluso antes de que otros candidatos iniciaran sus respectivas campañas electorales. Los mainstream media, sus analistas, muchos de sus más prestigiosos periodistas y los espacios informativos estaban -y están- abiertamente comprometidos con Hillary Clinton. De ahí la estrategia de hablar lo menos posible sobre su rival -pero llegado el caso potencial aliado- Bernie Sanders, de declarar prematuramente la victoria de la predilecta, y de discutir muy poco -lo mínimo- sobre su irresponsable manejo de información altamente confidencial. Los mass media tampoco comentan mucho sobre las consecuencias políticas que pudiera tener la investigación en curso que conduce el FBI (si queremos estar un poco informados sobre este escándalo casi no hay más alternativa que sintonizar la conservadora Fox News). De ahí también la estrategia de atacar al posible oponente Donald Trump, para sentar las bases de la victoria, en el supuesto escenario de un enfrentamiento entre la exsecretaria de Estado y el fascistoide, excéntrico multimillonario (aquí, dicho sea de paso, el tiro les salió por la culata porque convirtieron a Trump en una figura protagónica del debate político).

Ahora, en vistas de que no se pueden silenciar por mucho más tiempo los multitudinarios eventos que celebra Sanders por dondequiera que va, los mass-media han comenzado ataques más bien desesperados contra el senador de Vermont. Los mainstream media, al igual que los Clinton, empiezan a inquietarse. Las primarias se les escapan de las manos. Los lectores y los televidentes han dejado de creer en los expertos, en los análisis de los periódicos y hasta en las preguntas que se les formulan a los entrevistados. Los votantes empiezan a ser escépticos ante los espacios noticiosos, que les parecen desdichadamente corruptos.

Las primarias demócratas han sido un enfrentamiento entre los mainstream media y las redes sociales, los programas de televisión, las páginas web y los diarios alternativos. Estos últimos han demostrado ser mucho más dinámicos, han demostrado representar con mayor capacidad de convocatoria las opiniones de los jóvenes y de las clases trabajadoras. Estos espacios alternativos, muchos de ellos emergentes, le han conferido  una voz política muy vital al prevaleciente malestar social frente a las especulaciones financieras, las evasiones de impuestos y la influencia perniciosa del dinero sobre los partidos políticos dominantes, entre otras muchas inconformidades.

Las primarias demócratas han sido también un enfrentamiento ético. La decisión de Sanders de no aceptar ningún tipo de contribución por parte del gran capital es, primeramente, una postura ética y la única forma consecuente de oponerse al Citizen United Act. Ha sido también un modo de hacer evidente que su rival es una figura política poco creíble, públicamente dispuesta a criticar a las grandes empresas, mientras mantiene vínculos ocultos con dichos grupos financieros.


El abierto favoritismo de los mainstream media y de los súper-delegados podría provocar una grave escisión entre las élites y las bases demócratas.  Esto sin contar que es sumamente arriesgado apoyar de manera tan agresiva a una candidata que se encuentra bajo el escrutinio del FBI. Es temerario lanzar a una figura política a quien -de acuerdo con las encuestas- más del sesenta por ciento de la población no considera digna de confianza y que acude, con la complicidad de los mass media, a futiles argumentos para no publicar sus presentaciones ante los ejecutivos de Goldman Sach. Hillary es una candidata que posee un record nefasto, que incluye, entre otros, su apoyo a la guerra de Iraq, a la desregulación de Wall Street y, como se ha dado a conocer en estos días, al US-Panama Trade Agreement. 

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