27/5/14

Zizek y las apariencias objetivas

Parecen una pareja de enamorados y actúan como una pareja de enamorados, pero no nos 
engañemos bajo ningún concepto: son una pareja de enamorados.
Groucho Marx, citado por Slavov Zizek, en Looking Awry: An Introduction to Jacques Lacan through Popular Culture. (58)

La frase es en apariencia una broma más o menos ingeniosa, uno de esos chistes excesivamente intelectuales que frecuentemente encontramos en las películas de los hermanos Marx. En realidad es un desafío a los lugares comunes. No a un lugar común en específico como, digamos, por ejemplo, la creencia en que las parejas que públicamente se prodigan manifestaciones de afecto en el espacio íntimo se tratan con hostilidad o con indiferencia. La frase de Groucho Marx va mucho más lejos: es un desafío a la forma en que las personas suelen interpretar la realidad. Usualmente creemos que las cosas no son lo que parecen ser. Suponemos que las apariencias contienen una verdad oculta. “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”, dice una expresión popular que posiblemente tenga equivalentes en todos los idiomas. Pero ese es precisamente el lugar común que pone en tela de juicio la frase de Groucho Marx. Las apariencias son engañosas no porque escondan una determinada verdad; sino porque hacen ver que contienen una “esencia” que vendría a negarlas. Las apariencias desorientan precisamente porque sugieren que existe un contenido más profundo que sería preciso desentrañar. En ese sentido podría hablarse de “las apariencias de las apariencias”.

La prolífica obra de Slavov Zizek toma este presupuesto como punto de partida. Sus análisis son ejercicios encaminados a demostrar cuán falaces son las supuestas verdades ocultas que, a veces a costa de muchos esfuerzos, conseguimos descifrar detrás de las apariencias. Esta operación implica también el intento por encontrar lo que cabría llamar la “realidad de las apariencias”. El pensador norteamericano Fredric Jameson se sirvió de la expresión “apariencia objetiva” para describir este fundamento metodológico de la obra de Zizek. De manera muy simplificada es una operación lógica que podría expresarse así: las apariencias parecen ocultar una esencia, que en definitiva resulta ser engañosa. La verdad que esconden las apariencias es precisamente lo opuesto a dicha esencia ilusoria.  

Si uno pusiese en práctica este tipo de análisis seguramente tropezaría con no pocas revelaciones. La primera tal vez consista en percatarnos de cuán difícil resulta desprendernos de la convicción de que existe una esencia detrás de las apariencias. Y esta ha sido, en mi opinión, la libertad que ha alcanzado el pensador esloveno. Romper con la dualidad apariencia-esencia y aplicar su forma de razonar a las ideologías, a las vertientes del pensamiento actual, a las imágenes mediáticas, incluidos los filmes, a los chistes populares y al funcionamiento del capitalismo contemporáneo.


Zizek posiblemente sea el único show man del mundo académico de nuestros días. Esto seguramente no se debe a sus innumerables tics nerviosos, que uno no termina nunca por precisar si son modos de hacerse pasar por un hiperquinético, o por una especie de Sócrates contemporáneo, poseído por algún demonio interior, o si simplemente trata de sacarle partido al síndrome de Tourette. Las universidades de hoy son espacios estériles, cerrados al exterior, y los académicos, al igual que los escolásticos medievales, se hallan a menudo enfrascados en problemas que suelen interesarles a muy pocas personas. En ese ambiente Zizek aporta un modo de pensar que es subversivo, burlón, ajeno a las etiquetas, donde las ideologías convergen con las manifestaciones del inconsciente y los comportamientos de la sociedad guardan un curioso parentesco con los problemas afectivos por los que atraviesa cualquier individuo. Un mundo vital que estalla en medio de un entorno gris. 

2 comentarios:

  1. En estos días he estado viendo algunos vídeos del alemán Hans-Georg Gadamer, en específico, los de la historia de la filosofía. Su mesura y elocuencia (en esto me hace recordarte) es un regalo para los oídos, en cambio Zizek... este hombre me desespera, me desquicia, me enerva... Creo que exagera sus gestos para mortificar a gente como yo. Te juro que le diera un puntapié en... Disculpa, no quiero ser grosera.

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  2. Jajaja. Gracias, querida. Creo que a muchas personas les ocurre como a ti.

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