4/12/12

Arte participativo y el papel del espectador en el contexto cubano (Segunda parte)

Para leer el texto desde el inicio hacer clic en este enlace Arte participativo y el papel del espectador 


Sandú Darie, Estructuras transformables, 1956

Hay al menos tres términos que resultarían muy útiles para acercarse a la idea de arte participativo. El primero es la noción de “obra abierta”, creaciones sobre las que el espectador podría intervenir y modificar sus rasgos estructurales y por lo tanto alterar las variables semánticas de la obra. Un buen ejemplo lo encontramos en las Estructuras Transformables, que el artista rumano Sandú Darie expusiera en la Habana en 1956, en lo que podría ser la más temprana muestra de arte participativo en Cuba. Darie construyó unas estructuras, hechas con varillas de madera, que el público podría mover y alterar.

 Un ejemplo contemporáneo lo constituye la pieza que el artista Luis Trápaga, presentó como parte de la exposición We are porno, Sí (2008). Trápaga hizo unos consoladores con caramelo. Los espectadores podían tomar estas formas fálicas y emplearlas de diversas maneras, entre las que figuraban consumirlas  y con ello diluirlas en la saliva y desgastarlas. Como se puede ver por las imágenes, el trabajo de Trápaga era también y en esencia, cómico. El humor es, me parece, unos de los rasgos dominantes del arte participativo en Cuba.



Luis  Trápaga, We are porno, Sí (2008)


Un segundo concepto que guarda relación con la idea de arte participativo es la noción de “escultura como campo expandido”, introducida por Rosalind Krauss, en un texto que es hoy lectura obligada para cualquiera que se aproxime al arte contemporáneo. Básicamente Krauss observó lo insuficiente que resultaba el concepto tradicional de escultura ante la emergencia de obras que se apropian del entorno. No solo el término “escultura” se vuelve inoperante para hablar de estas creaciones, sino que la arquitectura o el paisaje, dejan también de funcionar como tales y adquieren otras funciones (Krauss las define de manera negativa como “no arquitectura” y “no paisaje”). Además, aunque Krauss no llegó a desarrollar esta idea, la expansión de las imágenes en el espacio, implica algún grado de participación del espectador con (o dentro de) la imagen. Paso a poner un ejemplo, tomado del arte cubano reciente.La artista Rachel Valdés colocó un largo espejo en el Malecón. De cierta manera era en sí mismo un muro que separaba dos visiones o, si pudiese decirse así, dos alternativas. Los visitantes se verían reflejados frente a una ciudad en ruinas. Del otro, la imagen aparecería contra el mar, como un horizonte o una esperanza, lo cual en el contexto cubano, guarda una relación directa con la inmigración.


Rachel Valdés, Detrás del Muro, XI Bienal de la Habana, 2012

Un tercer concepto que me gustaría mencionar es el de estética relacional, divulgado a fines de los noventa por el curador francés Nicolás Bourriaud. En este caso, son las relaciones entre los espectadores las que parecen constituir la esencia de la creación artística. El artista se dedica a crear las condiciones para que se realicen dichos intercambios. Para la muestra colectiva Detrás del Muro (XI Bienal de la Habana), Inti Hernández construyó un banco circular. Quienes se sentaran allí, posiblemente se sintieran inclinados a dialogar, seguramente por la proximidad física en que se encontraban unos con otros. La invitación al diálogo es una alusión de marcado contenido político; pero para hacer todavía más acentuada la referencia, un segmento del banco parece evocar una posición de poder. 


Inti HernándezBancontodos, Detrás del MuroXI Bienal de la Habana, 2012

Otro ejemplo de la estética relacional en Cuba lo encontramos en el Grupo DIP. Al igual que la muestra Cocodrilo Smile, es otro de los pocos ejemplos de mail art en Cuba. Las siglas DIP quieren decir Departamento de Investigaciones Públicas. El nombre suena un poco como un órgano de los servicios de inteligencia. El grupo comenzó a enviar cartas con citaciones a direcciones particulares. Los destinatarios, sin saber qué era exactamente aquello de Departamento de Investigaciones Públicas y sin estar en contacto unos con otros, debían asistir a una hora determinada a un sitio del Malecón Habanero. El DIP creó una congregación de personas que desconocían los motivos por los cuales se estaban reuniendo. Fue un ensayo que demostró que la capacidad de convocatoria de los servicios de inteligencia cubanos podía ser usurpada con relativa facilidad.  


Tania Bruguera, Logo del Partido del Pueblo Migrante, México, 2012

Dentro de esta estética relacional, me gustaría detenerme en otro tipo de obras, que no solo propician que los espectadores dialoguen entre sí. También se sirven de la institución arte para que se hagan públicas voces que no poseen una suficiente legitimidad como para ser escuchadas. En casos afortunados, las obras adquieren una vida propia como en el Immigrant International Movement, fundado por la artista cubana Tania Bruguera, en Corona, Queens. El proyecto se inició en el 2010 y tenía previsto durar por un año. Ahora ha logrado extenderse hasta 2015 y se ha ampliado a Ciudad México, donde tiene una nueva filial, El Partido del Pueblo Migrante. Desde el espacio del arte podría surgir una representatividad cívica para los desposeidos o gestarse alguna voz para los inmigrantes.

Este tipo de arte frecuentemente incluye el diálogo directo entre el artista y el público. Y por diálogo me refiero no a cualquier intercambio de gestos, sino específicamente a la producción de textos, sea en sus formas escritas o habladas, donde el espectador puede decir algo que no le está permitido expresar de manera pública.

 En las entradas siguientes comentaré algunos ejemplos de este género de creaciones dentro del contexto cubano 

2 comentarios:

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