Los
acontecimientos en la Cuba actual son cada vez más alarmantes. Aquellos que se
atreven a hacer pública su inconformidad son castigados de maneras muy
diversas, entre las que se incluyen mítines, golpizas, encarcelamientos y prolongadas condenas
de privación de libertad, además de ser víctimas de abusivas formas de
vigilancia y de toda suerte de intimidaciones. Los que expresan su
desacuerdo son tácitamente despojados de sus derechos cívicos y quedan a
expensas de cualquier arbitrariedad policial y jurídica.
Los testimonios de
estos maltratos se han vuelto desdichadamente cotidianos y abrumadores.
Los opositores
disponen de las formas de resistencia que
les proporcionan el internet y las nuevas tecnologías. Cada palabra que se
escriba para denunciar lo que sucede en Cuba podría ser una manera, por discreta que resulte, de contribuir
a que esas personas se hagan escuchar.
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