7/6/12

¿Próxima desaparición de la crítica de arte?


El historiador del arte Bernard Berenson examina una pintura.


Quiero dejar un enlace al formidable texto de Iván de la Nuez, La crítica de arte y supróxima desaparición, publicado en TuMiami Blog. Agradezco también a Alfredo Triff por su interés en crear un foro para debatir los problemas por los que atraviesa la crítica de arte en la actualidad. Todos los que tenemos algún interés en el tema no podríamos menos que sentirnos endeudados por este espacio abierto por Triff, en el  que, además, propicia el intercambio respetuoso.

Iba a dejar un comentario sobre el texto de Ia Nuez, pero se convirtió en una nota demasiado extensa y me pareció preferible incluirlo aquí, junto al enlace.

La idea de que la importancia de la crítica sobre la validación de los artistas resulta prácticamente nula, es un criterio bastante aceptado. Además de los artistas que menciona de la Nuez, uno puede leerlo, como si fuese un lugar común, en el libro de Don Thomson Twelve Million Dollars Stuffed Shark. De todos modos, la práctica se encarga de poner esta creencia en tela de juicio. Y es que la crítica de arte no beneficia tanto a las figuras ya establecidas como a los artistas emergentes. Me cuesta trabajo pensar que el ascenso de un creador pueda lograrse sin la mediación de la crítica. En esto reside la importancia de los textos dentro del circuito comercial o el sistema del arte. Los críticos producen una madeja de ensayos –y, por desgracia, no las suficientes controversias- desde donde los nuevos autores se dan a conocer. La crítica de arte ayuda bastante a que los artistas atraviesen por ese calvario que es llegar a ser representado por una galería prestigiosa.

La crítica ocupa el último lugar en la jerarquía del sistema del arte. Eso es indudable. Sólo que sin su papel de Cenicienta no sería tan sencillo que un artista sea admitido y luego se posicione en dicho sistema. Una vez dentro del circuito, establecerse es tarea de varios años -un estimado de entre 5 a 10, de acuerdo con Don Thomson- y durante todo ese tiempo, el crítico sigue siendo muy, muy necesario. El art dealer, el curador o el coleccionista muchas veces tendrán referencia de un creador – incluso aprenderían a disfrutar de una determinada obra- por medio de lo que opina un determinado autor. Conjeturo que si alguien le dijera a Staachi que la crítica tiene una importancia nula para promover a los artistas, el magnate iraquí le conteste más o menos del siguiente modo (permítanme imaginar que también lanza una carcajada antes de responder):  Sí, para dar el Damien Hirst de hoy, la crítica es totalmente nula. Pero para el Damien Hirst de los inicios, es otra historia por completo distinta. Un galerista como Gagosian opta por una publicidad agresiva y, evidentemente, para él, la crítica no posee tanta importancia ya que su negocio se basa en nombres ya establecidos. La crítica no es muy relevante cuando se refiere a creadores ya consagrados como Serra, Kiefer y Hirst.  Pero incluso alguien como Gagosian no desatiende dicho papel, por discreto que pueda ser, como parte de la propaganda. Unos signos de interrogación le vendrían muy bien a esa creencia en la importancia nula de la crítica.

Es también cierto que los críticos no gozan de muchos lectores. ¿Tuvieron muchos lectores en el pasado? Es difícil demostrarlo, pero estoy seguro que autores como Jerry Saltz o Roberta Smith son bastante más leídos de lo que lo fueron Greenberg y Rosenberg en su tiempo. Incluso pensadores que pertenecen más bien al mundo académico como  James Elkins, Boris Groys y Jacques Ranciére son ampliamente conocidos. En cualquier caso, la cantidad de lectores no es tan relevante como quiénes son los que leen. Los coleccionistas y art dealers, los que verdaderamente pueden comprar y vender las obras, esos no se pierden las reseñas de ArtForum, ni las de Art in America o el New York Times. Además no pasan por alto ninguna oportunidad de incluir a sus artistas en dichas publicaciones.

Hay una crisis indudable en la crítica de arte. Sobre todo se está asistiendo a una abrumadora producción de textos que coincide con una creciente des-especialización. En el pasado la crítica tampoco fue un campo particularmente manejado por especialistas en la materia.  La crítica estuvo históricamente divorciada de la historia del arte y ahora parece enredarse caóticamente en estudios interdisciplinarios. Tampoco hay paradigmas que puedan proponerse como puntos de referencias y que permitan sostener un conjunto de criterios estables. Pero de una crisis –que haría pensar en algún tipo de mutación o cambio futuro- a una desaparición hay una distancia enorme.

Hay al menos tres motivos por los que encuentro poco probable una próxima desaparición de la crítica de arte.

      1. Es una vocación. Basta pensar en la miseria que suele cobrar un crítico de arte por sus ensayos, -que a menudo les consumen muchísimo tiempo.  La crítica de arte es una de las profesiones peor remuneradas del planeta y, en la mayoría de los casos, debe estar muy por debajo del salario mínimo de cualquier país. Incluso figuras  bastante prestigiosas viven de forma relativamente humilde. De todos modos, muchos  autores ponen un gran empeño y una gran complejidad en sus textos. Lo hacen, sobre todo, y literalmente hablando, por amor al arte. Creer en la inminente desaparición de la crítica de arte es más o menos como suponer que desaparecerá la pintura. Si todavía, a pesar de las numerosas actas de defunción y las muchísimas maldiciones, la gente sigue haciendo lienzos y acuarelas no es por las altas y bajas del mercado, sino porque sencillamente hay algún tipo de goce en el acto mismo de pintar. La crítica se ha desespecializado aún más que en el pasado y esto está conllevando a un fenómeno comparable a la idea romántica, enunciada muchísimo antes de Beuys, de que cada hombre es un artista. Casi puede decirse que cada espectador es (o podría ser) un crítico de arte, ya que -coincidiendo con la democratización de la escritura que  ha supuesto el internet- las reacciones del espectador muy a menudo incluyen el placer de escribir sus propias opiniones y divulgarlas a través de los blogs y las redes sociales.


 2. La crítica está integrada al devenir del arte. Vivimos en un mundo donde las imágenes visuales –sean obras de arte o no- poseen más importancia que los textos escritos. Pero las imágenes artísticas, al menos por ahora, se diferencian de otro tipo de imágenes, como las publicitarias y las que ofrece industria del entretenimiento, en que necesitan de los textos escritos para establecer sus distinciones. Boris Groys nos dice que sin la palabra una obra de arte estaría desnuda. El crítico desempeña un importante papel en la producción de los discursos que legitiman las creaciones.  Pensemos cuánto le debe el arte contemporáneo a nociones como “action painting”, “desmaterialización del arte”, “anti-form”, “sculpture as expanded field”, entre muchas otras que inicialmente fueron propuestas por la crítica de arte.


3. La crítica no ha dejado de cumplir un papel mediador. Creer que podría prescindirse de la crítica es como imaginar que es posible que no aburra un partido de futbol transmitido por la televisión sin la voz de los comentaristas (por muchas tonterias que éstos digan).  Los críticos cumplen la función de hacer el arte digerible para un público más amplio, una función didáctica y educativa en muchos casos. Como muy bien afirmó Hans Haacke, sin la mediación de la crítica el arte y de los mass-media el arte fracasaría en propagar su “provocación productiva”.

La crítica sólo desaparecería si el público y el mercado dejasen de interesarse por el arte. Y esto no creo que ocurra. Al menos no por ahora.



2 comentarios:

  1. Ernesto: tus apreciaciones iluminan un debate que, la verdad, es casi inexistente. Lo que dices de mi texto (sobre todo en lo que no concuerdas), me resulta muy esclarecedor. Ese artículo tiene 5 años y lo saqué debido a una circunstancia concreta: estaba molesto con lo que decían esos artistas (alguno de ellos amigo; otros para los que había escrito en sus catálogos, etc.). Pero que a mí me molestara no quitaba que les faltara razón. Y aunque no la tuvieran, se podían permitir el lujo de decir, con toda tranquilidad, que los críticos no les hacían falta. Tu objeción me la hicieron entonces dos críticos españoles: esos artistas sí habían “necesitado” a los críticos cuando empezaban, así que estos colegas los consideraban incluso unos ingratos. Ahora bien, si hoy tuviera que escribir otra vez sobre este asunto, no creo que cambiara sustancialmente mi posición. De hecho, todo ha empeorado. Aprecio mucho lo que comentas sobre la vocación. Es lo único que explica que nos dediquemos a esto. Un saludo.

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  2. Muchas gracias, Ivan.
    Estoy muy de acuerdo en que es un debate muy util. Tu texto es magnifico y yo lo disfrute muchisimo, con puntos de vista distintos al tuyo, que puse ahora mismo, aqui. Creo que como muy bien dices, la cosa ha empeorado. Es decir, los artistas que necesitan reconocimiento estan cada vez mas avidos de la contribucion de los criticos,mientras los ya establecidos se vuelven cada vez mas invulnerables frente a los comentarios. Muchas gracias por tu comentario. Un saludo.

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