7/5/12

Y sin embargo…se mueve.



Esta mañana he leído el  texto de Miriam Celaya  Y sin embargo, ¿qué sería? Concuerdo con la gran mayoría de los aspectos que discute la autora. No obstante, me gustaría mencionar otros problemas, bastante evidentes, que Celaya no comenta. 

El embargo comercial no sólo es perjudicial para la economía cubana –ya que obstruye la libre circulación del capital- sino que también afecta, desde luego que en mucha menor medida, al propio al capital estadounidense y a los derechos de los ciudadanos norteamericanos de viajar con entera libertad a Cuba. En última instancia, conspira contra la fluidez de las relaciones comerciales y culturales a escala mundial. 

Otro punto que no debiera pasarse por alto, es la soledad de la diplomacia estadounidense en sus esfuerzos por sostener el embargo en los foros internacionales. Cada año, en las asambleas de la ONU, estas restricciones comerciales son casi unánimemente condenadas por la comunidad mundial.

Pero Celaya describe de manera muy concisa otros aspectos cruciales, que figuran entre los pilares de quienes se oponen resueltamente al cese del embargo comercial estadounidense.  Aquí preferiría citar a la autora, ya que ella lo expresa de manera a mi juicio admirable:1) “se trata de una pieza obsoleta que no ha logrado cumplir el objetivo para el que fue concebido, pese al medio siglo transcurrido.” Y 2)–aquí, nuevamente, nada mejor que citar a Celaya-: “el Gobierno cubano, supuesto destinatario, ha tenido la habilidad de utilizarlo en su beneficio, de forma tal que resulta casi imposible concebir la supervivencia del régimen sin la apoyatura que su ideología y política han encontrado en el embargo”. 

Estas dos últimas críticas al embargo comercial norteamericano son muy difíciles de objetar. No obstante, discrepo profundamente con dos aseveraciones de Celaya.  Son dos puntos que parecen estar forzosamente encajados en su artículo y que encuentro incongruentes si se contrastan con el resto de sus observaciones. 

Lo primero es la acotación mal llamado"de EE UU contra Cuba", en el párrafo inicial.  Si el gobierno cubano, como muy bien dice Celaya, ha sabido manipular el embargo y convertirlo en un modo de prolongar su permanencia en el poder (gracias a que la política estadounidense propicia la represión económica de los ciudadanos), entonces hay que convenir en que el embargo es una herramienta muy útil para el régimen totalitario y que se implementa sobre todo contra Cuba y en modo alguno contra el gobierno de los Castro. Y aquí como parte de la nación –si es que esta palabra tiene algún sentido en la actualidad- incluyo a quienes vivimos en la diáspora. La propia Celaya escribió  “las víctimas directas del conflicto siempre han sido los cubanos comunes”. Así que espero que admita que no hay nada de mal llamado en esto de "embargo de EE UU contra Cuba".

Lo segundo es la conjetura de que la eliminación incondicional del embargo “podría traer consecuencias nefastas para el futuro de los cubanos a mediano plazo”. La palabra nefasta es una nota totalmente pesimista, que parece sugerir una especie de “salimos de Guatemala para entrar en Guatepeor”. La autora apoya este punto con la idea de que la supresión de las sanciones económicas tendría “un efecto directo económicamente beneficioso para el régimen y sus sucesores de la nomenklatura”. Esta ha sido una de las posiciones que con mayor obstinación sostienen quienes defienden la política norteamericana. Incluso si se concede que puedan existir tales ventajas, de todos modos,  junto a los beneficios provisionales, la cúpula gobernante tendría que lidiar con el problema –desestabilizador a nivel político y económico- de cómo encarar el súbito y presumiblemente excesivo flujo de capital que implicarían las aperturas comerciales. En cuanto a los cubanos de a pie, es muy probable que la inyección de capital incida favorablemente en la creación de nuevos empleos, que suscite nuevas oportunidades de expansión para la ahora endeble y maniatada iniciativa privada y permita una mayor libertad en los viajes de los cubanos a los Estados Unidos. Añadiría-a riesgo de repetir una obviedad- que el discurso ideológico del gobierno quedaría por completo desarticulado, ya sin la variante de culpar a la hostilidad de Estados Unidos por todos los desmanes que comete el régimen.

El texto de Celaya, pese a que la autora afirma ser partidaria del final del embargo, resulta pernicioso ya que da por sentado, como si fuesen verdades indiscutibles, los criterios y los temores de quienes suelen apoyar la continuidad de esa tristemente célebre –y espero agónica- reminiscencia de la Crisis de los Misiles. 

1 comentario:

  1. Ernesto Menéndez-Conde: o eres un redomado mentiroso castrista, o eres un ignorante supino. Es falso que "los productos cubanos no se pueden vender en Estados Unidos". Falso de falsedad absoluta.
    1. El embargo americano a las RELACIONES DIRECTAS USA-Cuba nunca ha sido estanco. Ha continuado el comercio por medio de México y Canadá desde hace más de 50 años. Puedes encontrar ron y habanos cubanos en todas partes en USA.
    2. Cuba compra directamente a USA alimentos, porque la idiota revolución castrista no ha sido capaz ni siquiera de producir los alimentos necesarios a su propia población. Hasta hace un año detenían a quien intentara producir tomates en su casa.
    3. El embargo, llamado mentirosamente bloqueo por el castrofascismo fue provocado por los Castro para poder justificar una economía de guerra y así poder gastarse en dinero ruso en aventuras militares en todo el mundo.
    Carlos Medina de Rebolledo
    Secretario general interino
    Federación Mundial por los Derechos Humanos en Cuba.
    email: fmddhhcuba@yahoo.se

    ResponderEliminar