16/5/12

El círculo



Recomiendo ver este video, que ofrece una visión de la muestra El círculo, realizada por el artista cubano Luis Trápaga en su propio apartamento. El círculo es una exposición mutilada por las autoridades cubanas. De más está decir que no posee ningún respaldo institucional y evidentemente está al margen de las actividades de la XI Bienal de La Habana.

Inicialmente la  muestra se había concebido con la colaboración de otros creadores –Néstor Arenas, Meme Ferre y Guillermo Portieles- que residen fuera de Cuba.  Los tres fueron amenazados con ser expulsados del país y con negárseles sus futuros permisos de entrada en la isla.

En la Bienal hay obras que poseen una intención crítica, que además se exhiben en proyectos públicos, lejos de las galerías y museos. También participan artistas cubanos que se han establecido fuera de Cuba. Así que, evidentemente, lo que ha disgustado a las autoridades no es ni el contenido crítico de las obras –las imágenes de Trápaga son mayormente obras abstractas y representaciones eróticas-, ni tampoco el lugar de residencia de Portieles, Ferre y Arenas. Lo que al parecer ha provocado la coerción policial es la iniciativa privada en conjunción con los visitantes de Estados Unidos y Puerto Rico, aunque se trataba de exponer en el propio apartamento del artista. Es muy probable también que algunos de los espectadores que asistieran a la muestra fuesen igualmente figuras mal vistas por el gobierno. Las instituciones cubanas no toleran ni el más leve indicio de infracción a las reglas. Ahora sabemos que el propietario de un apartamento ni siquiera puede decidir sobre qué imágenes colgar en sus paredes.

Cabe recordar que, a comienzos de 1954, cuando Batista y Franco organizaron la llamada II Bienal Hispanoamericana, los opositores inauguraron una anti-bienal –más conocida como Homenaje a Martí-, que tuvo una gran repercusión en el escenario artístico cubano, además de sabotear por completo el evento oficialista. Era una muestra mucho más ambiciosa y una protesta mucho más declarada –en la convocatoria de Homenaje a Martí, se llamaba, sin pelos en la lengua, dictadores a Franco y a Batista- que esta modesta exposición que sólo incluiría a cuatros artistas, por lo demás escasamente reconocidos. Existieron algunas represalias con motivo de Homenaje a Martí  (la más notoria fue la expulsión de Marcelo Pogolotti de su cargo en el Instituto Nacional de Cultura). Pero, incluso bajo la régimen inconstitucional de Batista, la exposición pudo llevarse a cabo sin censuras y fue ampliamente reseñada por la prensa. Casi sesenta años más tarde, las autoridades malogran una pequeña muestra colectiva y acusan de “cabecilla contrarrevolucionario” a su organizador, luego de augurarle futuros conflictos con el Ministerio de Cultura. 


¿Cuán lejos está el escenario artístico cubano de las tristemente célebres políticas culturales de los años setenta? Por desgracia, la respuesta a esta pregunta no es ni tan simple, ni tan evidente como pudiera parecer a primera vista. Al menos este no es un residuo aislado de aquellos ejercicios del poder contra la creación artística.


Las presiones contra un evento casero contrastan de forma grotesca con la proverbial tolerancia de la que hace gala la XI Bienal de La Habana. Sólo unas semanas después de la visita papal a la isla, el siempre controversial Hermann Nitsch presentó su performance Jesús contra el Universo –un título ya de por sí bastante provocativo-, mientras en una de las salas del Instituto Superior de Arte unos jóvenes escultores cubanos, seguidores de Maurizio Cattelan, exponen He, una copia en cera de Bin Laden, yacente sobre una alfombra, con una túnica blanca y un turbante, como si estuviese a punto de recibir el entierro que no tuvo.


De todos modos, El círculo se inauguró como un desafío, aunque ya sin la participación de Arenas, Ferre y Portieles. La muestra incluye las citaciones de la policía secreta a los artistas –que ahora quedan asociadas con las abstracciones de Trápaga- y el titular de una publicación periódica donde puede leerse  Contra los fanatismos. Pero hay que olvidarse del contenido de las obras. Como mismo sucedió con las abstracciones que predominaban en Homenaje a Martí, es el evento mismo el que adquiere una carga política para negar, en el caso de Trápaga, la supuesta libertad de creación que exhibe la Bienal. Sin proponérselo, los censores colaboraron con la exposición para revelar una vez más el funcionamiento oculto de las instituciones represivas dentro de la sociedad cubana.

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