30/5/12

Arte contemporáneo y erotismo

Cuarta parte. Erotismo y performances.
Para ver el texto desde un inicio ir a este enlace.


Yo diría que las performances con un carácter marcadamente erótico fueron desarrolladas principalmente por mujeres. Baudrillard pensaba las posturas falocéntricas debían combatirse no desde los discursos feministas, que sólo conseguían proponer una inversión de las relaciones de poder; sino desde la seducción, que para el autor francés era un arma predominantemente femenina. Algo de esto hay en las performances donde la propia artista se convierte en protagonista de gestos sensuales que se realizan ante el público. Sin duda lo más atrevido y novedoso de las creaciones realizadas por mujeres durante los sesenta se encuentra en estas provocaciones que persiguieron sacudir a la moral imperante y que, en algunos, casos anticiparon la libertad sexual propugnada por los movimientos juveniles de la segunda mitad de la década.  

Yves Klein, Antropometrias, 1960

Un motivo al que apelaron las artistas fue el del cuerpo como medio o soporte de la pintura. El punto de partida de estas performances puede hallarse en las conocidas Antropometrías, de Yves Klein. En las performances del artista francés unas intérpretes se embadurnaban de azul y dejaban manchas sobre las telas como constancia de sus gestos. Klein ofrece otra variante de los action painting, esta vez agregando el desnudo femenino y la por aquel entonces poco usual práctica de convertir al autor en un maestro de ceremonia, mientras otras personas se ocupaban de seguir sus instrucciones y llevar a cabo la obra (algo que había ensayado Allan Kaprow en sus happenings de fines de los años cincuenta). La labor de Klein era más bien comparable a la del coreógrafo o el director de orquesta. 


Con muy buenos motivos,  Antropometrias, con esos desnudos que obedecen sin rechistar las indicaciones del hombre vestido, fue percibida como una manipulación masculina del cuerpo de la mujer. En las réplicas al experimento de Klein se revelaba la sexualidad femenina de un modo activo y atrevido.

Carole Schneemann, Joy Meat, 1964

La coreografía Parades and Changes (1965) de Anna Halprin es uno de esos tempranos ejemplos en los que la danza se fusiona con la performance: los bailarines aluden a prácticas sexuales de grupo: se pintan los cuerpos, se desnudan y se tocan, envueltos en grandes pliegues de papel.  Meat Joy (1964) de  Carolee Schneemann es también una representación orgiástica, donde los intérpretes derraman pintura unos sobre los otros y en la que se incluyen animales muertos. Si en la performance de Halprin los movimientos son más orquestados, conservando los ritmos de la danza, en Meat Joy los actores participan de un modo más espontáneo, siguiendo un sentido de disfrute y de juego. 


El video experimental Fuses (1965) es una celebración más directa del placer.  Las imágenes sexuales se muestran en atrevidos primeros planos, con sonidos ambientales y cortes a escenarios naturales, en una sucesión a veces vertiginosa que incluye felatios, masturbaciones, desnudos, besos, y movimientos que parecen remedar los crescendos del goce sexual, hasta culminar en tomas de una mujer corriendo en una playa y unas ventanas inundadas por la luz del día, como alusiones al orgasmo. Schneemann manipuló el celuloide, agregando efectos de color y elementos gráficos que tienden a acentuar el sentido de desenfreno y caos.

Carole Schneemann, Fuses, 1965


El 4 de Julio de 1965, la artista Shigeko Kubota realizó el performance Vagina Painting, como parte de un festival del grupo Fluxus.  Kubota se ató una brocha a su vagina y comenzó a hacer trazos con los movimientos de su cuerpo.  La artista perseguía ofrecer una versión femenina de la obra de Pollock. Su performance se convirtió en un verdadero hito y recientemente ha sido homenajeada por artistas como Cristina Lucas y Lilibeth Cuenca, quienes, al igual que Marina Abramovic, en sus trabajos citan, o re-presentan conocidas performances de otros autores.









Las manchas en rojo que Ana Mendieta despliega en la pared  -como si brotaran de sus venas mientras su cuerpo parece desvanecerse- muestran una perturbadora imagen del suicidio. 

En una versión de las relaciones entre el cuerpo femenino y la pintura, la artista polaca Vlasta Delimar ofreció su desnudez para que el público la coloreara y la adornara. Esta es una de las variantes  de un cuerpo martirizado, en manos del espectador, como fue explorada por creadoras como Yoko Ono y sobre todo, por Marina Abramovic.  

Vlasta Delimar, Performance, 2009.

Delimar también exhibe su cuerpo, como en esta performance, donde encarna a Lady Godiva, en la ciudad de Zagreb, en el 2001.

Vlasta Delimar, Lady Godiva, 2001

El exhibicionismo ha sido otra de las maneras en las que las mujeres se han acercado al performance.  Hannah Wilke convirtió el atractivo físico en un ingrediente de sus obras. Más tarde, cuando perdió la batalla contra el cáncer, también  su cuerpo fue el material de sus piezas, pero esta vez deformado por las secuelas del tratamiento y la enfermedad.

Hannah Wilke, Through the Large Glass, 1976

Wilke se desnudó lentamente en el Museo de Philadelphia frente al Gran Vidrio. Octavio Paz, en su ensayo dedicado a Marcel Duchamp, defendió la interpretación que ve en la obra a una figura femenina (la novia), con apariencia de insecto, que es desnudada por una serie de uniformes (los solteros). La pasividad del acto de ser desvestida contrasta con el streap tease de Wilke, quien usurpa momentáneamente el lugar de la novia y transforma a los espectadores en ‘solteros’. 

En la serie de performances titulada Satisfaction (1990), Elke Kristufek se masturbó con un consolador, en una bañera, frente a una multitud de espectadores.  Su gesto oscila entre el desenfado y el supuesto sometimiento a la mirada masculina, entre la pornografía y la crítica a la pérdida de privacidad.

Elke Kristufek, Satisfaction, 1990


No hay comentarios:

Publicar un comentario