23/5/12

Arte contemporáneo y erotismo



Tercera parte. La figura masculina.
Ir a este enlace para leer la Primera parte
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I
Guerrilla Girls
Hay que reconocer que todos los desnudos son de mujeres, los hombres también valen... díselo a las/los artistas, me escribe una persona muy querida por correo electrónico. Su comentario me trajo a la mente la protesta de las Guerrilla Girls contra los museos. En un poster, fechado en 1989, ellas lanzaban la siguiente pregunta: 

¿Tienen que estar desnudas las mujeres para entrar en los museos de los Estados Unidos? 
Y a continuación incluían una respuesta:
Menos del 3% de los artistas en el Metropolitan son mujeres; pero el 83% de los desnudos son femeninos.
No sólo era un problema del conservador Metropolitan Museum. En el MoMA las cifras eran más o menos similares y otras instituciones no se quedaban a la zaga. Las estadísticas demostraban que las mujeres habían sido marginadas como creadoras y, en cambio, consagradas como objeto de disfrute para la mirada masculina. 
   
 Todavía en los años del Pop, muchas de las creadoras apenas fueron reconocidas por la crítica de arte y otras, en una especie de proto-feminismo, se apoyaron en la representación del cuerpo de la mujer para subvertir la visión prevaleciente, pero también para adquirir algún tipo de aceptación en un ambiente artístico donde predominaban los valores masculinos.  Esta situación comenzó a cambiar a partir de los setenta, con el auge de los movimientos feministas, gays y queers. La representación del hombre desnudo ha sido una forma de oponerse a la mirada falocéntrica y afirmar el deseo femenino y las orientaciones homoeróticas. Si para Sigmund Freud la sexualidad de la mujer era un ‘continente oscuro’, las artes visuales y la crítica feminista han contribuido a iluminar dicho territorio.

Sería muy difícil hacer un recuento de las artes visuales a partir de la década de los setenta, sin detenerse en este motivo del desnudo masculino. Sin embargo la imagen del hombre en poses eróticas o incluso entregado a prácticas sexuales, a menudo ha tenido una dimensión política, dirigida contra la mirada masculina, que muchas veces opacó o relegó a un segundo plano, el sentido sensual de la representación. Un crítico tan conservador como Donald Kuspit tal vez no esté  del todo desacertado cuando afirma que hemos llegado al final del arte (o de cierto tipo de arte). donde las creaciones han relegado a un segundo plano la función estética y erótica, para privilegiar su signo ideológico y volverse dependientes de los avances tecnológicos.

En lo que sigue comentaré unos pocos ejemplos de representaciones eróticas del desnudo masculino. 

En 1972 la pintora vanguardista Alice Neel (1900-1984), hizo un desnudo del crítico de arte John Perreault (a quien tuve oportunidad de entrevistar para la revista ArtExperience:NYC). El lienzo podría deleitar por su ejecución en apariencia improvisada. Líneas de contorno donde los trazos parecen rectificarse de manera espontánea, como si se tratase de un bosquejo inconcluso. Uno podría admirar las manchas de color y los juegos de luces y sombras que construyen la anatomía del modelo. La pintora supo captar con agudeza la expresividad del rostro de Perreault: su mirada, que transmite un sentido de tristeza apenas contenible.

Alice Neel, John Perreault, 1972
  Evidentemente el espectador puede disfrutar de estas y otras cualidades visuales de la imagen. Pero lo que salta a la vista es el sentido transgresor del desnudo masculino. Neel situaba al modelo en la posición que tradicionalmente ocuparon las mujeres. La propia postura de Perreault  tiene algo de femenino, que podría evocar a la tradición pictórica europea, desde los desnudos de las diosas grecolatinas en la pintura veneciana hasta las odaliscas de Matisse. Neel desestabiliza el goce de la mirada masculina, exacerba las posibles reacciones homofóbicas del espectador, atenta contra el rol –activo y dominante- que la sociedad le atribuye a la figura varonil. El cuadro de Neel propicia las desconstrucciones de los discursos hegemónicos masculinos. Su lugar en el panorama artístico de los setenta se debe sobre todo a su cualidad de signo ideológico y no tanto a las superficies de la pintura.


Collier Schorr, Booby Trap (La trampa), 2009
En las fotografías de Collier Schorr el sentido erótico parece primar sobre cualquier postura política. O mejor dicho es un modo de abrir una controversia y proponer una re-escritura del pasado. La artista tomó instantáneas de jóvenes vestidos con uniformes de la Gestapo. Lo que resulta inquietante en las imágenes es el contraste entre los atributos nazis y el hedonismo de las figuras, su afeminamiento y al mismo tiempo la frialdad indescifrable del semblante. Los retratos de Schorr proponen una tensión erótica entre el atractivo físico y el abuso de poder que encarna el uniforme. La artista aspira a suscitar interpretaciones del pasado que sean distintas a las que ofrecen los filmes hollywoodenses y la cultura de masas.














Otro ejemplo de una mirada femenina hacia el cuerpo masculino lo encontramos en la serie de fotografías Get off your hourse and drink your milk (Bájate del caballo y bebe tu leche), 1995, de la artista británica Sarah Lucas. El torso sin rostro, cuya identidad no interesa o se suprime drásticamente. El cuerpo que parece destinado a obedecer, a seguir instrucciones humillantes, delante de una mujer voyeur. Los propios movimientos del litro de leche parecen  seguir las órdenes de la persona que toma las fotografías. 

Sara Lucas, Get off your hourse and drink your milk (Bájate del caballo y bebe tu leche), 1995 






Diane Arbus, Travesti con media rasgada, 1966

Los travestis también han ocupado un puesto notable en el arte contemporáneo. La fotógrafo estadounidense Diane Arbus (1923-1971) retrató a varios de ellos  a mediados de los años sesenta. La artista jugaba con identidades alternativas a la norma. El cabello desarreglado, la media rasgada, su manera de sentarse en lo que parece ser una cama, son maneras de sugerir algún tipo de invitación erótica.

Katty Grannan, Anonymous, 2011.

Muchas otras mujeres, como Catherine Opie, Nam Goldin y Katty Grannan también se han interesado en la representación de los travestis. En este retrato de Grannan el travesti es, como dijo Jean Baudrillard, no un hombre que simula ser una mujer; sino alguien que deja entrever que es un hombre detrás de su disfraz femenino.



















Los dibujos eróticos y a menudo pornográficos del conocido artista Tom of Finland (1920-1991) exhiben cuerpos musculosos, brillantes, con uniformes, gorras, pantalones, abrigos de látex, botas y cinturones. Tom of Finland celebra el placer homoerótico, como si fuese un deleite provisto de una vida propia, donde sólo importa el goce de los cuerpos, aun cuando impliquen la crueldad o el distanciamiento emotivo.
Tom of Finland
La pintora cubana Rocío García parece en muchos aspectos continuar el universo de Tom of Finland. Como el autor escandinavo, ella también representa a jóvenes con musculaturas, con herramientas y armas, que aluden a prácticas sadomasoquistas o a contactos eróticos donde se preconiza el placer. Sin embargo, a diferencia de Tom of Finland que fue básicamente un dibujante, García es una pintora que le confiere un gran peso al color, en lienzos que recuerdan a la obra de Raoul Dufy y a otros artistas de la vanguardia.

Rocío  García de la Nuez, Sin título, 2003




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