20/5/12

Arte contemporáneo y erotismo


Primera parte. La pornografía

Natalia Lach Lachowicz, Consumer Art, 1975
El erotismo y la sexualidad fueron tradicionalmente motivos asumidos por la obra de arte. A veces se trató de representaciones escandalosas –como las pinturas de Courbet y Manet-, a veces de obras prohibidas o que circularon clandestinamente, como las novelas de Sade y muchos de los libros con ilustraciones pornográficas entre los siglos XVI y XIX. Pero la imaginería erótica era, en gran medida, un dominio del arte y la literatura. Esto comenzó a cambiar con la aparición de la fotografía, que en sus inicios no fue considerada como arte, y con el desarrollo del mundo del espectáculo, en la segunda mitad del siglo XIX. En la actualidad el erotismo y la sexualidad pertenecen de lleno  al ámbito de la cultura de masas. Tanto es así que, como ha afirmado con frecuencia el pensador esloveno Slavoj Zizek, el imperativo moral del mundo contemporáneo es la exigencia de disfrutar. Si en el pasado la satisfacción del deseo sexual generaba complejos de culpa; en la actualidad lo que suele suscitar remordimientos es la impresión de no haber experimentado el suficiente placer. Si el psicoanálisis clásico hablaba de la sublimación como un proceso doloroso, donde el individuo domesticaba y refinaba las compulsiones sexuales, mientras producía elevados valores culturales y engendraba síntomas neuróticos; en los años sesenta el pensador francés Herbert Marcuse, encontraba pertinente acudir al término ‘desublimación represiva’.  Es decir, la incitación a disfrutar de una sexualidad, impuesta como un mecanismo de poder que, según creía Marcuse, enajenaría al proletariado de la crítica al capitalismo y la toma de consciencia de clase en un momento en que, gracias a los avances sociales y tecnológicos, los obreros poseían un mayor tiempo libre y, por ende, una mayor capacidad para conocer los resortes opresivos del capital.


Franz Von Bayros, Amantes elegantes, 1907

Si en el pasado el erotismo era un motivo propio de las representaciones artísticas, y poseía un carácter emancipador, cuando no libertino; en la actualidad las imágenes mediáticas han colonizado en muchos aspectos el dominio de lo erótico. ¿Cómo, entonces, podría el arte proponer imágenes sexuales que se distingan de las que produce la publicidad, el cine comercial y la pornografía? 



Ilustración del libro Juliete del Marqués de Sade, 1797



Lynda Benglis, Anuncio para ArtForum, Nov. 1974
Una de las posibilidades consiste en llevar las imágenes sexuales de la cultura de masas al circuito del arte. Lo que se conmociona es precisamente el circuito de distribución del arte. Al mismo tiempo que se dejan entrever cuán difusos pueden ser los límites entre las imágenes mediáticas y la alta cultura. Un formidable ejemplo lo constituye la página publicitaria que la artista norteamericana Lynda Benglis creó para la revista ArtForum, en 1974. Benglis se mostraba desnuda, con su mano sujetando un inmenso consolador. Es curioso que mientras gran parte del arte contemporáneo aspira a escandalizar, las revistas de arte suelen ser bastante comedidas. Mediaciones que atenúan la provocación, y, al mismo tiempo, la propagan. Benglis y ArtForum se propusieron perturbar al mundo artístico al presentar una imagen marcadamente obscena. La artista se servía de la pornografía –tradicionalmente asociada a la mirada masculina-  para, como afirmara la propia autora, burlarse de ambos sexos.  






Un procedimiento similar emplea la menos conocida artista polaca Natalia Lach Lachowicz (nacida en 1937). En su serie de fotografías titulada Consumer Art -exhibidas por vez primera en la IX Bienal de París, en 1975- Lach-Lachowicz se autorretrata como un objeto sexual, que se somete a la mirada masculina, como una imagen para ser consumida, sin tal vez dejar de experimentar placer. Lach-Lachowicz no se identifica con los feminismos radicales y, por ende, no se representa a sí misma como una figura atormentada o pretendidamente obediente. Podría parecer sorprendente que su serie de fotografías fuese la representación del gobierno polaco para el evento parisino. 

Natalia Lach-Lachowicz, Post Consumer Art, 1975
El título de las obras, con la supuesta crítica al capitalismo,  habría podido ser un subterfugio para saltarse las censuras. O quizás se trataba de esas aperturas ocasionales que se permitieron los socialismos de Europa del Este.














El  pintorVladimir Dubossarsky, uno de los exponentes del denominado arte Post-Comunista, aprovecha las imágenes pornográficas para incluirlas en formas y recursos retóricos del realismo socialista. En su lienzo Celebración de la cosecha (1995),el trabajo es sustituido por la bacanal. Dubossarsky, procura crear obras en las que explota los puntos en común entre el pop y el realismo socialista.

Vladimir Dubossarsky, Celebración de la cosecha, 1995
Una conocida figura que acudió a imágenes pornográficas para celebrar el placer sexual y trastocar el escenario artístico fue Jeff Koons. Cuesta trabajo separar entre el afán de alcanzar reconocimiento, el narcisismo y sus coqueteos con el mal gusto.

Jeff Koons, Hand on Breast (la mano en la teta) de la serie Made in Heaven, 1990

En un arte que suele llamarse arte Post-feminista, abiertamente en contra de las militancias más radicales, la representación de imágenes sexuales ha supuesto una vuelta al erotismo, caracterizado por el humor, la fantasía, las sutiles deformaciones, encaminadas a crear efectos grotescos, relacionados con una celebración del placer en lo que posee de autonomía y de crítica frente a los feminismos extremos. También son   esfuerzos por rescatar la pintura, por actualizarla con referencias a imágenes salidas del mundo porno o de la ilustración. Tal es el caso de los lienzos de la pintora norteamericana Lisa Yuskavage (nacida en 1961). En sus trabajos el erotismo tiene que ver con el ensueño, con la fantasía y hay elementos del comic y mezclados con un gusto intencionalmente cursi.
Lisa Yuskavage, Pintura.

Terminaré este primer segmento con un enlace a un texto anterior sobre el pintor John Currin, quien al igual que los artistas anteriormente mencionados, acude al lenguaje de la pornografía.  Para leer el texto sobre Currin, hacer clic aquí. 

Para leer la segunda parte de este texto ir a este enlace

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