2/1/12

Banderas y otros monstruos



A continuación un fragmento de un texto todavía en preparación, que aparecerá en el próximo número de ArtExperience:NYC, Invierno del 2012

Banderas y otros monstruos


Imperialismo, la reciente muestra del pintor cubano Tomás Esson en la galería Ramis Barquet, fue la oportunidad de ver una serie de cuadros extraordinariamente “bien pintados”. Escribo “bien pintados” entre comillas, pensando en los viejos tiempos, cuando los artistas eran estimados, entre otras cosas, por su dominio del oficio. Pero incluso en la actualidad -luego de una centuria de experimentos artísticos que han distanciado al arte de la pintura y la escultura decimonónica- las habilidades técnicas de un pintor pueden ser muy contemporáneas. Particularmente cuando alguien, como Esson, las explota para producir una obra dinámica, vigorosa y expresionista. Un pintor como él agrega dos rasgos que frecuentemente se echan de menos en el arte actual: pasión y vitalidad. En los lienzos de Esson el alarde de virtuosismo es intrínseco a sus imágenes carnavalescas, como una estridente carcajada  impregnada en las superficies de las pinturas.


La expresividad de sus obras se percibe ante todo en esas superficies visuales. Luego están sus monstruos y sus representaciones de las banderas cubana y norteamericana. Esson sustituye las estrellas por cornamentas que tienen apariencias fálicas, mientras las franjas están conformadas por una secuencia de glandes, penes, vulvas, excrementos, bocas, secreciones y colmillos. Esson empuña su sentido del humor y su agresividad contra símbolos nacionalistas que han sido no sólo emblemas de elevados ideales y virtudes, sino también de la intolerancia y el chovinismo.


Los creadores contemporáneos se han servido de las banderas para subvertir el patriotismo y hacer comentarios políticos. Así, por ejemplo, el artista negro David Hammons, ha cambiado los colores de la insignia estadounidense, convirtiéndola en lo que ha llamado Afro-American Flag. De este modo, sugiere la posibilidad de escribir una historia alternativa,  desde la perspectiva afro-norteamericana. El chileno, Arturo Dulcos hizo una bandera de su país, conformada por sesenta y seis fémures de seres humanos, en una obvia referencia a un pasado de crímenes y desapariciones durante la dictadura de Pinochet. 



Como en la bandera de Dulcos, Esson alude a un problema político que le concierne muy de cerca: el prolongado y proverbial conflicto entre el gobierno norteamericano y el régimen de los hermanos Castro. El medio siglo de hostilidades mutuas ha signado la vida de millones de cubanos,  ha provocado miles de tragedias personales y ha entorpecido la posibilidad de unas fluidas relaciones comerciales entre los dos países vecinos. Las pinturas de Esson parecen oponerse tanto al embargo decretado por el gobierno norteamericano –que es un dinosaurio de la Guerra Fría- como al totalitarismo, represivo y pasado de moda que rige a la sociedad cubana.


Al igual que Hammons, Esson también aborda el problema de su identidad como negro. Como parte de su primera exposición personal, A tarro partido, celebrada en la Habana en 1987, el artista pintó un lienzo titulado Mi homenaje al Ché, en el cual representó a Guevara como un negro. Este retrato del conocido icono de la Revolución Cubana podría hacer pensar en los ‘Jacobinos negros’, el libro que C.L.R. James dedicó a los protagonistas de la Revolución Haitiana. Pero la  imagen de Esson no necesariamente le rendía tributo al rebelde, como sí lo hizo James con Toussaint Louverture. El homenaje de Esson era cuando menos ambivalente ya que, frente a Guevara, dos monstruos copulaban de forma repulsiva. La pintura fue censurada. Los simpatizantes del gobierno hicieron protestas contra la exposición, que sólo estuvo abierta sólo durante diez horas. Mi homenaje al Ché fue un hito dentro del campo artístico cubano, ya que desde ese momento en lo adelante, las tensiones entre los jóvenes creadores y el gobierno se hicieron demasiado explícitas.

En Imperialismo, las franjas que componen las banderas están asociadas al color de la piel. Esson juega con una pluralidad de pigmentos, representando un mestizaje, que participa en una especie de saturnal, donde las diferencias raciales son definitivamente borradas mediante el goce sexual y la risa.


En sus pinturas hay una celebración de los bajos estratos del cuerpo, incluyendo barrigas pronunciadas, eyaculaciones, heces fecales, pedos, culos. Por medio de este acercamiento grotesco al cuerpo humano, la pintura ofrece versiones contemporáneas de la angustia existencial. En tal sentido, su trabajo se encuentra en la tradición que va de Ensor y Grosz a Bacon y Lucien Freud.   

1 comentario:

  1. Gracias Ernesto, excelente reflexión sobre el trabajo de Esson.

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