27/9/11

¿Hacia un socialismo moderado?


Segunda y Tercera parte de la conferencia de Rojas.


En su reciente y lúcida presentación para Estado de Sats, el investigador Rafael Rojas ha llamado la atención sobre la emergencia de una pluralidad ideológica en la esfera pública de la sociedad cubana. Una diversidad que, por ahora, se mantiene dentro de una continuidad del socialismo  y que, en esencia, viene a agregar una crítica contra la línea de corte marxista-leninista y martiana, consagrada por la constitución cubana de 1976 y posteriormente ratificada en las versiones de 1992 y el 2002.  Otras posiciones, como el liberalismo, la democracia o la democracia cristiana, no han encontrado aún espacio en las discusiones políticas nacionales. Estarían, si acaso, tímidamente esbozadas por grupos opositores que todavía no gozan del suficiente respaldo popular (aun cuando gran parte de la población se identifica con sus reclamos),  ni tampoco de un espacio que les permita participar en un necesario diálogo político. La conferencia de Rojas tiene el mérito de hacer notar que el proyecto de raigambre stalinista, se encuentra en crisis, tal vez exhausto y su unidad ideológica –que asociaba el socialismo a la defensa de los intereses del pueblo o de la nación- se ha desmembrado, mientras las propuestas moderadas y reformistas adquieren una mayor vitalidad. A mi juicio, las palabras de Rojas se enfocan en problemas debieran pensarse sin dilación, tanto en Cuba como en la diáspora. Muy acertadamente sus palabras iniciales fueron, de cierta forma, una exhortación a dejar a un lado los enfrentamientos personales para privilegiar los puntos de vista que están representados por el grupo o el individuo que los enuncia. La conferencia de Rojas deja abierto un fructuoso espacio para la polémica.

Rojas distingue tres propuestas que, sin alejarse de la continuidad de un proyecto socialista, se erigen como alternativas al presente oficialismo. Además de la ideología marxista-leninista y martiana, tipificada por la vieja guardia y que constituye la línea dura y conservadora dentro de la cúpula del poder, se aprecian otras corrientes moderadas. Serían, en primer lugar, los partidarios de  una mayor participación en la economía de mercado sin abandonar los principios de una economía planificada y en manos del estado, luego los defensores de los derechos civiles, pero que son reticentes a una apertura hacia el mercado y apuestan por formas de producción cooperativas o empresas mixtas. Finalmente, con una voz más tenue, aquel socialismo en el que la asimilación de elementos de la economía de mercado no entraría en conflicto con progresos en el ejercicio de los derechos cívicos. La sutileza de la conferencia de Rojas ha consistido en saber precisar las diferencias entre estas tres últimas tendencias. Sería pertinente observar que estas posiciones no son necesariamente irreconciliables. De hecho podría afirmarse que coinciden –o confluyen- en su crítica a la ideología propugnada por el estado.

Convendría agregar que estas pugnas entre ideólogos moderados y partidarios de la línea dura, posee, dentro de las más de cinco décadas de la llamada Revolución, una larga trayectoria. Se inician tan tempranamente como en enero de 1959 y fueron polémicas que también se trasladaron a la esfera de la cultura y al campo, un poco más cerrado, de las formas artísticas. Incluso se puede hablar de instituciones que tuvieron un perfil más bien moderado –como el ICAIC y la Casa de las Américas- frente a las posturas usualmente más rígidas de organismos como el ICRT, la FAR o la CTC. Las tendencias reformistas no han dejado de forcejear y en ocasiones conocieron momentos de una inquietante pujanza, hasta el punto de haber sido abruptamente cercenadas, por medio de destituciones de funcionarios y medidas impopulares. Así ocurrió entre 1968 y 1971, en ese lapso temporal que va de la estatalización de los últimos reductos de la pequeña empresa  hasta el Primer Congreso de Educación y Cultura. La historia volvió a repetirse más tarde, en la segunda mitad de los ochenta, cuando los partidarios de aperturas económicas y cívicas comparables a las que acontecían en la Unión Soviética perdieron la batalla. Podría irse un poco más lejos y decirse que estas diferencias entre dogmáticos y reformistas estuvieron presentes en el socialismo internacional, siendo los moderados quienes ocuparon una posición desventajosa, minoritaria en cuanto a su poder político, aunque usualmente respaldadas por amplios sectores de la población y sobre todo por los jóvenes.  

La novedad que se puede apreciar en estos momentos en el caso cubano consiste -como apunta Rojas- en que el debate se ha llevado a la esfera pública y en que son los propios defensores de la línea dura quienes han emprendido, con todas las reticencias  y con toda la lentitud que se quieran, algunas de las reformas económicas. Lo hacen bajo evidentes presiones, con merodeos, con retrocesos; pero parecen forzados y hasta decididos a llevar a cabo dichas concesiones. Quizás no tengan muchas otras alternativas para prolongar su permanencia en el poder. Lo cierto es que dos décadas después de la caída del bloque socialista en Europa del Este, la ideología de orientación marxista-leninista y martiana, pertenece cada vez más al pasado, es un discurso en el que ya nadie cree, si es que no ha empezado a convertirse en una letra muerta, repetida por inercia.


Es difícil precisar qué proyecto social o qué vertiente ideológica en específico desea la gran mayoría de la población cubana. Ni siquiera los grupos opositores parecen aportar gran claridad sobre el asunto; pero todo parece indicar que los cubanos están hastiados de la ideología que han tenido que padecer durante más de medio siglo. Sospecho tampoco aspiren a que se instaure un capitalismo neoliberal, tal y como lo conocemos ahora, donde la contradicción enunciada por  Maurizio Lazzarato (hacer que el individuo consuma lo más que pueda, para de este modo satisfacer las demandas del mercado, y al mismo tiempo, procurar que gaste lo menos posible en educación, salud, cultura y otras formas de seguridad social) se convierte en un conflicto político cada vez más acuciante. Muy bien podría ocurrir que el cubano medio quiera, dentro del socialismo, aperturas económicas o libertades cívicas y  a su vez conservar la salud y la educación gratuitas, el módico acceso a la cultura y las bajos pagos sobre la  vivienda. Es decir, no sería del todo descabellado creer que los cubanos, inconformes por el presente, se inclinen por la variante de un socialismo moderado, tal y como el que sostienen algunas de las posiciones ideológicas que describe Rafael Rojas.


Sólo que estos proyectos, moderados o reformistas, posiblemente sean difíciles de implementar. El tradicional fracaso de los reformistas en los regímenes socialistas parece haber sido un rasgo inherente a la conservación del propio modelo social.  El ascenso al poder de los defensores de aperturas dentro del sistema puso en peligro el orden imperante y fue el detonante fundamental en el derrumbe de los socialismos en Europa del Este. Los moderados parecen ser un poder meramente transicional, que a corto plazo vendría a confirmar aquella definición que afirma que el socialismo es el tiempo perdido entre un capitalismo y otro. En la práctica un socialismo moderado es incosteable desde el punto de vista económico y posiblemente tampoco pueda prosperar desde el punto de vista político.

15/9/11

Flashmob en la Habana


En Cuba, algunos eventos culturales eran fiestas multitudinarias. Pienso en los festivales de cine latinoamericano, donde el entusiasmo inundaba las calles habaneras. Las largas colas en las entradas de las salas cinematográficas eran espacios de socialización y la gente iba ávidamente de un filme a otro, en jornadas maratónicas. Las propias noches invernales parecían conspirar para convertir aquella semana en una celebración. Recuerdo el Festival de música coral en Santiago de Cuba. Las agrupaciones de estudiantes de canto, en los parques, entonando piezas de la trova tradicional o una orquesta, igualmente conformada por estudiantes, interpretando la Fantasía Coral de Beethoven, un domingo, bajo el sol matinal. Para los interesados en las artes visuales, alguna que otra Bienal de la Habana tuvo también ese encanto. Eventos culturales que, si bien eran patrocinados por el estado, esquivaban convertirse en actos de propaganda política y contribuían a enajenarnos, aunque sea por unos días, de todos aquellos discursos narcisistas sobre el sacrificio, el deber, el orgullo y la patria. Más bien parecían continuaciones de esas festividades caseras, donde se cantaba hasta la madrugada, entre guitarras, conversaciones íntimas, chistes y tragos de aguardiente.

En el sitio web DDCuba veo este Flashmob, filmado en la Habana, el 20 de noviembre del 2010. La coreografía me hizo pensar en la vitalidad y el carácter juvenil que yo disfrutaba en aquellas actividades culturales. Está claro que no representa la realidad de Cuba, pero al menos para mí es un delicioso antídoto contra esas miserias cotidianas –como el reciente altercado entre Pablo Milanés y Silvio Rodríguez- que, de tan insistentes, se han vuelto enajenantes.

1/9/11

SORRY

El diseñador Ángel Hernández ha creado una versión -quizás sea más exacto decir una 'actualización'- de uno de los carteles más divulgados durante la campaña electoral del presidente Barack Obama. Una imagen vale más que mil palabras. Nunca mejor dicho.