31/1/11

Las mujeres de Franklin Street

Fragmento del texto Pinturas como actos desafiantes inicialmente publicado en Art Experience: NYC (en español). Vol 1, No. 1, Invierno, 2011, pp. 20-27. Para leer el ensayo completo vaya a http://www.artexperiencenyc.com/EMagazine.aspx, donde la revista se puede ver y descargar de forma gratuita. La imagen de The Women of Franklin Street fue una cortesía de la Gagosian Gallery.

Las mujeres de Franklin Street  

Por Ernesto Menéndez-Conde


Se ha dicho a menudo que John Currin es un artista provocativo debido a su carencia de un lenguaje políticamente correcto, su perspectiva desde la “mirada masculina”, sus escenas que lindan con lo pornográfico y su discutible mal gusto a la hora de combinar referencias a obras pictóricas del pasado con alusiones a la ilustración norteamericana y a imágenes cursis sacadas de revistas comerciales. No hay dudas de que todos esos rasgos son controversiales todavía hoy; pero limitar la pintura de Currin a esas apariencias es un acercamiento más bien engañoso.
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En un lienzo como The women of Franklin Street (Las mujeres de Franklin Street), por ejemplo, el contenido sexual de la representación es bastante explícito. A primera vista, las figuras de tres jóvenes semidesnudas, practicando un ménage a trois, tiende a satisfacer la mirada masculina y presentar a las mujeres como objetos sexuales. Sin embargo, Currin añadió un efecto macabro. La mujer ubicada en el centro de la composición sonríe de una manera estrambótica. Su expresión es rígida como si su cara fuese la de una muñeca inerte, grotescamente pegada sobre un cuerpo humano. Este giro humorístico estropea o ridiculiza la mirada masculina precisamente porque exagera el carácter objetificado del cuerpo femenino. También mantiene una posición ambivalente hacia muchos discursos feministas. Pero, más allá de burlarse de la seriedad de la moral y de las políticas de género, las habilidades técnicas del pintor subvierten el contenido de la escena. The women of Franklin Street no es un intento por hacer una imagen soft porn; sino, por el contrario, un esfuerzo por convertir una representación pornográfica en una buena pintura. 




En The Women of Franklin Street detalles que parecen superficiales y periféricos se vuelven relevantes precisamente porque están hábilmente pintados. Los ribetes de un vestido sin mangas, el rojo Venecia del sostén, los pliegues de las telas o las pinceladas de un camafeo dorado que luce uno de los personajes. Más allá de sus contenido sexuales explícitos, The Women of Franklin Street  es sobre el goce de estos (entre muchos otros) detalles “bien pintados”. Este virtuosismo parece difícil de encapsular en una política de géneros. El sentido político del cuadro consiste más bien en producir una “buena” pintura en el campo artístico contemporáneo.

John Currin ha dicho que “en la actualidad hacer una buena pintura es un acto político”(2006, 43). Él vuelve a la tradición histórica de la pintura europea. Sus lienzos son parodias de algunos motivos iconográficos, posturas y detalles tomados de obras maestras del pasado; pero también  son estudios más profundos que retoman sus enfoques y búsquedas técnicas.[1] Esto, generalmente hablando, había sido ampliamente desatendido desde los movimientos vanguardistas de comienzos del siglo XX hasta el arte participativo y las instalaciones de  nuestros días. En el escenario artístico contemporáneo, a pesar de los esporádicos revivals de la pintura, a partir de la segunda mitad de los setenta, explorar las técnicas artísticas tradicionales era usualmente percibido como una manera obsoleta, exhausta o conservadora de hacer arte.  Este es un prejuicio ampliamente extendido.

La reacción contra la pintura histórica como un medio artístico fue una práctica revolucionaria a comienzos del siglo XX e incluso algunas décadas antes. Por aquellas fechas los movimientos vanguardistas se opusieron al realismo, la academia y el clasicismo. Los artistas estaban interesados en el valor de lo nuevo y en la meta de integrar el arte a la vida. Sin embargo, en el panorama del arte actual, un regreso a las técnicas de artistas del Renacimiento, el Manierismo y el Barroco es en verdad decisión estética sofisticada y poco convencional. En contraste, muchas instalaciones, imágenes digitalizadas, videos y formas de arte participativo no pasan de ser meros ejercicios académicos.

En The women of Franklin Street abundan las representaciones absurdas, disimuladas o frecuentemente ocultas en verosímiles, aparentemente convincentes, copias del natural. Estas incongruencias deliberadas pueden verse como pequeñas bromas que sugieren que los contenidos de la pintura no debieran ser tomados con seriedad. Mencionaré rápidamente algunas de esas inverosimilitudes (hay muchas otras).La mesa y el suelo están captados desde dos puntos de vista distintos y ligeramente contradictorios (un guiño a Cezánne y al Cubismo). Las tazas de té y sus correspondientes platos parecen estar volando, ya que están alineados un poco por encima con respecto a las vasijas que se encuentran a su lado y al mismo tiempo proyectan una sombra sobre la superficie de mármol. Una peluca plateada oculta la manera torpe en la que la cabeza de la mujer a la derecha se articula a su propio cuerpo. Su mano se apoya en el hombro derecho del personaje central, pero aun cuando no puede verse, el movimiento del brazo está sugerido de una manera caricaturesca. Hasta cierto punto, estas soluciones humorísticas conducen al goce de apreciar la pintura ya que para poder percibirlas es preciso prestarle atención a los detalles. Por medio de estas bromas visuales, Currin intencionalmente le resta seriedad a los contenidos literales, mientras enfatiza la relevancia de la superficie pintada.
 

The Women of Franklin Street está repleta de alusiones a la pintura histórica. A veces son referencias eruditas y difíciles de reconocer. Ver los cuadros de Currin desde la tradición de la historia del arte es uno de los placeres más reconfortantes que proporcionan sus lienzos. El título mismo del cuadro es un homenaje a Les Demoiselles d’Avignon (cuyo suject era un burdel ubicado en la calle Avinyó en Barcelona). Como en la pintura de Picasso, hay una mesa en la parte inferior, unas cortinas dispuestas a ambos lados de la imagen y uno de los personajes mira directamente al espectador, tal y como hacen las mujeres en  Les Demoiselles d’Avignon. [2]  La cama de madera y las armonías cromáticas en la piel del personaje central podrían evocar a las obras de Boucher, mientras que el suelo recuerda a los que es posible encontrar en los interiores holandeses en la pintura del siglo XVII. En el lado superior derecho, hay un globo transparente que, evidentemente, podría asociarse a la ligereza de la escena sexual; pero con unas pinceladas muy ágiles, Currin se las ingenió para representar el espacio, proyectado en una forma esférica, en el que tiene lugar la acción, tal y como ocurre en los espejos de algunos cuadros flamencos y holandeses.




[1] En un comentario sobre The penitent, Currin escribió
Me había preguntado cómo sería usar el mismo azul para el fondo y la figura, con una versión transparente del otro. Gerard David siempre empleó azules, uno frío y otro cálido, para moverse en el espacio y yo pensé que podría intentar algo similar (ibid, 334)

[2] La gama de rojos de las cortinas en la pintura de Currin es muy semejante a la que usó Picasso en el fondo de of Les Demoiselles.

30/1/11

De arte y bilingüe


Quería compartir este enlace a una entrevista realizada por DDCuba y publicada bajo el título De arte y bilingüe, a propósito de la revista ArtExperience:NYC.


http://www.diariodecuba.com/cultura/2863-de-arte-y-bilinguee



















El diseñador Ángel Hernández envía esta imagen, jugando con el título de la entrevista. Muchas gracias. 

28/1/11

Art Experience: NYC, Vol. I, No. I, Invierno 2011



Me complace anunciar el lanzamiento online del primer número de la revista Art Experience:NYC, en sus ediciones en inglés y en español.  La publicación puede verse y descargarse de manera gratuita  en nuestro website www.artexperiencenyc.com. El primer número consta de 102 páginas y una docena de reseñas sobre exposiciones todavía  en curso o que tuvieron lugar entre diciembre y  comienzos de enero. Art Experience:NYC es, hasta donde tengo noticia, la primera revista en español enteramente dedicada al desarrollo de las artes visuales en New York City. 
Nuestro propósito es brindar una visión -parcial y necesariamente incompleta- del escenario artístico de la ciudad. 
La aparición del segundo  número está prevista para mediados de abril.

Para ver y bajar gratuitamente la revista, hacer clic aquí:


Art Experience:NYC (en español)


Este trabajo no habría sido posible sin la contribución de las siguientes personas:

Beatriz Menéndez-Conde
Emily Gerard
Ángel Hernández
Scott Switzer
Robert Seaman
Carmen Santamarina
Miguel Santamarina
Lester García
Julio Aragón
Gabriela E. Lupulescu
Kallen Tsikalas
Paloma Duong
Marcos Canteli
Jacqueline Loss
Florencio Gelabert
Yasmina García
Jessica Gordon-Burroughs
Lisset Martínez-Herryman
Rafael Díaz-Casas
Mónica López
Raysa Clavijo
Sun K/ Kwak


A todos mi agradecimiento por la amistad, la colaboración  y la confianza en el porvernir de este proyecto.

24/1/11

Látigo (Whip)

Desde su primera y provocativa exposición celebrada en la Habana a comienzos de 1987, el pintor cubano Tomás Esson ha desarrollado una amplia obra pictórica. Representaciones obscenas, viscerales y escatológicas, a menudo empuñadas contra símbolos patrios e iconos revolucionarios. 

El diseñador Ángel Hernández me ha hecho llegar esta imagen titulada Whip (1995). Un lienzo de grandes dimensiones, con una zigzagueante figura fálica que emerge desde un fondo de grises magistralmente pintado.  Es difícil escribir sobre una obra tan expresiva, de una euforia y un virtuosismo inusuales en el arte contemporáneo. Una pintura excepcional frecuentemente vuelve innecesarias o superfluas las palabras.  Mejor compartir la imagen aquí, junto a mi admiración hacia Esson.  

9/1/11

'Fiel' Castro

Youtube es un archivo inmenso y en continua expansión. En el 2006, cuando me convertí en usuario del site, contenía unos 16 000 millones de videos. No obstante, en esa enorme galaxia, la cantidad de filmes sobre la Cuba de los sesenta es bastante escasa. Algunos musicales de las grupos y solistas del momento, escenas del programa humorístico San Nicolás del Peladero, unos cuantos fragmentos de discursos de Che Guevara. No mucho más. En la biblioteca fílmica más grande que haya conocido la humanidad los testimonios cinematográficos con los que pueda construirse una historia documental de la Revolución Cubana brillan por su ausencia. Poco , muy poco, puede encontrarse de los extensos y cotidianos discursos de Fidel Castro o de sus entrevistas y encuentros con la intelectualidad cubana y mundial. La historia de la Revolución parece haber dejado una exigua memoria fílmica. De la prolífica obra del internacionalmente reconocido cineasta Santiago Álvarez sólo hay en youtube unos cinco o seis documentales. Parecería como si todos esos materiales no se hubieran conservado, estuviesen ocultos o su publicación hubiese sido negligentemente desatendida por los funcionarios del Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR) de las oficinas del Partido Comunista Cubano.

La llegada a youtube de 'Fiel' Castro, documental del cineasta cubano Ricardo Vega contribuye a cubrir, aunque todavía de un modo muy precario, esa laguna.  'Fiel' Castro está enteramente realizado con imágenes de archivo y en la mayoría de los casos con noticieros propagandísticos confeccionados por el propio gobierno. Raras veces es posible encontrar una crítica tan demoledora del devenir de la Revolución Cubana. Las imágenes del realismo socialista, las canciones panfletarias,  los proyectos económicos absurdos (dignos de cualquier relato del Realismo Mágico),  los discursos demagógicos, las decisiones que afectarían el futuro de la nación aprobadas de manera irresponsable por la multitud que asistía a escuchar al líder de la Revolución. El propio entusiasmo de las multitudes tiene un carácter monstruoso (como en su momento supo representarlo la pintora Antonia Eiríz).

En el documental, de 51 minutos de duración, el director Ricardo Vega apenas interviene. Sus comentarios se limitan a algunas alteraciones de la banda sonora y a la inserción de unos pocos textos que parecen dividir el filme en varios segmentos. El resto es un trabajo de edición muy ingeniosamente elaborado, dejando que las imágenes hablen por sí mismas, que dialoguen unas con otras, que se contradigan, de modo tal que sea el espectador quien haga sus propias interpretaciones. Y sobre todo, dificultando la  presunta crítica de que el documental es una ‘propaganda enemiga’ con la que el gobierno cubano suele escudarse de manera tan exitosa. 

Anteriormente el escritor Reinaldo Arenas había intentado algo similar. Se sirvió de las publicaciones cubanas, sobre todo los editoriales del diario Granma, para denunciar lo que sucedía en Cuba. Fue tildado de reaccionario y en sentido general su labor no fue muy exitosa. La palabra escrita no suele ser del todo convincente. La memoria visual es mucho más poderosa, debido en gran medida a ese célebre enunciado que, de acuerdo con Barthes, era el fundamento que diferenciaba a la fotografía de  la pintura o el texto: eso ha ocurrido. En la fotografía; pero seguramente con mucho más vigor en los materiales cinametográficos,  la realidad, como afirmaba Barthes, se superpone al pasado.  En  'Fiel' Castro, gracias a la decisión de Vega de evitar en la medida de lo posible la inclusión de sus propios criterios, la propaganda revolucionaria se revela como esa realidad yuxtapuesta al pasado. Y no sólo por las imágenes mismas; sino también por el lenguaje artificialmente entusiasta y apologético de los fragmentos escogidos. El documental de Vega, a su vez, permite confirmar lo que es una sospecha: si los testimonios fílmicos sobre la Revolución Cubana son muy parcos en youtube, se debe a que son frecuentemente subversivos. Los encargados de la propaganda del gobierno cubano, al cercenar el pasado, proporcionan  otra versión de la conocida sentencia “la revolución, como Saturno, termina devorando a sus propios hijos”. Aquí el hijo devorado es la historia, borrada de manera virtualmente absoluta, reducida a algunas representaciones icónicas –como la foto del Che, de Korda- que han devenido en meras imágenes mediáticas y en símbolos de rebeldía para adolescentes y despistados.  

4/1/11

T’ang Boogie (un filme experimental de T’ang Haywen)


La obra del artista chino T’ang Haywen se ha divulgado sobre todo a partir de su muerte, ocurrida en 1991, si bien su trabajo no ha alcanzado aún el reconocimiento que merece.  En las tintas de T’ang parecen confluir la pintura tradicional china, en lo que posee de práctica intuitiva, y la fuerza emotiva del expresionismo abstracto. Usualmente fueron los artistas europeos y estadounidenses los que se interesaron en los rasgos formales de la pintura Zen y taoísta, adaptándolos a sus búsquedas expresivas. T’ang Haywen es un caso opuesto. Sus obras, frecuentemente de pequeño formato, incorporan procedimientos de la abstracción de su tiempo a la pintura tradicional de su país. De este modo, las vertientes contemporáneas complementan y enriquecen el acervo del pasado. El resultado es una pintura de un poderoso impacto gráfico, donde puede advertirse una sensibilidad distinta a la de los creadores abstractos occidentales. Pinceladas trazadas con serenidad, sugiriendo un paisaje que en ocasiones parece ser un signo o un ideograma. Al mismo tiempo, formas abstractas en las que se explora el accidente, el chorreado de las tintas, el trazo espontáneo y las transparencias.



En el filme experimental T’ang Boogie, realizado en 1973, se incluyeron 24 imágenes distintas por cada segundo. Las tintas de T’ang se deslizan con una celeridad sorprendente, como formas que debieran ser captadas de un modo casi inconsciente, hasta que un súbito corte viene a interrumpir la vertiginosa secuencia. Un momento de calma, como el final de un viaje, un hallazgo de un notable vigor expresivo.




3/1/11

Portada de Art Experience:NYC, Enero 2011, Vol. I, No. 1

A continuación la portada de la revista Art Experience:NYC. La imagen del lienzo Constance Towers, del pintor estadounidense John Currin, fue una cortesía de Gagosian Gallery. Mis agradecimientos  al diseñador Ángel Hernández por este nuevo aporte.  Dentro de poco llegará la cubierta de la revista en español.