5/6/11

Un artista de Benin




Carlixte Dakpogen hace máscaras siguiendo la tradición de su país. O mejor dicho, rompiendo drásticamente con dicha tradición. O ambas cosas a un mismo tiempo. Son representaciones contemporáneas, despojadas de cualquier carácter mágico, ritual o festivo, conservando  tan sólo esa dimensión estética ‘primitiva’ que tanto cautivó a los artistas e intelectuales europeos de comienzos del siglo XX. Máscaras hechas con chatarra, chancletas de plástico, peines, cds, cassettes, cables y alambres. Objetos artísticos que actualizan la mirada eurocentrista de Picasso, Michel Leiris o Leo Frobenius. Sólo que es un eurocentrismo producido por un artista africano. Y este detalle no es de menor importancia.

El arte se ha globalizado, lo cual posiblemente signifique que las vertientes artísticas gestadas en Europa y los Estados Unidos se han impuesto a escala mundial. Literalmente hablando han invadido todo el planeta, pulverizando los últimos residuos de nacionalismos (que, más que resistencias frente a los centros hegemónicos del arte, fueron prejucios hacia lo nuevo). Sin embargo, este lenguaje internacional, en Dakpogen  -y en muchos otros artistas del llamado tercer mundo- encuentra modos de rescatar las tradiciones locales, ofrecerles un sello de ‘autenticidad’ ambivalente ya que expresa la destrucción del pasado, el agotamiento de sus contenidos trascendentales, pero un vaciado semántico que es una revitalización  de la tradición, ahora insertada en los lenguajes artísticos del presente. 

La herencia cultural se aprovecha de un modo más desenvuelto, de forma paródica o cínica, con humor, incluso con el propósito declarado de entrar en el museo o acceder al mercado del arte,sin que el creador tenga que permanecer apegado a un visión folklórica de su propio pasado (lo cual en definitiva era una conducta falaz y una forma de  adaptarse a las expectativas del turista o del mercado, que conminaban a representar el papel del ‘primitivo’).

Calixte Dakpogen, Internet.
Un ejemplo de este uso de la máscara para representar el presente.Internet. Una desgastada vasija metálica –tal vez una regadera- que remeda una cabeza humana, con cables de colores que salen de la parte superior. La estética de la máscara africana como una manera de aludir al hombre de nuestro siglo XXI, cuya subjetividad está expuesta a esa inmensa transformación cultural que ha supuesto la red virtual.

1 comentario:

  1. Gracias por compartir y analizar estas obras, Ernesto. No es nada nuevo per se, pero desde el contexto de su cultura nacional hace un arte contemporáneo sumamente creativo e inteligente.

    ResponderEliminar