4/6/11

Los sonetos lujuriosos de Pietro Aretino.

Aretino, retrato de Tiziano.

Dos escritores vivieron, en gran medida, gracias a sus cartas. Difícil encontrar figuras más antagónicas. El primero es el veneciano Pietro Aretino. El segundo, el poeta checo Rainer Maria Rilke. El abundante epistolario rilkeano deslumbra por sus numerosísimas formas de tornar la vida cotidiana en celebraciones poéticas, donde gestos minúsculos como limpiar una mesa, recibir una postal o dar un paseo quedaban envueltos en una dicha de existir a veces cercana al éxtasis y a la vez descrita de un modo humilde, con ternura, casi a la manera de una confesión. Rilke cautivaba con sus minúsculas observaciones, con la fragilidad de su lenguaje, con sus dedicatorias, con sus giros corteses y las evocaciones de su soledad o, más a menudo, con sus quejas por no poder estar lo suficientemente solo.

Las cartas aduladoras de Aretino, en cambio, eran consabidos chantajes, amenazas y modos de obtener honores, riquezas, ascenso social y favores de toda índole. Cabe suponer cuántas intrigas debió conocer y cuán  atrevido y empecinado en sus ajustes de cuentas era este cortesano de procedencia humilde, que en su momento llegó a tener un palacio y un harem. Aretino era un temible conspirador de lleno inmerso en la vida política de su tiempo. Los miembros de la aristocracia le rendían pleitesía. Los propios reyes tenían que inclinarse y tributarlo con algunos obsequios. El emperador Carlos V, por aquel entonces el monarca más poderoso del mundo, le concedió el honor de montar a caballo a su lado.
El propio Aretino era consciente de su poder para chantajear al próximo. Así, le escribió a Miguel Ángel, en la que era su común e ingeniosa manera de amenazar y al mismo tiempo expresar su admiración:
  Yo, cuyo elogio o crítica es tan poderoso que la gloria o la deshonra de los hombres depende solo de mí, pero que, no obstante, soy merecedor de escasa estima y para mi mismo no valgo nada, yo saludo a Vuestra Merced, algo que no me hubiera atrevido a hacer si mi nombre no hubiese adquirido alguna celebridad, debido al respecto que inspira en los más grandes príncipes de nuestro país. Pero ante la presencia de Miguel Ángel, no puedo hacer otra cosa que admirar. En el mundo hay muchos monarcas, pero solo hay un Miguel Ángel, y él, con su Gloria, ha eclipsado a Fidias, Apeles y a Vitruvio.


San Bartolomé, Miguel Ángel, Detalle del Juicio Final, Capilla Sixtina.

Miguel Ángel, si bien le respondió con ironía y luego con el silencio, en algún momento estimó pertinente enviarle unos dibujos e incluir  un retrato suyo, como San Bartolomé, en los frescos del Juicio Final. De todos modos, no consiguió quitárselo de encima. Las atenciones no complacieron a Aretino,
quien durante años instigó, de manera exitosa, para censurar y estropear las representaciones del mural. 


II
Durante el Renacimiento el soneto fue el verso culterano por excelencia. Las rimas construidas con el preciosismo de un orfebre, los temas de la belleza idealizada, las figuras grecolatinas en las églogas, los idilios pastoriles. Al elegir el soneto como forma para sus versos, Aretino subvirtió todos estos temas y esmeros formalistas. Su uso paródico de una forma poética culta lo convierte en un post-moderno avant la lettre.
Ilustración de I Modi, grabado de Guilio Romano.

Contemporáneo de Rabelais y precursor de Quevedo, ninguno de los dos podría igualar el sentido de grotesco del que hace gala Aretino en sus Sonetos Lujuriosos. Incluso en la actualidad el lenguaje de los versos suena chocante y excesivamente crudo. Aretino todavía escandaliza. Esto no deja de ser inquietante, ya que más que incitar al placer o provocar los sonetos persiguieron hacer reír. El humor es el ingrediente fundamental de los versos. El lenguaje obsceno de Aretino es deliberadamente cómico. Aquí un ejemplo  carnavalesco de burla a las Sagradas Escrituras:

Y si follar después de muerto fuese honesto,yo diría: -Moriremos de tanto follarpara más allá follar a Adán y a Eva,que encontraron un morir tan deshonroso.-De veras digo que si esos bribonesno hubieran comido la fruta traicionera,sé que hoy no retozarían los amantes.
Ilustración de I Modi, grabado de Marcantonio Raimondi.


En los Sonetos Lujuriosos hay numerosas celebraciones del placer anal (méteme el dedo en el culo, querido vejete, escribe en uno de sus versos), exaltaciones del pene y prácticas masturbatorias:


Agarradla con la mano y metedla dentro,
que tanta utilidad para el cuerpo encontraréis
como la asistencia a los enfermos.
Y yo tal gozo siento
al sentir mi verga en la mano vuestra,
que pronto moriré si ahora follamos.

Y en otro momento:

Yo os quiero follar con maña, comadre,
y acariciaros el culo mil veces
con los dedos, la polla y la lengua


Este hombre fue el mismo que le escribió a Miguel Ángel:
He visto copias del Juicio Final. Reconozco en la concepción y ejecución el celebrado encanto de Rafael, pero en la medida en que soy un cristiano que ha recibido el bautismo, estoy avergonzado de la desenfrenada libertad que usted se ha tomado en lo que debe ser el fin supremo de la virtud y la fe cristiana.

Hay que notar la mala intención de mencionar al joven Rafael como una influencia del anciano Miguel Ángel, que era el artista más consagrado de su tiempo. Aretino manipuló el lenguaje del mismo modo en que manipuló a sus contemporáneos.  Era capaz de adaptar su estilo a las circunstancias y también a los encargos que se le hacían. Su prosa iba del más inspirado fervor religioso o del moralismo más severo a la voluptuosidad más desenfadada. Además de sus cartas, la obra de Aretino está integrada por escritos religiosos, sátiras y obras pornográficas. Su libro I Modi, era de cierta manera una versión renacentista del Kama Sutra. Contenía dieciséis posturas sexuales y fue indistintamente ilustrado por tres artistas del momento: Raimondi, Giulio Romano y Annibale Carracci, uno de los padres de las academias de bellas artes. 
Ilustración de I Modi, grabado del siglo XVIII, hecho a partir de las ilustraciones de Anibal Carracchi.












 Aretino era una figura aborrecible en su tiempo y seguramente todavía lo sea. Uno de los malditos. Un precursor de la prensa amarillista y de las más repudiables formas de chantaje que pudieran verse en el intelectual contemporáneo. Sin embargo, muy a menudo, enfrentó a los poderosos, incluido a monarcas. Sus manipulaciones, sus confabulaciones y sus intrigas eran también, a su modo, actos arriesgados e irreverentes. Su mala reputación no parecía perturbarlo. De hecho la transformó en una especie de ética, en un modo de vivir peligrosamente. Quizás esto ayude a explicar la inscripción en el reverso de una cadena que le obsequiara el emperador francés Francisco I: “La verdad engendra odio”.

1 comentario: