6/6/11

La maldita circunstancia del humor por todas partes.

El humorista Eduardo del Llano ha publicado un relato titulado Ahora o nunca. Básicamente, el cuento presenta a los miembros del Partido Comunista que lanzan una huelga de hambre para presionar a un disidente a que deponga la suya. Muy pronto tanto los afiliados al gobierno como los opositores se declaran masivamente en huelga de hambre. La estrategia tiene un desenlace imprevisto. Logra resolver problemas económicos, crear nuevos mártires, desarrollar el turismo y estimular el consumo de McDonalds...entre los extranjeros.

Un cuento admirable y a un mismo tiempo cruel. La huelga de hambre transmutada en un espectaculo de feria. En momentos en los que varios disidentes cubanos arriesgan su salud e incluso su vida en este género de lucha pacífica, uno tiene que preguntarse hasta qué punto es pertinente mofarse de esta forma de enfrentamiento a un régimen totalitario.

El autor es un humorista extraordinariamente popular en Cuba y sus cortos fílmicos circulan de forma pseudo-clandestina, precisamente debido a sus burlas contra el gobierno. El nuevo relato remeda y propaga la manera en que muchísimos cubanos de la isla perciben a la oposición. Dentro de Cuba, la imagen de la disidencia se ha ridiculizado con no poca frecuencia, gracias en gran medida a la propaganda gubernamental que al cabo de más de dos décadas ha logrado implantar la creencia, falsa y verdadera a la vez, de que son financiados y respaldados desde el extranjero. La oposición, continuamente expuesta a golpizas, a difamaciones y a encarcelamientos que pueden conllevar largas condenas, no posee ni el prestigio ni el espacio privilegiado que ocupa en la prensa fuera de Cuba.

Un antecendente literario de Ahora o nunca es el cuento de Kafka El artista del hambre. Al igual que el autor checo le dio vida al personaje de José K. Eduardo del Llano ha creado a Nicanor, igualmente inmerso en situaciones absurdas, derivadas de una maquinaría de poder burocrática y opresiva. Podría argumentarse que a un nivel más profundo el cuento de Eduardo del Llano, es una crítica al gobierno cubano. La estructura absurda del relato refleja de un modo muy directo el absurdo generalizado de la sociedad. El humor en Cuba es esencialmente maldito, con todo el hechizo que ejerce la palabra. Por un lado es corrosivo: una crítica muy fecunda que durante décadas ha evidenciado el descontento popular hacia el gobierno. Por otra parte, un pasatiempo que emponzoña el escenario politico, entorpeciendo la relevancia o la seriedad de las propuestas políticas que debe enarbolar la oposición.

1 comentario:

  1. No tuve que andar mucho para encontrar esta crítica lúcida. ¡menos mal! Coindico con el autor: casi nadie en Cuba conoce a los opositores pacíficos y, al final, este relato de Eduardo del Llano le hace un gran favor a la dictadura. El Estado esta acostumbrado a la crítica a la burocracia, desde las películas de Gutiérrez Alea. Creo que hay que llamar a las cosas por su nombre, ahora o nunca, y respetar a los únicos que se quedaron allí con mucho valor y alzan su voz.

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