29/6/11

Hermes y Alan Sokal (II)

Segunda parte de un comentario sobre el libro Imposturas Intelectuales de Alan Sokal y Jean Bricmont. Para leer el texto desde el inicio hacer clic aquí

II

Desde la escolástica medieval, pasando por  los filósofos de las cátedras alemanas de comienzos del siglo XIX hasta las universidades estadounidenses del presente, lo hermético ha sido parte de la jerga académica. En los actuales estudios culturales, con no poca frecuencia, el lenguaje oscuro sirve para encubrir una falta de rigor investigativo.

En Imposturas Intelectuales, Sokal y Bricmont logran demostrar que a menudo autores feministas, post-estructuralistas y postmodernos usan  las matemáticas y la física contemporáneas de manera superficial, cuando no incorrecta o disparatada. Sokal y Bricmont no examinan textos de figuras marginales; sino escritos de intelectuales que han desempeñado un  rol protagónico en el pensamiento actual : Jacques Lacán, Kristeva (los autores ponen empeño en aclarar que se trata sólo de sus trabajos iniciales), Irigaray, Lyotard, Baudrillard, Bruno Latour, Deleuze y Guattari, Paul Virilio. 

En 1996, el profesor de matemática y física Alan Sokal envió un ensayo titulado Transgredir las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica, a la importante revista Social Text, que publica Duke University Press. En el artículo, Sokal empleaba citas reales de manera paródica, hablando, por ejemplo, de ‘incisivo análisis’ para referirse a un texto que hacía un uso muy superficial de los conocimientos científicos. La llamada ‘Broma de Sokal’ contenía absurdos tan graves como considerar un ‘dogma’ la creencia en la realidad física del mundo:
[Los científicos] se aferran al dogma impuesto por la larga hegemonía postilustrada en el pensamiento occidental, que se puede resumir, brevemente, de la siguiente forma: existe un mundo exterior, cuyas propiedades son independientes de cualquier ser humano individual e incluso de la humanidad en su conjunto. 
Como una supuesta refutación de este ‘dogma’ el autor aducía una teoría que caricaturizaba a autores feministas y post-estructuralistas:
… se ha evidenciado cada vez más que la «realidad» física, al igual que la «realidad» social, es en el fondo una construcción lingüística y social. 
Social Text mordió el anzuelo. El trabajo apareció en el número correspondiente a la Primavera/Verano que ni más ni menos estaba dedicado a refutar las críticas que los científicos les hacían al pensamiento teórico actual. Posteriormente Sokal enviaría un segundo escrito, en el que explicaba sus bromas y disparates; sin embargo, en esta ocasión el ensayo fue rechazado. Una metedura de pata de Social Text, obviamente; pero sobre todo una evidencia de que la falta de rigor investigativo y las dudosas complejidades encubiertas en una oscura retótica filosófica son moneda corriente en el pensamiento teórico actual y por lo tanto pueden pasar inadvertidas. Como muy bien señalan Sokal y Bricmont, los casos que mencionan en su libro no son aislados, sino la punta de iceberg de un problema muy extendido.

La ‘Broma de Sokal’ dio pie al libro Imposturas Intelectuales, que es un estudio sobre el ‘empleo abusivo de conceptos y términos científicos’. En la introducción los autores definen como ‘abusos’ lo siguiente: 1)Hablar  abundantemente de teorías científicas que se conocen de manera vaga o superficial. 2) Incorporar nociones de las ciencias naturales a los estudios culturales sin justificar cuáles serían realmente las aplicaciones que dichas concepciones pudieran tener.3)Hacer gala de una erudición que no se posee y citar términos técnicos en contextos donde resultan incongruentes. 4)Manipular expresiones que carecen de sentido.

Uno podría pensar que Sokal y Bricmont se auto-erigen como autoridades que quieren administrar la legitimidad de los conocimientos científicos. Sin embargo, las citas a los textos estructuralistas, post-estructuralistas y lacanianos son muy explícitas. Los comentarios de Sokal y Bricmont, sus explicaciones sobre cuáles son las pifias, las lucubraciones o los equívocos, son sencillamente un plus, por mucho que sean aclaraciones útiles y rigurosas. Aquí, por ejemplo, un párrafo que los autores  toman del ensayo ¿Qué es la filosofía? de Deleuze y Guattari.


En primer lugar, las singularidades-sucesos corresponden a series heterogéneas que se organizan en un sistema ni estable ni inestable, sino «metaestable», dotado de una energía potencial en la que se distribuyen las diferencias entre series. (La energía potencial es la energía del acontecimiento puro, mientras que las formas de actualización corresponden a las realizaciones del acontecimiento.) En segundo lugar, las singularidades gozan de un proceso de autounificación, siempre móvil y desplazado en la medida en que un elemento paradójico recorre y hace resonar las series, envolviendo los puntos singulares correspondientes en un mismo punto aleatorio, y todas las emisiones, todos los lanzamientos, en un mismo gesto de lanzar. En tercer lugar, las singularidades o potenciales aparecen en la superficie. Todo sucede en la superficie, en un cristal que no se desarrolla sino por los bordes. Sin duda, no ocurre lo mismo en un organismo; éste no cesa de recogerse en un espacio interior, así como de expandirse en el espacio exterior, de asimilar y de exteriorizar. Pero no por ello las membranas son menos importantes: llevan los potenciales y regeneran las polaridades; ponen en contacto precisamente el espacio interior con el espacio exterior, independientemente de la distancia. El interior y el exterior, lo profundo y lo alto sólo tienen valor biológico gracias a esta superficie topológica de contacto. Así, pues, hay que comprender incluso biológicamente que «lo más profundo es la piel». La piel dispone de una energía potencial vital propiamente superficial. Y así como los acontecimientos no ocupan la superficie, sino que aparecen en ella, la energía superficial no está localizada en la superficie, sino ligada a su formación y reformación (Deleuze, 1969, págs. 125-126; cursivas del original).

El comentario de Sokal  es bastante escueto. Difícilmente pueda encontrarse una conclusión más lapidaria:
este texto…está saturado de términos técnicos, aunque si exceptuamos la observación banal de que una célula se comunica con el exterior a través de su membrana, carece de lógica y de sentido.
Tercera parte

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