12/6/11

Como un cuadro del viejo Chagall



Algunas veces me han preguntado cuál es mi artista favorito. Demasiados nombres acuden a mi mente, sin llegar a decidirme por ninguno. Por suerte no es algo que me ocurra exclusivamente a mí. Cualquiera mínimamente interesado en la pintura o en las artes visuales experimentaría vacilaciones similares. Me siento más seguro nombrando a artistas que no me gustan. Renoir, el primero que acude a mi mente. Pronuncio su nombre con satisfacción, casi buscando alguna complicidad en mi interlocutor. Pierre Francastel escribió en algún momento que los críticos, marchands y galeristas de las primeras décadas del siglo XX acertaron al seleccionar a los innovadores de la vanguardia como las figuras emblemáticas del arte de aquel momento. Muy de acuerdo, pero no se me ocurre cuál pudo ser el criterio que se siguió para poner los floreros, floripondios, figuras coloreteadas y las escenas hogareñas de Renoir junto a los lienzos de Manet, Monet, Sisley y Pissarro, donde siempre hay algo nuevo que apreciar.



Este merodeo para decir que Chagall es uno de esos pintores que admiré durante los años de mi adolescencia, cuando estudiaba pintura en la escuela de Bellas Artes y conocía sus lienzos por medio de  escasas láminas y reproducciones en libros. La pintura de Chagall me hacía pensar en una novela como Las noches blancas, ese relato juvenil de Dostoiesky, donde el protagonista, soñador y solitario, inicia su narración con un ‘Querido lector’ (posiblemente una de las expresiones más afortunadas de la historia de la literatura). Personajes que parecen salidos  de una comedia como Sueño de una noche de verano, recién despiertos y todavía embriagados con la posión que Puck vertió sobre los ojos de Titania: irrealidad,  ensueño, ilusión, amor a primera vista, dicha de desear. Un mundo festivo, de nupcias, de amantes que se abrazan o sostienen ramos de flores. Lienzos de borrachos, de bailes, de figuras que vuelan o de harapientos que tocan el violín. Un mundo también de la nostalgia: evocaciones de un pueblo rural ruso, con sus campanarios,  sus noches invernales, sus campesinos con casacas, sus gatos que miran con melancolía, sus asnos y sus caballos con crines adornadas.




Chagall es un pintor de la temprana juventud, como mismo hay novelas, filmes y canciones juveniles. Se podría decir que en muchos sentidos Chagall es cursi, optimista hasta caer en lo ingenuo, artificial hasta el punto de parecer falso. Pero el arte del pasado conserva su vitalidad en parte gracias a cierta cuota de mal gusto, mientras muchas obras formalistas, pulimentadas y preciosistas, hoy parecen rancias, manoseadas y rígidas.

Chagall, un judio que padeció dos guerras mundiales, la revolución bolchevique y el exilio, conservó mucho de idealismo e inocencia durante los cerca de cien años que le tocó vivir. Un artista que murió con la ilusión de que en su tierra natal se hiciera una retrospectiva de su obra. Un viajero sobre la tierra.



1 comentario:

  1. Desde ayer estaba por decir que floripondio es una palabra que me gusta mucho. :-)

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