20/5/11

Ningún lugar

Las acampadas  en Madrid y en otras ciudades españolas han trascendido las diferencias generacionales y también podrían ir más allá de las fronteras nacionales. De hecho ya existen convocatorias similares en ltalia, Argentina y México. Protestas globales porque los problemas que las suscitan no son ni exclusivos ni inherentes a la sociedad española. Son quejas contra el capitalismo neoliberal, orientado hacia la privatización de los programas de asistencia social y hacia un consumismo desmedido, respaldado artificialmente por créditos bancarios que han provocado deficits presupuestarios, bancarrotas y ejércitos de endeudados (además de contribuir a la quiebra de la pequeña propiedad y al excesivo poder politico de las corporaciones e instituciones financieras). Los españoles han logrado llevar a las plazas públicas una crispación que tiene un carácter global. Dicho sea de paso, en Estados Unidos, pese al profundo descontento, apenas hay indicios de que la sociedad llegue a contagiarse con estas manifestaciones populares. Demasiado escepticismo, demasiado pragmatismo o demasiado individualismo. Uno nunca sabe.

Las protestas cívidas en España no debieran necesariamente considerarse como una prolongación de las revueltas que están teniendo lugar en el mundo árabe. Las manifestaciones en los países islámicos tienen un carácter más local y han perseguido derrocar a regímenes totalitarios largamente enquistados en el poder. Tuvieron un enemigo que poseía (o posee) nombres y apellidos. En esos casos, las reacciones gubernamentales han sido violentas y han devenido en enfrentamientos contra los órganos represivos de sus respectivos países.  Los españoles, en cambio, han acudido a los mítines porque están hastiados de las instituciones democráticas occidentales. Reclaman unas reformas de las mismas, mayores oportunidades de empleo, una redistribución más equitativa de las riquezas y una participación o representación más activa del ciudadano medio en la vida política. 

En resumen, es una crítica a las sociedades democráticas y, sobre todo contra el capitalismo neo-liberal, que no está enfilada contra ningún lider o grupo de poder en específico. Las exigencias de los manifestantes son igualmente  imprecisas y hasta cierto punto caóticas. Individuos que no se inclinan hacia ningún partido politico en particular, que no poseen ningún respaldo financiero, ni proponen ningún programa de reformas concretas. Improvisan una plataforma politica bajo el hechizo y el entusiasmo de las convocatorias. Sólo cuentan con el malestar y con proclamas que más bien recuerdan a las de los estudiantes franceses de Mayo del 68.

Debido precisamente a este carácter improvisado y anárquico, son protestas que no representan ninguna amenaza para el poder. Es por eso que las respuestas del gobierno español han sido –y han podido ser- la tolerancia, la dispocisión a examinar los reclamos, la simpatía de cierto sector de la prensa y parte de la clase política, incluido el propio presidente Zapatero. La violencia policial es totalmente innecesaria. De hecho, la pusilánime actitud de las instituciones gubernamentales anticipa el fracaso del movimiento.

Al menos por ahora, el capitalismo contemporáneo parece inmune a las sediciones sociales. Las asimila con inmediatez, encuentra en ellas nuevas posibilidades de mercado e inversión de capital. Las privilegia hasta el punto de ponerlas de moda. Un sistema que posee la capacidad de incorporar y neutralizar cualquier signo de descontento. Además, salvo tal vez los moderados proyectos sociales de los países escandinavos, no existen ni utopías ni modelos que puedan erigirse como alternativas frente al proyecto neo-liberal. El Socialismo, con todas sus promesas y sueños de justicia social, devino en regímenes totalitarios, ineficientes, corruptos y opresivos para el individuo. Con razón se le llamó en algún momento “la gran estafa”.
Las protestas en España son acontecimientos efímeros, llamaradas que se apagan al cabo de unos pocos días o, a lo sumo, unas cuantas semanas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario