30/5/11

Los primeros carné de identidad…

Fueron unos retratos funerarios a todo color. Esta es la ingeniosa y tal vez un poco macabra interpretación que ha preparado el curador cubano Gerardo Mosquera como parte del conjunto de exposiciones que conforman el evento PhotoEspaña 2011. Las pinturas de Fayum, ejecutadas entre el siglo I y el III de Nuestra Era, conservaban rasgos más individuales si se comparan con las representaciones que aparecían en los sarcofagos egipcios de los momentos anteriores, donde los miembros de la nobleza, los sacerdotes, los militares y los funcionarios públicos eran retratados de manera hierática y despersonalizada. Figuras que debían reconocerse por sus atributos: el escriba que sostenía un rollo de papiro o el faraón que portaba una barba postiza, un gorro, un cetro.  Los retratos de Fayum, igualmente destinados a los sarcofagos, no sólo aspiraban a dejar constancia de los rasgos físicos del difunto mediante una copia próxima al realismo; sino que también  se encuentran entre los primeros tanteos por lograr un efecto de profundidad en la superficie bidimensional. Al igual que los murales de Pompeya, Stabia y Herculano, son obras en las que el volumen se representa por medio de transiciones de luces y sombras, algo que no se apreciaba en las creaciones anteriores, sean prehistóricas, egipcias, mesopotámicas, cretenses, etruscas, etc. (incluidos los murales griegos hallados en la colonia italiana de Paestum).
Mosquera introduce algunas asociaciones: la pintura a la encáustica como precursora de las sales de plata, el individualismo de Fayoum como un antecedente del contemporáneo carné de identidad, la renovación pictórica como un avance en la representación de la realidad que es análogo a la irrupción de la fotografía a mediados del siglo XIX. Y sin embargo, lo que parece perseguirse con estas y otras afinidades no es tanto re-escribir la historia del arte como aprovecharla de manera carnavalesca.

Mosquera se sirve del retrato como un pretexto para desplazar la discusión hacia la Historia del Arte, revisada no ya como una disciplina que debe estar regida sólo por la investigación rigurosa, fundamentada por documentos históricos, el orden cronológico y enfoques metodológicos supuestamente científicos (que hoy se entienden como meras ficciones). Mosquera encara la Historia del Arte como un arsenal de imágenes que admiten lecturas anacrónicas, superposiciones inesperadas del presente sobre el pasado y, sobre todo, imágenes históricas que pueden incorporarse satisfactoriamente dentro del arte contemporáno. Algo semejante había intentado anteriormente en el ámbito de la crítica de arte, con su texto Martí y el arte abstracto (1981), que fue un esfuerzo por vindicar la abstracción en el escenario cultural cubano desde un autor que antecedió a las tendencias vanguardistas del siglo XX. El procedimiento es también comparable al que emprendió Borges en Kafka y sus precursores. Allí el ensayista argentino se refirió a una manera de reinventar el pasado:
En el vocabulario crítico la palabra precursor es indispensable, pero habría que tratar de purificarla de toda noción de polémica o de rivalidad. El hecho es que cada escritor, crea a sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro.

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