25/12/11

Lo mejor de tu año




Así se titula la columna que durante las últimas dos semanas ha venido publicando el sitio web Diario de Cuba. Un significativo número de autores, mayormente cubanos, contestan a la pregunta: ¿Qué libro, filme o música brindó mejor compañía este año?  Agradezco mucho la invitación a participar en esa iniciativa, que comenzó el año pasado. Mi respuesta apareció esta mañana y puede leerse aquí: http://www.ddcuba.com/cultura/8730-lo-mejor-de-tu-ano-xii. (también la copio a continuación)


Tomo nota de algunas de las sugerencias que van haciendo los encuestados. Filmes que no he visto, escritores que no he leído o de quienes incluso no tenía referencias. En otros casos me deleita encontrar afinidades o si se quiere complicidades. Es muy instructivo disponer de un espacio así, donde pueden compartirse este tipo de recomendaciones. 










 The State of Art Criticism (Routledge, 2008), editado por James Elkins y Michel Newman 
Entre las lecturas que más he disfrutado este año, mencionaría ésta. El libro tiene la estructura de un seminario. Cinco autores presentaron temas de discusión, como puntos de partida sobre los que otros prominentes críticos agregaron sus comentarios. Además contiene la transcripción de dos coloquios, celebrados en el Burren College of Arten junio del 2005 y en el Art Institute of Chicago, en octubre de ese mismo año.
Un juicio parece prevalecer a lo largo de las más de cuatrocientas páginas que conforman el volumen: la crítica de arte está en crisis. The State of Art Criticism, si bien debe leerse como un obra colectiva, es una prolongación de un libro anterior de Elkins, What Happened to Art Criticism? (2003). La paradoja que propone Elkins en ambos textos consiste en afirmar que la crisis de la crítica se debe, entre otras cosas, a su fecundidad y a su masificación: una sobreabundancia —en catálogos, monografías, periódicos, revistas especializadas, blogs, páginas web— que ni los lectores más ávidos conseguirían digerir. Para opinar o escribir sobre arte no se requiere de ninguna formación ni especialización previa, ya que la disciplina se ha divorciado significativamente de la historia del arte y la tradición formalista. Además, la incidencia del pensamiento teórico contemporáneo —desde el psicoanálisis lacaniano y la crítica feminista, hasta el post-estructuralismo y el neo-marxismo— le ha conferido un carácter especulativo, provisto de una amplia gama de enfoques, frecuentemente entremezclados. La crítica de arte, al igual que la creación artística, se ha deshecho de sus ataduras. Pero la apertura hacia el infinito ha evidenciado una especie de orfandad.
Otros autores ven la crisis de la crítica de arte en una relación muy directa con los problemas por los que atraviesa el arte contemporáneo. Así, Peter Plagens observa que durante los últimos años se ha consolidado el mercado de arte, mientras que —en contra de lo que pudiera esperarse— ha disminuido el interés por la crítica en los diarios y revistas. De acuerdo con el ya retirado columnista de Newsweek, esto se debe a que las creaciones recientes posiblemente hayan dejado de ser vistas como arte y, por ende, han perdido el atractivo mediático que pudieron tener en el pasado.
En la cuarta parte del libro —donde figura el texto de Plagens— opinan quienes ejercen la crítica de arte en las publicaciones periódicas, con frecuencia distantes de los discursos universitarios. En este segmento aparecen numerosos puntos de vista opuestos a las posiciones presentadas en las ponencias y pueden leerse duros ataques, en particular contra Elkins. Esta sección agrega nuevas aristas y convierte el libro en una animada polémica, como las que no suelen aparecer ni en los periódicos ni mucho menos en los predios universitarios norteamericanos.
El libro brinda la oportunidad de disfrutar a pensadores —como el propio Elkins, Irit Rogoff y Boris Groys— que manejan el lenguaje de manera admirable. The State of Art Criticism proporciona también el placer de la lectura.

21/12/11

ArtExperience:NYC, número del Invierno (un anticipo)


Aunque todavía quedan algunos detalles por definir, me gustaría ofrecer un anticipo de lo que será la próxima edición de ArtExperience:NYC. La revista saldrá el 30 de enero. En esta ocasión contaremos con una contribución especial de la creadora Sun K.Kwak. El número tendrá un artículo del curador Peter Frank, a propósito del arte abstracto actual. Luego habrá una entrevista exclusiva con el pintor Byron Kim. A continuación reseñas sobre Ali Hossaini, Janet Malcolm, Robert  Grosvenor, los performances de Clifford Owens y el Bearden Project . Tendremos otros ensayos, entre los que se incluyen  comentarios sobre la exposición A postcard from afar –sobre  la visión de varios artistas contemporáneos sobre Corea del Norte. Finalmente la sección Qué ver, con comentarios breves sobre exposiciones que están teniendo lugar en el momento en el que sacamos la revista.


Byron Kim




Ali Hossaini



Janet Malcolm



Robert Grosvenor



Clifford Owens



The Bearden Project




Karl-Tuikkanen (en A Post-card from Afar: North Korea from the Distance)

20/12/11

Eslóganes


Chomsky sobre los eslóganes.
¿Qué pasa si alguien le pregunta si da usted su apoyo a la gente de Iowa? Se puede contestar diciendo que Sí, le doy mi apoyo, o No, no la apoyo. Pero ni siquiera es una pregunta: no significa nada. Esta es la cuestión. La clave de los eslóganes de las relaciones públicas como Apoyad a nuestras tropas es que no significan nada, o, como mucho, lo mismo que apoyar a los habitantes de Iowa. Pero, por supuesto había una cuestión importante que se podía haber resuelto haciendo la pregunta ¿Apoya usted nuestra política? Pero, claro, no se trata de que la gente se plantee cosas como esta. Esto es lo único que importa en una buena propaganda. Se trata de crear un eslogan que no pueda recibir ninguna oposición, bien al contrario, que todo el mundo esté a favor. Nadie sabe lo que significa porque no significa nada, y su importancia decisiva estriba en que distrae la atención de la gente respecto de preguntas que sí significan algo: ¿Apoya usted nuestra política?
Algunos eslóganes en el arte contemporáneo han tenido la función opuesta o alternativa. Es decir, hacen visibles las preguntas encubiertas por una determinada postura ideológica. En ese sentido los eslóganes en las imágenes artísticas asimilan estrategias desconstruccionistas, desmitificadoras y tendientes a integrar la posición crítica, individual y atomizada, dentro de una comunidad más amplia de personas que comparten las mismas ideas.
Los eslóganes en el arte contemporáneo comenzaron a adquirir importancia a partir de la segunda mitad de los años sesenta, asociados a la aparición del conceptualismo, las reivindicaciones feministas, la lucha por los derechos civiles, el fracaso de los proyectos sociales, el descontento hacia las políticas gubernamentales y las manipulaciones mediáticas.


Aquí algunos ejemplos.


Patria o Libertad! The Rhetorics of Patriotism

Vista de Patria o Libertad, muestra itinerante curada por Paco Barragán, 2010

 

Jenny Holzer, El dinero crea el gusto, por Jenny Holzer, 2007.




Barbara Kruger, No necesitamos otro héroe, 1987



Hannah Wilke, Arte y Marxismo tengan cuidado con el feminismo fascista, 1977.




19/12/11

Perdóname por lo que no he hecho

dec19_hfcollection.jpg




Por medio de e-flux recibo información sobre una próxima muestra del artista norteamericano Otto Berchen (1967), que se celebrará en Maastricht, Holanda.  Las palabras Forgive me for what I have not done están tomadas de un tatuaje en la piel de un recluso puertorriqueño, que literalmente dice, en español, “Perdóname madre por lo que he hecho”.  La adaptación que hace Berchen, cambiando el texto al negativo, le confiere un sentido más político -aludiendo a quienes no son capaces de asumir un compromiso con el presente- o un carácter más existencial, quizás comparable a aquellos versos tardíos de Rilke :

Oh, nostalgia de los lugares que no fueron
lo suficientemente amados en la hora pasajera,
Cómo querría darles desde lejos
El gesto olvidado, la acción suplementaria




La imagen me hizo recordar inmediatamente la obra del artista conceptual japonés On Kawara.  También pensé en una instalación que vi la semana pasada en la Claire Oliver Gallery. Allí, el artista británico Matthew Sleeth montó la maqueta de una Freeway contemporánea. 

El trabajo se titula The rise and fall of Western Civilization (and other obvious metaphors) [El ascenso y caída de la civilización occidental (y otras obvias metáforas)]. Es una especie de actualización del pop, llevado a la miniatura (una práctica que igualmente puede apreciarse en las creaciones recientes del artista coreano Do Ho Suh), en la que se advierte la estridencia de la publicidad actual y donde aparecen también esas pantallas a gran escala que transmiten videos con anuncios. Sleeth vuelve sobre la ancestral -y obvia- metáfora del camino como destino. En este caso, la carretera que habrá de atravesarse aceleradamente, en automóvil y que parece apuntar a la fugacidad de la vida contemporánea. En su Freeway, los letreros de  las vallas publicitarias y las luces de neón poseen, como en la obra de Berchen, una connotación marcadamente política. En el primero de los billboards, se lee una ecuación: la felicidad es igual a la expectación dividida entre los logros.

18/12/11

Arte Abstracto Contemporáneo I.


Primera parte de un textotodavía en preparación, sobre el arte abstracto actual.

Bosco Sodi, Organic Blue, 2009


Un paseo por las galerías de Chelsea. No hay dudas de que la abstracción está teniendo un sitio privilegiado en las exhibiciones recientes. En algunos casos se exponen ejemplos tardíos y medio cursis del expresionismo abstracto. Meras manchas sobre las telas, que a lo sumo, y no siempre, no pasan de ser alardes de ciertas destrezas técnicas.  Otras exposiciones me hacen creer que nuevos enfoques están adquiriendo fuerza. La característica más notable del arte abstracto reciente es, a mi juicio, que los creadores empiezan a desprenderse de  las palabras, de todas esas justificaciones conceptuales que en su momento contribuyeron a hacer digeribles las obras no figurativas.  Nada comparable a los manifiestos de Malevich ni a los escritos que aparecían en la revista de De Stijl, que concebían la abstracción como un metalenguaje o como la expresión de un más allá ontológico. Nada, tampoco,  de las agudas e imprescindibles observaciones de Greenberg, Rosenberg, Meyer Shapiro o Michael Fried, que protagonizaon una edad de oro en la crítica de arte.

Esta levedad de los enfoques teóricos en torno al arte abstracto contemporáneo es un indicio de una libertad desde hace tiempo adquirida y consolidada. A lo largo de un siglo la abstracción tuvo que  demoler numerosísimos muros, desde las objeciones o el desprecio de figuras cimeras de la historia del arte –como Panofsky, Berenson y Huyghe-, hasta los ataques de influyentes políticos, estetas y artistas, que en su momento provenían tanto del conservadurismo como de los partidos comunistas y marxistas. La abstracción fue durante muchísimo tiempo una expresión de la barbarie, de la angustia existencial del hombre moderno, un facilismo,  una aventura formalista y una evasión de la realidad, cómplice del status quo.

Byron Kim, Delacroix's Shadow, 2008

 Es inquietante que un arte –supuestamente elusivo y encerrado en sí mismo- haya provocado reacciones tan hostiles.  Hoy cabe sospechar que no fueron  los artistas abstractos quienes se disociaron de la realidad –ellos expresaron el presente histórico de muchísimas maneras- , sino más bien sus adversarios. Tomemos por ejemplo el ensayo Conversación con nuestros pintores abstractos,  del pensador marxista cubano Juan Marinello. En medio de una crisis política que estremecía a la nación cubana, con guerrilleros en las montañas, grupos que luchaban desde el clandestinaje, bombas en los cines, cárteles subversivos, sediciones de los altos cargos del ejército batistiano y manifestaciones estudiantiles, entre otros problemas urgentes, Marinello –que gozaba de una posición social privilegiada- se sentó a escribir un libelo contra una veintena de jóvenes pintores abstractos, la gran mayoría de procedencia humilde –o integrantes de la clase media, como suele decirse hoy- y la gran mayoría opuestos al régimen de Batista, como lo evidenciaron con su participación en varias exposiciones abiertamente anti-oficialistas.  Ya se sabe lo pernicioso que fue el ensayo de Marinello en los años posteriores al triunfo revolucionario de 1959. Pero durante aquellos turbulentos meses que condujeron a la entrada del ejército rebelde en la Habana,  ¿quién daba la espalda a la realidad, Marinello o los pintores abstractos? Al internarse en la supuesta naturaleza de su propio lenguaje, al supuestamente aislarse de los conflictos sociales, la abstracción resultó ser más perturbadora que otras formas de expresión que preconizaron el compromiso del arte con su tiempo. No es casual que los ataques contra la abstracción fueran lanzados por extremistas de la derecha y de la izquierda. Las tendencias no figurativas se insertaron en la sociedad como oposición contra la intolerancia y los radicalismos políticos. Esa, y no otra, es la contribución que puede hacer el arte en las sociedades actuales. 

sun k kwak space takeout 1397 216 Spontaneous Space
Sun K. Kwak, Spontaneous Space, 2009

La creencia de que el arte puede cambiar la vida es, en sí misma, una evasión de la realidad. No se corresponde con la limitada resonancia social que han demostrado poseer las imágenes artísticas en la vida política. Es un sueño romántico que ha sido desmentido una y otra vez. Las artes visuales, pueden, en cambio –y de manera mucho más modesta- contribuir a la aceptación del otro, desarrollar otras formas de pensar y ejercer la crítica de las rigideces éticas y políticas. En esto, como oportunamente afirmó Adorno, los contenidos de la imagen son sólo el vínculo más superfluo que existe entre el arte y la sociedad. 



13/12/11

Realismo socialista: Una historia borrada



I
Como muy acertadamente ha afirmado el crítico de arte Boris Groys, entre las muchas revalorizaciones del pasado existe un género de arte que todavía no ha logrado ser reconocido instituacionalmente: las imágenes propagandísticas de los socialismos, el nazismo y otros regímenes totalitarios cuyas ideologías se apoyaron en el culto al obrero o al campesino.  El gusto estético que predominaba en esas creaciones no ha dejado de ser deplorable, incluso desde los puntos de vista inclusivos del postmodernismo y el arte actual. Ya en los años treinta el crítico norteamericano Clement Greenberg propuso una oposición entre el arte vanguardista –o el arte en un sentido más amplio- y el kitsch propugnado por los sistemas totalitarios. En aquellas formas de realismo prevalecía un carácter literario y descriptivo, un academicismo rígido, una pomposidad, a veces mezclada con una vuelta al clasicismo, y una solemnidad que no dejaba espacio alguno para la metáfora y el sentido del humor. El mundo contemporáneo sigue excluyendo este horizonte estético, a no ser que lo aproveche de un modo paródico.

II
En el caso cubano, los academicismos afines con las producciones del realismo socialista se han demonizado con una severidad mucho más drástica que la que padecieron los artistas abstractos y otros denostados de la cultura cubana. Estas imágenes tuvieron un peso considerable en la propaganda política desde los comienzos mismos de la Revolución y su importancia en el entorno cubano vino a eclipsarse, sin desaparecer del todo, hacia finales de los ochenta,  coincidiendo con la caída del socialismo en los países de Europa del Este. 

Dentro del escenario artístico, fuera ya de la 'orientación revolucionaria', este arte de presunto compromiso social fue una corriente más, en modo alguno favorecida en las exposiciones y que contaba con muchísimos y declarados adversarios.  Los defensores del realismo socialista pugnaban contra los partidarios de otras tendencias y había algunos puntos de confluencia entre el arte más avanzado y el realismo social, como fue el caso de las pinturas de milicianos de Servando Cabrera Moreno y, posteriormente, el fotorrealismo. 

A partir de 1968, con las celebraciones oficiales por los llamados Cien Años de Lucha, la representación de los próceres de la independencia, junto a las figuras de Mella, Frank País, Camilo Ciénfuegos y Ché Guevara, tuvo una presencia notable en los eventos culturales y políticos, pero el arte apologético y academicista vivió su momento de consagración de un modo efímero, entre 1971 y 1973, a partir del tristemente célebre Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura. Fue, en efecto, un momento gris. En los salones oficiales, los academicistas se codearon con los aficionados de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y los integrantes de otras organizaciones masas. 

III
Fuera del escenario artístico, el realismo social, junto a las consignas triunfalistas, estaba por todas partes. Inundó a las ilustraciones de las revistas- desde Verde Olivo y Mar y Pesca hasta Bohemia-, los sellos de correo, los materiales para la enseñanza primaria, los actos políticos, las fábricas, las vidrieras de las tiendas, las escuelas, los centros laborales, las organizaciones de masa y hasta los carnavales y las cajas de cerillas. Sin embargo, esta imaginería tampoco tuvo un monopolio exclusivo. Algunas revistas, como Casa de las Américas, y sobre todo aquellas de corte cultural, fueron refractarias a la inclusión de este tipo de diseños e ilustraciones. También, en la televisión, los escenarios de los programas musicales estuvieron conformados por formas geométricas y motivos ornamentales próximos a la abstracción. Dentro de la ofensiva del INIT por crear centros gastronómicos que pudiesen servir masivamente productos alimenticios de bajo costo –que devino en la aparición de cadenas de heladerías, cafeterías, pizzerías, fruti-Cubas y restaurantes de productos marítimos- las abstracciones, en sus vertientes geométricas y expresionistas, estuvieron destinadas a adornar los locales de pizzerías y heladerías (en esto se seguía una corriente, de influencia norteamericana, iniciada por los restaurantes y cabarets habaneros de los años cincuenta). El realismo –no necesariamente de corte social- tendía a reservarse para los Fruti-Cuba, cuyas paredes eran recubiertas con escenas de frutas o de campesinos jubilosamente inmersos en las labores de cosecha, mientras los Mar-Init, solían decorarse con formas un tanto híbridas, que oscilaban entre la abstracción y el realismo, con motivos de peces, redes y crustáceos.

III
Hacia 1966 puede apreciarse un intento del propio gobierno por ‘modernizar’ las imágenes propagandísticas. Hubo esfuerzos institucionales por combatir el realismo socialista, que muchos artistas e intelectuales supieron aprovechar para ensanchar el espacio que ocupaban las figuraciones grotescas, la abstracción, el Pop Art y el arte psicodélico. En el filme La muerte de un burócrata, el realismo socialista -tipificado un cartel que mostraba unos brazos musculosos con los puños en alto y por los bustos de José Martí- se presenta como un equivalente de la burocracia en el ámbito de la creación artística. También en las publicaciones periódicas relacionadas con la producción cultural –como el Caimán Barbudo-  hubo críticas, sobre la deficiente calidad y el mal gusto de los murales, vallas publicitarias y esculturas. Los diseñadores y pintores de imágenes de contenido político comenzaron a servirse de formas más cercanas al arte de su tiempo, como el empleo de la fotografía manipulada, simplificada en planos, el uso de contrastes tonales y a veces la asimilación de colores brillantes propios del arte psicodélico (aunque, por lo general, la propaganda política se caracterizó por el manejo de colores terciarios y tonos más bien apagados). Por otra parte, los escultores comenzaron a incorporar formas geométricas derivadas de la abstracción a sus monumentos y tarjas conmemorativas. Fue este realismo social reformado el que se mantuvo hasta fechas recientes.  

III
 Hacia fines de la década de 1970 estas manifestaciones del realismo ya tenían un espacio marginal en las exposiciones de arte. La ruptura, al nivel de las formas artísticas, entre la propaganda gubernamental –que continuaba exhibiendo los perfiles de Marx, Engels y Lenin, junto a machetes y ruedas dentadas- y las nuevas tendencias se hizo evidente por aquel entonces, aunque era un proceso que se había iniciado desde al menos en 1973, cuando los artistas se fueron apartando del realismo social y del contenido político de las obras. A fines de los ochenta el enfrentamiento se trasladó incluso a los materiales artísticos. Los jóvenes respondieron a los bronces de las estatuas de Guevara (Santa Clara) y Antonio Maceo (Santiago de Cuba), Ignacio Agramonte (Camaguey) y Serafín Sánchez (Santi Spiritus), entre otros, con almohadillas sanitarias, sangre, condones y excrementos.

Muchos partidarios del realismo social, se refugiaron en la abstracción o en el paisaje. Otros emigraron. Más tarde, como parte de la demonización oficial del llamado “Quinquenio Gris” –que convenientemente podría ofrecer la apariencia de que los años de intolerancia afectaron a un periodo de tiempo relativamente breve- se procedió a esconder o destruir toda esa iconografía que acompañó a la Revolución durante más de tres décadas. El pudor ante esas creaciones, que raras veces eran consideradas como obras de arte, es también una de las numerosas formas de borrar la historia. Algunas reminiscencias del realismo socialista –como la estatua de Ché Guevara en el Mausoleo de Santa Clara-  posiblemente sigan en pie porque destruirlas sería mucho más escandaloso que conservarlas. No es difícil augurar que estos serán los bronces que se demolerán en el futuro. 

12/12/11

Las aporías de Benjamin Vautier



¿Y si el arte ha dejado de existir? Se preguntaba el artista francés Ben Vautier. en 1984 ¿Sería arte su propia obra, conformada por trazos que parodian al expresionismo abstracto y con un texto que hace pensar en Esto no es una pipa de Magritte? La duda de Vautier podría funcionar como una definición del arte contemporáneo que se afirma poniendo entre signos de interrogación su propia condición de arte. 

Yo quería hacer algo nuevo e hice como los demás, 1976


¿Cómo diferenciarse de otros que igualmente persiguen crear algo nuevo?. ¿Sería novedoso repetir lo que ya se ha hecho? 





Si lo nuevo no es ya nuevo, entonces ¿no hacer algo nuevo es lo nuevo? , 1986

El cuadrado negro

I
Durante estos años se celebra el primer centenario de la aparición de las vanguardistas artísticas. Los primeros ismos irrumpieron, con toda su violencia transgresora, entre 1905 y 1925.  Por aquellas fechas se produjo una drástica ruptura con la tradición decimonónica del realismo, el romanticismo y el neo-clasicismo. En la actualidad, y con muy buenos motivos, muchos de esos primeros tanteos parecen pertenecer a un pasado histórico.  Sin embargo, una larga lista de aportes  -entre los que se incluyen,  el collage, la abstracción, los ready-made, los performances futuristas, las provocaciones callejeras de los dadaístas, los esfuerzos de los vanguardistas rusos por integrar el arte a la vida, las asociaciones absurdas, el manejo deliberado del azar, los objet trouves,  el cine y la fotografía experimental- conservan una sorprendente vigencia. Transnacional y poderosamente influido por la emergencia de nuevas tecnologías, el arte contemporáneo sigue siendo una prolongación de las primeras vanguardias.


II
Existe un antecedente del célebre Cuadrado Negro (1915) de Kasimir Malevich. Se trata del lienzo Combate de unos negros en un tunel,  realizado por Paul Bilhaud, en fecha tan temprana como en 1882 (quince años más tarde reproducido bajo el título Combat de négres dans une cave, pendant la nuit).La pintura de Bilhaud –que, evidentemente, era también una broma- poseía aún referencias al mundo real. Malevich, por el contrario, se propuso privilegiar lo que él llamó una “sensibilidad pictórica” ante la cual los fenómenos visibles del mundo objetivo eran totalmente insignificantes.




Paul Bilhead, Combat de négres dans une cave, pendant la nuit (1897), a partir del original  Combat de négres dans un tunnel (1882).





No por casualidad el pintor ruso concibió su Cuadrado Negro el mismo año en que redactó su Manifiesto Suprematista. Ambas creaciones no debieran disociarse. El acto de despojar a la pintura de contenidos y privilegiar la sensibilidad visual parece demandar del texto escrito, no como un complemento, sino algo inherente a la propia obra. Lo visualidad pura deviene en problema teórico. De este modo, gracias a esa dimensión conceptual,  la repetición de lienzos monocromáticos admite ser presentada como diferencia. Las posibilidades parecen inagotables.

Aquí algunos ejemplos (mostrados cronológicamente)
.

Man Ray, Noire, 1930



Ellsworth Kelly, Black, 1951


Ad Reinhardt, Abstract Painting, 1963


Mark Rothko, Black Paintings, 1964

Art & Language, Two Black Squares (The Paradoxes of Absolute Zero), 1966, acrylic on canvas, 36x36cm

Art & Language, Two Black Squares (The Paradoxes of Absolute Zero), 1966

Robert Law, Blue Black Indigo Black, 1977

Maurizio Nannuci, Hazlo tú mismo, homenaje a Malevich, 1968





John McCracken, Black Plank, 1973 


Richard Serra, Pacific Judson Murphy, 1978


Allan McCollum, 40 Plaster Surrogates, 1981


Robert Irwin, Black Painting, 2008-2009

Liz Dechesnes, Black Mirror #1, 2010


Byron Kim, Sin título, 2010


13/11/11

Art Experience:NYC , Vol. 1, No. 4, Otoño, 2011 (en español)


Nuestro cuarto número de ArtExperience:NYC en español ya se encuentra en nuestra página web. Para verlo, visitar http://www.artexperiencenyc.com/EMagazine.aspx


Carlito Carvalhosa

2011-06-08-Art in America profiles Rirkrit Tiravanija

Rirkrit Tiravanija


Tabaimo


Matthew Barney


Do Ho Suh


Tania Bruguera


Julio Bittencourt


Elinor Carucci


Aida Ruilova


Brian Jungen


Gabriel Orozco

31/10/11

Art Experience NYC, Vol. 1, No. 4, Fall 2011

Una nueva edición ArtExperience:NYC ya está en el website. Hemos publicado primeramente la versión en inglés. La traducción al español saldrá próximamente, en el curso de esta semana.


Si alguien me preguntara por recomendaciones, aconsejaría leer la encuesta de Claire Lieberman sobre alternativas a las galerías de arte, donde participan varios prestigiosos artistas. Es un texto extenso que hemos tenido que dividir en dos partes, reservando otro largo segmento para nuestra próxima edición. Luego están las reseñas de Octavian Esanu sobre las exposiciones de Matthew Barney y Brian Jungen. Además el texto del joven y talentoso editor del inglés, Daniel Solecki, sobre la muestra de Rirkrit Tiravanija. Por último, una entrevista que le hice al artista brasileño Carlito Carvalhosa, que actualmente exhibe en el MoMA su instalación Sum of Days.


Estas serían mis sugerencias. También se incluyen textos sobre la artista japonesa Tabaimo (en la foto), el coreano Do Ho Suh, Tania Bruguera, los fotógrafos Julio Bittencourt y Elinor Carucci y el video Goner de Aïda Ruilova. El poeta asturiano Marcos Canteli Vigón contribuyó con unos versos sobre la reciente muestra de Gabriel Orozco en la Marian Goodman Gallery. Finalmente hemos agregado una nueva sección con comentarios breves de lo que se exhibe en Nueva York, entre los meses de noviembre y diciembre. Esto más o menos conforma las 120 páginas de nuestro nuevo número.
Para ver la revista, visitar nuestro website: www.artexperiencenyc.com

24/10/11

Ragas en escala menor

Una colaboración entre Ravi Shankar y Philip Glass. Ambos compositores se propusieron integrar el acervo de la música tradicional india y el minimalismo de las obras de Glass. Ragas en escala menor es una de las piezas del álbum Passages (1990).

9/10/11

Dos de Paul Krugman


Muchos de nosotros no tenemos una idea nada clara de cómo funciona la economía. Las llamadas derivadas, por ejemplo, son ecuaciones incomprensibles para cualquiera que no esté familiarizado con la materia. Lo mismo puede decirse de muchas leyes del mercado. Es por eso que se agradece el punto de vista del Premio Nobel y columnista del New York Times, Paul Krugman. Aquí su versión, evidentemente simplificada –pero también, evidentemente, autorizada- sobre la actual recesión:

En el primer acto, los bancos aprovecharon la desregulación para andar a sus anchas (y pagarse a sí mismos sumas formidables) e inflar enormes burbujas por medio de préstamos descabellados.  En el segundo acto, las burbujas explotaron –pero los bancos fueron rescatados por los contribuyentes, con asombrosamente pocas cuerdas atadas, incluso cuando los trabajadores comunes siguieron padeciendo las consecuencias de los desmanes de los banqueros. Y, en el tercer acto, los bancos mostraron su gratitud al volverse contra quienes los habían rescatado, retirándoles su respaldo –y las fortunas que todavía poseían gracias a los rescates- detrás de políticos que prometieron mantener bajos sus impuestos y desmantelar las leves regulaciones que se erigieron en las secuelas de la crisis.
Traduzco otro fragmento del artículo de Krugman:
Es cierto que algunos de los manifestantes se visten de forma extravagante o tienen consignas que suenan estúpidas, lo cual es inevitable, dado el carácter abierto de los eventos. Pero, ¿y qué? Yo al menos estoy mucho más ofendido al ver a los plutócratas -que deben su ininterrumpida fortuna a garantías gubernamentales-exquisitamente trajeados,  berreando que Obama ha dicho cosas hirientes sobre ellos, que ante la mirada de unos jóvenes desarrapados que denuncian el consumismo.
 Aquí el texto completo en inglés.

8/10/11

Obama y su sombra

Existe una continuidad entre el movimiento que condujo a la victoria electoral de Barack Obama y las protestas que están teniendo lugar en decenas de ciudades norteamericanas. Quienes hace cuatro años aclamaron al entonces senador de Illinois, albergaron esperanzas que no difieren de las que hoy animan a los partidarios del Ocuppy Wall Street.  Las consignas Hope y Yes, we can son las que, sin pronunciarse, nuevamente inspiran a los manifestantes. Quienes asisten al Zuccotti Park tienen la ilusión de que presionarán lo suficiente como para que el poder financiero dé su brazo a torcer, redistribuya de manera más equitativa las riquezas y devuelva un poco de estabilidad al mercado laboral. Solo que en el Zuccotti Park, entre las numerosas pancartas, letreros y slogans, el Hope y el Yes, we can brillan por su ausencia. Hay una razón para que sea así. Si Ocuppy Wall Street es una prolongación del multitudinario apoyo que recibió Barack Obama en el 2008, ahora esas multitudes, integradas quizás por los mismos grupos sociales, expresan también una profunda inconformidad con el presidente que ellos mismos eligieron. 

Los cerca de tres años de gestión de Obama, los numerosos obstáculos que han mutilado su Hope -hasta convertirla en el desencanto actual-  han evidenciado el fracaso del sistema democrático. Obama ha puesto de manifiesto la incapacidad de las instituciones gubernamentales para hacer valer las aspiraciones de los votantes. El presidente, que contaba con una mayoría demócrata en el Congreso y el Senado, no pudo satisfacer las espectativas de quienes lo llevaron al poder. Los demócratas, aunque gozaron de un considerable poder político, se comportaron de manera vacilante. Agravaron el problema del desempleo, produjeron un engendro que hicieron pasar por una reforma del sistema de salud, entregaron sumas descomunales a las grandes corporaciones y se enredaron en una contienda bélica que no tiene ni pies ni cabeza: Afganistán. Todo esto sin ganarse ni la más mínima lisonja de los republicanos, a quienes Obama sólo recientemente ha dejado de cortejar. A esto se redujo el Hope. El Yes, we can fue un fiasco descomunal.

La contienda electoral del 2012 ya ha empezado. Se pronostica que será la más costosa de toda la historia de los Estados Unidos. Pero ahora parece que estamos a años luz de aquella pugna tan encarnizada entre los Clinton y Obama. Nadie hasta el momento se ha mostrado demasiado interesado en ser el próximo presidente. Hace meses que Hillary Clinton anunció que no se presentará como candidata, mientras Sarah Palin ha preferido anteponer a su familia (con lo cual le ha quitado parte del show a Tina Fay). El favorito hasta el momento –Barack Obama- es una figura descolorida. Una encuesta le concedía un 41 por ciento de popularidad.  ¿Really? Hasta ese número parece inflado. La ventaja de Obama con respecto a los líderes republicanos consiste, sencillamente, en que se le percibe como el mal menor. Me intriga cuál podría ser su próxima consigna.

Sospecho que el adversario más temible de Barack Obama sea su propia sombra, de la que perdura esa Yes, we can del rapero Will. I.am ¿Recuerdan la canción? En un fragmento del discurso a partir del cual Will.I.am creó esa pieza magistral, Obama dice: Nada podrá oponerse al poder de las millones de voces que piden un cambio. Qué tiempos aquellos. Merece la pena volver a escuchar aquel discurso.

5/10/11

Ocuppy Wall Street (II)

En toda la vida política sólo hay una cosa que comprendo, y es el motín, le escribió Flaubert a su amante Louise Colet, en una carta fechada el 6 de agosto de 1846. La frase, a pesar de la enorme distancia que separa al  novelista francés de nuestro presente, describe con síntesis admirable el conflicto de las oposiciones al poder en la vida política contemporánea, donde además de manifestar cierta cuota de inconformidad, no parecen existir alternativas frente al proyecto neo-liberal. Durante su campaña electoral, Obama encendió las esperanzas de reformar el capitalismo contemporáneo; pero muy pronto el presidente norteamericano no sólo terminó por defraudar a la gran mayoría; sino que algunos, como Noam Chomsky, lo han visto como un continuador de la política de George W. Bush. Un seguidor que puede ser incluso más nocivo que el otrora mandatario republicano.  La oposición en la vida política contemporánea pudiera verse, sobre todo, como una consagración del anarquismo, donde sólo existe el júbilo de la protesta, el motín como la única reacción que posee algún sentido porque el resto de las propuestas parecen insuficientes, como si hubiesen quedado descuartizadas y ya sin aliento.

Ocuppy Wall Street es uno de esos ejemplos donde el motín es lo único comprensible. Las grandes cadenas de la información, sin poder prolongar por más tiempo la indiferencia hacia los manifestantes, han optado por etiquetar el movimiento de “desorganizado” y “carente de metas”. Y no les falta razón. Si uno va a Zuccotti Park, donde permanecen congregadas unas ochocientas personas, podría ver que lo mismo se protesta por la ejecución del recluso negro Troy Davis en Georgia, como contra la guerra en Afganistán, el maltrato a los animales, el deterioro al medio ambiente y, sobre todo, contra Wall Street y el sistema tributario –donde son los sectores menos pudientes de la sociedad norteamericana los que, en su conjunto, aportan la mayor parte de los ingresos en términos de impuestos. Yendo un poco más lejos en esta diversidad, casi como una nota curiosa, una mujer asiática y cincuentona, me entregó un ejemplar de una publicación periódica del Partido Comunista Norteamericano, correspondiente al 28 de agosto (hasta la fecha estaba atrasada). Lamenté haberlo arrojado a la basura sin antes al menos revisarlo. El Partido Comunista Norteamericano es algo tan obsoleto, tan apagado que no puedo dejar de verlo como un verdarero fantasma, totalmente invisible o solo visible para algunos enajenados que pueden contarse con los dedos de las manos.

Al mismo tiempo, lo que asisten a Ocuppy Wall Street, parecen tener algunos reclamos específicos que, más allá de la aparente falta de coherencia, le confieren alguna unidad al movimiento. Estas reformas podrían resumirse de la siguiente manera. 1. Ajustes a las regulaciones tributarias, 2. Leyes que ofrezcan formas de contener o impedir futuros desajustes financieros, 3. Que se lleven ante la justicia a los responsables de la presente crisis. Básicamente, exigen una intervención más radical del estado en la administración del sistema democrático.  


2/10/11

Ocuppy Wall Street


Hace unos pocos días, un supuesto agente de la bolsa, posteriormente tildado de parlanchín, fue contactado por la cadena de televisión británica BBC. Los breves minutos que duró la entrevista lo convirtieron en una celebridad mundial. Ante las cámaras Alessio Rastani lanzó afirmaciones tan contundentes como: "A la mayoría de los especuladores no nos importa mucho cómo se va a arreglar la economía o como se va a arreglar toda la situación. Nuestro trabajo consiste en hacer dinero. Personalmente he estado soñando con esto durante tres años. Debo confesar que cada noche me voy a la cama y sueño con otra recesión, sueño con otro momento como este".  Y terminó con un “los gobiernos no dirigen el mundo, Goldman Sach dirige el mundo”.  Difícilmente pueda encontrarse una frase tan fulminante para señalar los límites de las democracias occidentales. Sin embargo las palabras de Rastani también contenían simplificaciones: La bolsa no es del todo indiferente ante una crisis mundial que ahoga al mercado y que engendra no sólo numerosas inestabilidades sociales y políticas, sino también en la propia bolsa. Por otra parte, los gobiernos, por mucho que no dirijan el mundo, poseen la capacidad de establecer regulaciones que obstaculicen la posibilidad de una recesión económica  o atenúen el poder desmedido de los grupos financieros. Que esas interdicciones no se hayan implementado o hasta se hayan derogado es otro problema que evidencia el influjo del capital sobre las instituciones estatales.

La nueva ola de protestas en las democracias occidentales difiere de las  que acontecen en las naciones árabes. Estas últimas están dirigidas, ante todo, contra gobiernos dictatoriales y casi siempre dinásticos. En Europa y ahora en los Estados Unidos, los manifestantes  se enfrentan primeramente contra las instituciones bancarias. Es decir, contra ese poder por encima del estado que, según afirmó Rastani, gobierna el mundo. 


Durante el mes de septiembre se ha asistido, sin todavía alcanzar la difusión mediática que merece, a convocatorias de protestas frente a Wall Street. Es un movimiento creciente. Lo iniciaron nueve personas y ahora, al cabo tres semanas, cuenta con miles de seguidores, además de inspirar a movimientos similares en otras ciudades norteamericanas.  Ayer, 1 de octubre, hubo más de setecientos arrestos en un congestionado Brooklyn Bridge.  Cada día que transcurre el movimiento parece crecer de manera exponencial, hasta hacerse de un espacio mediático e incluso de una fuerza que pudiera alcanzar una representatividad política.  


Como era de esperar, Occupy Wall Street ha despertado el entusiasmo de los críticos más acérrimos del capitalismo norteamericano, como Michael Moore,  Noam Chomsky, KeithOlbermann ; pero también de la actriz Susan Sarandon y  los simpatizantes de Denis Kucinich,  del republicano Ron Paul y del independentista Nader (estos últimos traman una alianza política) han comenzado a colgar videos en los que presentan a estos candidatos como simpatizantes del movimiento .

Una vez más han sido sobre todo las redes sociales los espacios desde donde se divulgan y organizan las protestas: Twitter, Facebook, Youtube, los blogs y la propia página web de Occupy Wall Street.  Las grandes cadenas de televisión norteamericanas, ABC, CNN, NBC, Fox y CBS parecen mantener un comportamiento bastante discreto, a pesar de que sus centros de operación se encuentran en el corazón de Manhattan.  El presidente Barack Obama no ha pronunciado aún ni una palabra, mientras el alcalde de la ciudad, Michael Bloomberg, si bien no ha sido del todo explícito, ha dado a entender que podría hacer abortar las protestas. La gente tiene derecho a protestar - dijo en una entrevista radial, que fue también fue transmitida por un canal de televisión- pero también las demás personas tienen derecho a caminar por las calles sin ser molestadas” y además ha comenzado a hacer declaraciones que tienen a redimir alos bancos de su papel en la crisis.

Continuará

27/9/11

¿Hacia un socialismo moderado?


Segunda y Tercera parte de la conferencia de Rojas.


En su reciente y lúcida presentación para Estado de Sats, el investigador Rafael Rojas ha llamado la atención sobre la emergencia de una pluralidad ideológica en la esfera pública de la sociedad cubana. Una diversidad que, por ahora, se mantiene dentro de una continuidad del socialismo  y que, en esencia, viene a agregar una crítica contra la línea de corte marxista-leninista y martiana, consagrada por la constitución cubana de 1976 y posteriormente ratificada en las versiones de 1992 y el 2002.  Otras posiciones, como el liberalismo, la democracia o la democracia cristiana, no han encontrado aún espacio en las discusiones políticas nacionales. Estarían, si acaso, tímidamente esbozadas por grupos opositores que todavía no gozan del suficiente respaldo popular (aun cuando gran parte de la población se identifica con sus reclamos),  ni tampoco de un espacio que les permita participar en un necesario diálogo político. La conferencia de Rojas tiene el mérito de hacer notar que el proyecto de raigambre stalinista, se encuentra en crisis, tal vez exhausto y su unidad ideológica –que asociaba el socialismo a la defensa de los intereses del pueblo o de la nación- se ha desmembrado, mientras las propuestas moderadas y reformistas adquieren una mayor vitalidad. A mi juicio, las palabras de Rojas se enfocan en problemas debieran pensarse sin dilación, tanto en Cuba como en la diáspora. Muy acertadamente sus palabras iniciales fueron, de cierta forma, una exhortación a dejar a un lado los enfrentamientos personales para privilegiar los puntos de vista que están representados por el grupo o el individuo que los enuncia. La conferencia de Rojas deja abierto un fructuoso espacio para la polémica.

Rojas distingue tres propuestas que, sin alejarse de la continuidad de un proyecto socialista, se erigen como alternativas al presente oficialismo. Además de la ideología marxista-leninista y martiana, tipificada por la vieja guardia y que constituye la línea dura y conservadora dentro de la cúpula del poder, se aprecian otras corrientes moderadas. Serían, en primer lugar, los partidarios de  una mayor participación en la economía de mercado sin abandonar los principios de una economía planificada y en manos del estado, luego los defensores de los derechos civiles, pero que son reticentes a una apertura hacia el mercado y apuestan por formas de producción cooperativas o empresas mixtas. Finalmente, con una voz más tenue, aquel socialismo en el que la asimilación de elementos de la economía de mercado no entraría en conflicto con progresos en el ejercicio de los derechos cívicos. La sutileza de la conferencia de Rojas ha consistido en saber precisar las diferencias entre estas tres últimas tendencias. Sería pertinente observar que estas posiciones no son necesariamente irreconciliables. De hecho podría afirmarse que coinciden –o confluyen- en su crítica a la ideología propugnada por el estado.

Convendría agregar que estas pugnas entre ideólogos moderados y partidarios de la línea dura, posee, dentro de las más de cinco décadas de la llamada Revolución, una larga trayectoria. Se inician tan tempranamente como en enero de 1959 y fueron polémicas que también se trasladaron a la esfera de la cultura y al campo, un poco más cerrado, de las formas artísticas. Incluso se puede hablar de instituciones que tuvieron un perfil más bien moderado –como el ICAIC y la Casa de las Américas- frente a las posturas usualmente más rígidas de organismos como el ICRT, la FAR o la CTC. Las tendencias reformistas no han dejado de forcejear y en ocasiones conocieron momentos de una inquietante pujanza, hasta el punto de haber sido abruptamente cercenadas, por medio de destituciones de funcionarios y medidas impopulares. Así ocurrió entre 1968 y 1971, en ese lapso temporal que va de la estatalización de los últimos reductos de la pequeña empresa  hasta el Primer Congreso de Educación y Cultura. La historia volvió a repetirse más tarde, en la segunda mitad de los ochenta, cuando los partidarios de aperturas económicas y cívicas comparables a las que acontecían en la Unión Soviética perdieron la batalla. Podría irse un poco más lejos y decirse que estas diferencias entre dogmáticos y reformistas estuvieron presentes en el socialismo internacional, siendo los moderados quienes ocuparon una posición desventajosa, minoritaria en cuanto a su poder político, aunque usualmente respaldadas por amplios sectores de la población y sobre todo por los jóvenes.  

La novedad que se puede apreciar en estos momentos en el caso cubano consiste -como apunta Rojas- en que el debate se ha llevado a la esfera pública y en que son los propios defensores de la línea dura quienes han emprendido, con todas las reticencias  y con toda la lentitud que se quieran, algunas de las reformas económicas. Lo hacen bajo evidentes presiones, con merodeos, con retrocesos; pero parecen forzados y hasta decididos a llevar a cabo dichas concesiones. Quizás no tengan muchas otras alternativas para prolongar su permanencia en el poder. Lo cierto es que dos décadas después de la caída del bloque socialista en Europa del Este, la ideología de orientación marxista-leninista y martiana, pertenece cada vez más al pasado, es un discurso en el que ya nadie cree, si es que no ha empezado a convertirse en una letra muerta, repetida por inercia.


Es difícil precisar qué proyecto social o qué vertiente ideológica en específico desea la gran mayoría de la población cubana. Ni siquiera los grupos opositores parecen aportar gran claridad sobre el asunto; pero todo parece indicar que los cubanos están hastiados de la ideología que han tenido que padecer durante más de medio siglo. Sospecho tampoco aspiren a que se instaure un capitalismo neoliberal, tal y como lo conocemos ahora, donde la contradicción enunciada por  Maurizio Lazzarato (hacer que el individuo consuma lo más que pueda, para de este modo satisfacer las demandas del mercado, y al mismo tiempo, procurar que gaste lo menos posible en educación, salud, cultura y otras formas de seguridad social) se convierte en un conflicto político cada vez más acuciante. Muy bien podría ocurrir que el cubano medio quiera, dentro del socialismo, aperturas económicas o libertades cívicas y  a su vez conservar la salud y la educación gratuitas, el módico acceso a la cultura y las bajos pagos sobre la  vivienda. Es decir, no sería del todo descabellado creer que los cubanos, inconformes por el presente, se inclinen por la variante de un socialismo moderado, tal y como el que sostienen algunas de las posiciones ideológicas que describe Rafael Rojas.


Sólo que estos proyectos, moderados o reformistas, posiblemente sean difíciles de implementar. El tradicional fracaso de los reformistas en los regímenes socialistas parece haber sido un rasgo inherente a la conservación del propio modelo social.  El ascenso al poder de los defensores de aperturas dentro del sistema puso en peligro el orden imperante y fue el detonante fundamental en el derrumbe de los socialismos en Europa del Este. Los moderados parecen ser un poder meramente transicional, que a corto plazo vendría a confirmar aquella definición que afirma que el socialismo es el tiempo perdido entre un capitalismo y otro. En la práctica un socialismo moderado es incosteable desde el punto de vista económico y posiblemente tampoco pueda prosperar desde el punto de vista político.

15/9/11

Flashmob en la Habana


En Cuba, algunos eventos culturales eran fiestas multitudinarias. Pienso en los festivales de cine latinoamericano, donde el entusiasmo inundaba las calles habaneras. Las largas colas en las entradas de las salas cinematográficas eran espacios de socialización y la gente iba ávidamente de un filme a otro, en jornadas maratónicas. Las propias noches invernales parecían conspirar para convertir aquella semana en una celebración. Recuerdo el Festival de música coral en Santiago de Cuba. Las agrupaciones de estudiantes de canto, en los parques, entonando piezas de la trova tradicional o una orquesta, igualmente conformada por estudiantes, interpretando la Fantasía Coral de Beethoven, un domingo, bajo el sol matinal. Para los interesados en las artes visuales, alguna que otra Bienal de la Habana tuvo también ese encanto. Eventos culturales que, si bien eran patrocinados por el estado, esquivaban convertirse en actos de propaganda política y contribuían a enajenarnos, aunque sea por unos días, de todos aquellos discursos narcisistas sobre el sacrificio, el deber, el orgullo y la patria. Más bien parecían continuaciones de esas festividades caseras, donde se cantaba hasta la madrugada, entre guitarras, conversaciones íntimas, chistes y tragos de aguardiente.

En el sitio web DDCuba veo este Flashmob, filmado en la Habana, el 20 de noviembre del 2010. La coreografía me hizo pensar en la vitalidad y el carácter juvenil que yo disfrutaba en aquellas actividades culturales. Está claro que no representa la realidad de Cuba, pero al menos para mí es un delicioso antídoto contra esas miserias cotidianas –como el reciente altercado entre Pablo Milanés y Silvio Rodríguez- que, de tan insistentes, se han vuelto enajenantes.

1/9/11

SORRY

El diseñador Ángel Hernández ha creado una versión -quizás sea más exacto decir una 'actualización'- de uno de los carteles más divulgados durante la campaña electoral del presidente Barack Obama. Una imagen vale más que mil palabras. Nunca mejor dicho.



20/8/11

Un museo escindido





Este verano, en el MoMA, llama la atención la insistencia con la que aparecen las pantallas de los televisores. En una pared se colgaron seis pequeños retratos de Lucien Freud, como un homenaje al recién fallecido artista británico. En otro de los pisos hay un lienzo de Cy Twombly, un modo de rendir tributo a este gran pintor, quien al igual que Freud, dejara de existir el pasado mes de julio. La evocación de estos dos difuntos -que con todo derecho pueden contarse entre las figuras cimeras del arte de la segunda mitad del siglo XX- parece también albergar un sentido simbólico: la pintura se hunde aún más en su agónico final. Es cierto que su muerte, anunciada hace más de cuatro décadas, se pospone indefinidamente, pero la enfermedad terminal no cesa de avanzar y propagarse.  En las muestras del MoMA las superficies bidimensionales del lienzo o la cartulina han sido sustituidas por los rectángulos planos del plasma TV. Televisores de diferentes tamaños, dispuestos en el suelo o en las esquinas,  en los pasillos o ubicados en el medio de la sala. Pantallas que exhiben fotografías, cortos fílmicos, letreros, imágenes computarizadas.  El sueño vanguardista de fusionar el arte a la vida parece estar a punto de cumplirse. Y no porque se hayan derogado las paredes del museo; sino porque la pantalla desde donde se transmiten las imágenes artísticas son similares a las del televisor de nuestro hogar o al monitor de una computadora. El arte se integra  a la vida no tanto por salir a las calles y oponerse a las instituciones artísticas; como por acudir a los mismos soportes  electrodomésticos y a los mismos avances tecnológicos que han poblado nuestra existencia cotidiana.





Ya en selección de los fondos del museo se incluyen algunos videos, entre los que figuran obras de los años 70, como un performance Hannah Wilke, haciendo un streap tease detrás del Gran Vidrio de Duchamp. Hay una proyección de Glenn Ligon en una sala a oscuras, transformada en uno de esos  llamados ‘cubos negros’ que se han vuelto tan usuales en las exhibiciones de arte contemporáneo.  Además de otros videos, exponentes del arte feminista y de las (mal) llamadas minorías sexuales. 




En la misma planta, la muestra personal  Images of war (Imágenes de la guerra) de Harun Farocki.  El artista de origen checo nos recuerda que vivimos en una sociedad de la vigilancia en la que el cliente de un supermercado es observado con el mismo celo que un recluso en una prisión de máxima seguridad y los video juegos no son muy distintos de los programas que se emplean en las prácticas de adiestramiento militar o como simuladores de topografías donde habrán de lanzarse misiles de alta precisión. En el segundo piso, bajo el título Talk to me (Háblame) se exhiben imágenes artísticas interactivas: filmes en tercera dimensión, pantallas sensibles al tacto, animaciones computarizadas, máquinas que interactúan con los usuarios,  objetos robóticos que parecen comportarse según lo decida el espectador. En la sala dedicada a la arquitectura y al diseño hay también numerosas pantallas, al igual que en el vestíbulo del museo.


Es evidente que estamos ante un drástico cambio cultural, marcado por la preponderancia de los acelerados hallazgos tecnológicos, aprovechados con propósitos artísticos. Es también la consolidación de una sensibilidad más a tono con nuestro tiempo. El museo de arte moderno transformado en un museo contemporáneo, e incluso proyectado hacia el futuro. Gracias al plasma TV, a las pantallas, a las bandas sonoras, los espectadores disfrutan de obras de arte que les resultan más cercanas a sus inquietudes, a su entorno y también a sus maneras de apreciar las imágenes. Formas de percepción  indudablemente influidas por el contacto cotidiano con los ordenadores, los espacios virtuales e interactivos,  los anuncios publicitarios y los programas de televisión. Un mundo más vertiginoso, más dinámico, de efectos visuales que resultan fulgurantes.

Después de asistir a tantas manifestaciones de arte contemporáneo, el arte de las vanguardias parece pertenecer a un mundo adormecido del que el espectador está definitivamente divorciado. 

En la tarde del viernes, las multitudes todavía siguen visitando las colecciones de arte de la vanguardia. Sólo que es cada vez más frecuente ver a los jóvenes y los turistas aprovechar la ocasión para tirarse una foto junto a pinturas de Picasso y Matisse  o vagar con aire de satisfacción por encontrarse en un recinto repleto de nombres que han pasado a la historia del arte, venerados como ‘maestros’ y convertidos en figuras legendarias. Pero un arte que parece lejano, no tanto por la distancia temporal, como por las envejecidas búsquedas estéticas que lo animaron. Hasta los mismos ready-made de Duchamp  parecen demasiado simples y dan la impresión de ser ingenuos ejercicios de clase frente a los sofisticados videos que se proyectan en las otras salas. Lo mismo para los artistas abstractos norteamericanos y en menor medida para los minimalistas y post-minimalistas. Sus obras parecen estar enunciadas en una lengua que va quedando en desuso, dirigida solo a unos iniciados.

 El gran público, eufórico ante el nuevo arte, no parece interesarse en el atractivo visual de los lienzos vanguardistas. En el vestíbulo del museo, el Balzac de Rodin difícilmente hubiese podido despertar más indiferencia. Nadie se detenía a mirarlo. El propio espacio en el que está emplazado se encontraba totalmente desierto, en un viernes donde la entrada es gratuita y el museo está  atestado de personas. El nuevo arte no sólo envejece con celeridad; sino que ha tornado vetustos a sus propios precursores. Ahora parece abrirse un abismo entre las salas dedicadas al arte moderno y aquellas donde se exhiben obras contemporáneas.    

Carece de sentido renegar de lo nuevo y mirar con nostalgia los valores estéticos del pasado. En lugar de una mirada apocalíptica es preferible constatar que se ha impuesto una nueva sensibilidad. Como había sostenido Donald Kuspid, la dimensión ideológica y los avances tecnológicos prevalecen sobre el goce estético y la dimensión poética.  Pero no se trata, como afirmó Kuspid, de una muerte del arte, sino de un nuevo semblante, más próximo también a un nuevo espectador.