31/7/10

Millenium

I
Supe de la trilogía Millenium gracias a una reseña que escribió Mario Vargas Llosa para el diario español ElPaís. El escritor peruano hablaba de una novela defectuosa y que no obstante lo cautivó durante varias semanas de un modo similar al que, durante su adolescencia, le inspiraron las obras de Hugo o Dumas. La novela no está bien escrita, dice Vargas Llosa y, por desgracia, no entra en mayores detalles. De inmediato sugiere que las deficiencias podrían deberse más bien a la labor de los traductores. En efecto, desagrada ver a la protagonista, Lisbeth Salander, pronunciar un “sagrada hostia” o escuchar ocasionalmente expresiones tan ibéricas como “vale” o “joder”. Es chocante imaginar esas palabras en un ambiente nórdico, donde los personajes tienen nombres escandinavos que a veces no es sencillo deletrear en castellano.
Con respecto a las imperfecciones en la estructura narrativa, también lamenté que Vargas Llosa no se detuviese a explicarlas, sobre todo porque era lo que parecía prometer su párrafo introductorio. Yo no puedo opinar mucho sobre debilidades estructurales de una novela y me encanta cuando alguien a quien admiro puede ofrecer comentarios al respecto.

La reseña de Vargas Llosa me dejó con una inmensa curiosidad hacia la trilogía de Larsson. Quería no sólo leer una novela recomendada por uno de mis autores favoritos; sino también tratar de identificar, si es que me fuese posible, cuáles pudieran ser las imperfecciones de la narración.

II
Un segundo detalle vino a aumentar mis deseos de comenzar la trilogía. En Estados Unidos el título de la primera novela fue cambiado de manera notable. ¿Por qué la casa editora norteamericana decidió traducir Män som hatar kvinnor –en español Los hombres que odiaban a las mujeres- como The girl with the dragon tatoo (La joven con el tatuaje del dragón)? Me encontraba ante la rara circunstancia de una novela con dos títulos que me orientaban hacia dos pistas por completo distintas.

III
Una vez comenzada la lectura, es difícil soltar el libro. Desde los primeros párrafos, donde un octogenario recibe como regalo de cumpleaños una enigmática flor –no conoce qué tipo de planta es, ni quién es su remitente-, hasta los desenredos finales, la novela conversa su capacidad para intrigar. Larsson es muy hábil para dejar al lector pendiente de lo que ocurrirá en la próxima página. Para ello se sirve de un recurso muy convencional y que hasta parece imprescindible en la estructura de una telenovela: dos o más historias, contadas de forma paralela, que continuamente se interrumpen unas a otras, precisamente en el momento en el que está a punto de conocerse un detalle revelador. Larsson es un experto en diferir los desenlaces y en conducir la trama hacia sitios inesperados.

IV
¿Sabes? Mi Tatiana se casa, le escribió Pushkin a un amigo. Tatiana no tenía ningún parentesco con el escritor. Era la protagonista de su novela Eugenio Oneguin. Mientras Pushkin trabajaba en su narración en versos, el personaje ficticio iba adquiriendo una vida propia y el autor anunciaba su boda como un acontecimiento que él mismo no había podido anticipar. Tal vez por eso, gracias a que el personaje había cobrado tanta vida en la imaginación del escritor, Pushkin hable de “Mi Tatiana”, como si se refiriera a un ser cercano y querido.
A medida que se avanza en las novelas de Larsson se hace evidente que Lisbeth Salander con sus comportamientos asociales y con su inteligencia exagerada, es quien hechiza y seduce al escritor, como si a partir de determinado momento la joven hablase con una voz propia. Larsson logra inocular en el lector su afecto por Salander. Difícil no inquietarse al sentir que su vida peligra, no padecer con sus conflictos sentimentales o dejar de alegrarse con el éxito de sus maniobras. Larsson supo construir una complicidad asombrosa entre el lector y la protagonista. Esto es bastante llamativo por dos razones. La primera es que la trilogía Millenium es una novela de acción, cercana al thriller y al menos en apariencia distante de lo que en algún momento se dio en llamar novela psicológica. La segunda es que Larsson caracteriza a Salander de una manera esquemática, siguiendo los síntomas más conocidos del Síndrome de Asperger (memoria fotográfica, interés en la astronomía o las matemáticas y un obsesivo perfeccionismo, como maneras de compensar la dificultad para relacionarse con los otros e interpretar las respuestas emotivas de los demás). Bien pronto el personaje, trascendiendo estos rasgos generales, empieza a actuar de una manera muy individualizada y a su modo heroica.

En una novela donde -a pesar de que hayan traidores, hipócritas y espías- están perfectamente delimitadas las fronteras entre los buenos y los malos, Lisbeth Salander ocupa un lugar muy especial. Posee un afán de justicia, un deseo de ayudar a los débiles y una perspicacia excepcionales. Ella figura, innegablemente, entre los justicieros. Y sin embargo, en otros aspectos es un ser inescrupuloso. Una hacker que desde su laptop manipula y fisgonea a su antojo en la vida de los otros, sin importar que se trate de un enemigo o de una persona querida. No es este un defecto más o menos secundario; sino una obsesión clandestina, un impulso libidinoso y, sobre todo, una forma de adquirir poder sobre los demás, aunque en ocasiones sea para ayudarlos. El siguiente comentario, descrito desde la posición del anciano Holgen Palmgren, quien tuvo a la joven bajo su custodio legal, sirve para explicar el comportamiento de la protagonista:
Ella estaba tramando algo de lo que no deseaba hablar. Estaba convencido que iba a oponerse a lo que Lisbeth estuviera maquinando, pero confiaba lo suficiente en ella como para saber que fuera lo que fuera se trataba de algo Jurídicamente Dudoso, pero de ningún delito contra las leyes de Dios. Porque, a diferencia de casi todos los demás, a Holger Palmgren no le cabía la menor duda de que Lisbeth Salander era una persona con principios morales. El problema es que su moral no siempre coincidía con lo estipulado por la ley.

En la novela de Larsson es insistente la desconfianza hacia las instituciones del poder. Los abogados, los políticos, los magnates son personas corruptas; pero igualmente putrefacto es el sistema jurídico, empresarial o gubernamental que ellos representan. La justicia sólo puede enmendarse desde la clandestinidad, a través de estrategias que deben gestarse en el más estricto secreto, por medio de arriesgadas iniciativas individuales.

V
En las novelas de Larsson, salvo contadas excepciones como en la reacción de Lisbeth Salander contra Mikael, los contactos sexuales se confunden continuamente con la amistad, las deslealtades no sólo parecen prácticas por completo cotidianas; sino que son consentidas en nombre de un vínculo afectivo más profundo. Los buenos de la novela son promiscuos y apenas ponen empeño en ocultar sus encuentros sexuales adúlteros. La infidelidad no es para ellos un problema demasiado inquietante. A lo sumo, provoca algunas situaciones embarazosas. Mikael es una especie de Don Juan; Erika ama a su esposo, con quien participa en orgías, sin que el afecto hacia su cónyuge le provoque remordimientos a la hora de disfrutar de una plenitud sexual con su amante. A Salander ni siquiera le importa autodefinirse como hetero o como homosexualidad. Esta separación no tiene ningún sentido para ella. La promiscuidad sexual, saludable y libertaria, parece ser la contrapartida a la corrupción, las violaciones, el sadismo y el crimen.

13/7/10

Miró y el Sol

Joan Miró. Mujer ante el sol.

I
André Breton escribió en alguna ocasión que la producción artística de Miró daba fe “de una inocencia y una libertad que no han sido nunca superadas”. De esa frase me gusta la proximidad entre inocencia y libertad, como si una palabra implicara a la otra o como si entre ambas designaran una experiencia muy peculiar y a todas luces dichosa: el momento en el que la inocencia es también libertad.

Joan Miró.Mujeres y pájaros a la salida del sol


II
El mundo de Miró se reduce a representaciones muy simples y casi siempre joviales: el hombre en una insólita proximidad con las estrellas, como si se alterasen caprichosamente las relaciones entre todas las cosas. Miró parece recrear esas horas de la infancia en las que se juega a encontrar figuras entre las nubes o a identificar constelaciones en el firmamento.

Joan Miró. Mujer y pájaro ante el sol

III
Es una dimensión arcaica también presente en las cosmogonías de numerosas culturas de la antigüedad. Quizás no sea tan accidental la similitud entre la representación del sol en un lienzo de Miró y el disco solar en la cornamenta de la divinidad egipcia Hathor, que encarnaba los poderes del amor, la maternidad y la alegría.



IV
Los motivos iconográficos en la pintura de Miró son más bien reducidos y pueden inventariarse con relativa facilidad. La imagen del sol es siempre la misma a lo largo de su obra: una forma oblonga, coloreada con un pigmento rojizo o naranja. La representación del sol no pasa de ser un ideograma cuyo significado está frecuentemente redoblado por la palabra SOL en el título de la imagen. La pintura de Miró es en muchos sentidos una escritura: signos que se reflejan unos en otros, que dialogan entre sí, que se atraen, que emergen entre los chorreados espontáneos, en los palotes trazados juguetonamente o en los brochazos improvisados. Sol: un ideograma demasiado obvio, representado con ingenuidad. Es decir, con una alegría excesiva, como si se aprendiese a nombrar el mundo por vez primera.

Joan Miró. Vuelo de la libélula delante del sol.

9/7/10

Un video sobre el artista cubano Luis Trápaga

La blogger Lía Villares me envía este video del artista cubano Luis Trápaga. Hará uno dos años escribí aquí que Trápaga es un creador apenas conocido en el escenario artístico cubano, como suele ocurrir cuando se trata de alguien que trabaja bastante al margen de las modas imperantes y con una marcada apatía por los mecanismos de distribución del arte. Espero que pronto el trabajo de Trápaga se divulgue de una manera más amplia.