26/4/10

Fredric Jameson. Las relaciones internacionales en la literatura mundial.

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El 25 de noviembre de 2008, el pensador Fredric Jameson recibió en Noruega el Holberg Prize correspondiente a ese año. El autor de libros seminales como Marxism and Form, y Postmodernism and the logic of late capitalism, me autorizó a traducir el texto que leyó en el evento de aceptación del premio. Le estoy muy, muy, agradecido por esta amabilidad. La conferencia se titula Foreign Relations in World Literature. Para mi fue un privilegio poder trabajar en esta traducción y poder incluir en mi blog una versión integra de la conferencia. No he podido localizar el texto en inglés en internet, aunque existen dos filmaciones de la lectura de Jameson, que pueden verse online. Aquí me he servido de la presentación que hizo en el Franklin Center de Duke University.

Mi agradecimiento también a mi amigo Paul B. Miller, que me ayudó a identificar algunas de las palabras que yo no lograba reconocer en la lectura de Jameson.
Aquí la traducción al español de toda la conferencia. He dividido el texto en siete segmentos. Hoy he agregado el fragmento que me quedaba pendiente.

25/4/10

Memorias del Desarrollo, premio a la mejor película



I
El 11th Havana Film Festival de New York culminó el viernes pasado en el Director's Guild Theater de New York, con la proyección del documental Eso que anda, dirigido por Ian Padrón, sobre una gira a lo largo de Cuba que hicieran los Van Van en el 2006.

El premio a la mejor película le fue otorgado a Miguel Coyula, por su filme Memorias del Desarrollo. La mejor ópera prima la recibió el largometraje chileno Huacho, de Alejandro Fernández. Voy a ampliar la información lo antes posible. De manera incomprensible, hasta el momento, la premiación del evento ha pasado totalmente inadvertida en los medios de prensa. Ni siquiera -a las dos de la tarde del domingo- se ha publicado en el sitio web del festival. Inusual demora para dar a conocer una noticia.

Compitieron quince películas en tres categorías. El jurado estuvo integrado por Michael Hausman (productor de Gangs of New York, Brokeback Mountain y The people vs. Larry Flynt), el productor Sandy Lieberson (Rock and Roll Circus –el conocido filme de 1969 sobre los Rolling Stones- y Stardust) y Louis Perego, presidente de la National Association of Latino Independent Producers (NALIP)

II
En esta ocasión el festival incluyó un homenaje al cineasta cubano Enrique Pineda Barnet. Fue una oportunidad excepcional para ver su corto Cosmoramas (1963), presentado en el King Juan Carlos I of Spain Center de la New York University. Un documental de 4 minutos de duración, hecho a partir de juguetes lumínicos que el artista rumano Sandú Darie creó con el propósito de convertir su propia morada en una obra de arte. Cosmoramas es a un mismo tiempo una de las primeras expresiones del arte cinético en Cuba y una de las más tempranas formas de video art que se realizaron durante los sesenta en todo el planeta. Por sus efectos visuales, también pudiera mostrarse como una anticipación del arte psicodélico. Igualmente, pese a su relevancia dentro de la cultura cubana y su carácter experimental dentro del desarrollo de las artes visuales, Cosmoramas es una obra apenas conocida y pobremente divulgada.

III
Aquí un enlace a una reseña que escribí para DDCuba sobre el filme Memorias del Desarrollo

Amos del universo



De manera inmediata, la escultura Masters of the Universe, 1998-2000, de Tim Noble y Sue Webster, me recordó a las figuras míticas de Adán y Eva, expulsadas del Paraíso, tal y como las representó Massacio en su fresco para la capilla de Santa Maria del Carmine. Pero el desgarramiento de los personajes bíblicos ha sido subvertido, transformado en entusiasmo y en desafio. Amos del universo es una obra optimista: figuras en marcha, con las cabezas erguidas, los cuerpos desnudos, como si, excomulgados del Paraíso terrenal, avanzaran hacia la posesión de la realidad. Por su título, la obra parece indicar que no es el hombre o la mujer aisladamente, sino la unión sexual y afectiva la que proporciona los poderes sobre el universo. Contra un fondo blanco, la escultura de Noble y Webster sugiere una persistencia y una proyección hacia el futuro de fuerzas primitivas, salvajes y fundadoras.

17/4/10

Voi che sapete

La mezzo-soprano Frederika Von Stade, en el rol de Cherubino, canta el Voi che sapete de Mozart, dirigida por Sir Georg Solti, en 1980, cuando Von Stade se encontraba en la cima de su carrera.

13/4/10

Draw Wings de Humberto Castro



El próximo viernes 16 de abril, la Cremata Gallery de Miami, inaugurará una retrospectiva de Humberto Castro, la primera dedicada a este pintor. Se exhibirán obras de los últimos veinte años de su carrera. Es decir, se expondrá su trabajo realizado fuera de Cuba, signado por la experiencia del exilio. La figuración de Humberto Castro es a un tiempo marcadamente existencial, expresionista y onírica. Sus creaciones parecen testimonios del desarraigo. Imágenes del hombre que, a falta de un sitio satisfactorio donde asentarse, se encierra en un espacio íntimo. Las alas, las maletas, las figuras mitad humanas mitad moluscos o con remos atados a sus brazos son metáforas de las vivencias del emigrante.

11/4/10

Construir una "Casa de la Vida"



I
Me permito copiar nuevamente un largo fragmento del ensayo Bajo la luna llena con Beranrd Berenson de M. Kirby Talley Jr.–una de las primeras que traducciones hice para este blog- no sólo porque me parece uno de los textos más bellos que he incluido aquí; sino también porque me gustaría relacionar la idea de La Casa de la Vida de Berenson con una de las más inesperadas defensas del museo que hiciera el crítico de arte alemán Boris Groys.

Berenson, como la inmensa mayoría de los historiadores del arte de su tiempo, era un hombre de gustos estéticos muy conservadores. Según escribió en su libro Ver y Conocer, obras como la novela Finnegan's Wake, de James Joyce, no pasaban de ser meras "pompas de jabón y juegos de palabras etimológicos y poliglotas". En las vanguardias artísticas, Berenson vio el síntoma de una profunda crisis de valores, como lo demostraba el hecho que el arte más avanzado guardara numerosas similitudes con el de las culturas arcaicas. Difícil, en la actualidad, compartir las tiradas de Berenson contra el arte su tiempo. Sin embargo, a veces, un pensador en otro momento retrógrado y apocalíptico, adquiere una actualidad por completo imprevista y sus concepciones sirven, en el presente, para deshacer lugares comunes que por inercia se siguen percibiendo como atrevidos y transgresores.

II
Para Boris Groys, el museo es el lugar en el que todavía puede existir un espacio para lo nuevo. Los gestos vanguardistas orientados a derrumbar las paredes del museo y fusionar el arte a la vida, hoy carecen del carácter de rebeldía que tuvieron hace un siglo, cuando el museo era, en efecto, una institución cerrada a lo nuevo y hostil a los experimentos artísticos de su tiempo. En el mundo actual, por el contrario, los museos están totalmente abiertos al arte más avanzado y provocador. Enfrentarse al museo como institución, razona Groys, significa apoyar al status quo en sus esfuerzos por neutralizar el poder provocador del arte y diluirlo entre las complacientes y nada perturbadoras imágenes mediáticas.
La novedad del arte contemporáneo, si todavía existe, sólo podría apreciarse en su relación con las obras del pasado, en sus contrastes con las colecciones que conserva el museo. Es sólo dentro de ese diálogo que la imagen contemporánea puede exhibir su novedad. Sin el museo, la obra de arte actual correría el riesgo de pasar inadvertida entre las numerosísimas producciones mediáticas, represivas, reiterativas y tendientes a las soluciones convencionales y los clichés. En el espacio del museo, la obra de arte participa en otro discurso (el de la historia del arte y la dimensión estética).
Aquí es donde me parece que podría deslizarse la idea de Berenson de “construir la Casa de la Vida”, porque la percepción del arte nuevo supondría un necesario rescate de los valores del arte del pasado, no ya como algo que debe destruirse; sino como puntos de referencia que permitan el disfrute y la comprensión de lo nuevo. En Bajo la luna llena con Bernard Berenson, Kirby Talley Jr. escribió:

A lo largo de sus noventa y cuatro años, Berenson acogió todo lo valioso que la vida tenía para ofrecerle –arte, literatura, música, personas, animales, naturaleza. El fusionó todos esos elementos para configurar lo que solía llamar su Casa de la Vida, y fue desde y a través de esa Casa de la Vida que Berenson emprendió sus investigaciones y, más importante aún, desarrolló su sentido de apreciación del arte.

El museo contemporáneo vendría a ser uno de los espacios –un sitio sin duda privilegiado- donde puede desarrollarse el sentido de apreciación del arte que menciona Kirby Talley Jr. Y no sólo la apreciación de las obras del pasado, sino también aquellas que podrían ser irreverentes en el mundo de hoy.

A continuación, el texto de Kirby Talley Jr.



Bajo una luna llena con Bernard Berenson
Construir una "Casa de la Vida"

M. Kirby Talley Jr.

Pero ¿quién puede observar el esplendor de una rosa sin tratar de lucirla en su ropa? ¿Quién puede contemplar con curiosidad la tersura y el brillo de una hermosa mejilla, sin sentir que su corazon nunca envejecerá?
Lord Byron Las peregrinaciones de Childe Harold, Canto Tercero, XI.


La Luna
Un mes antes de su muerte, a la edad de noventa y cuatro años, Bernard Berenson se estaba alojando en la Casa al Dono, residencia de Nicky Mariano, su amigo y colega durante cuatro décadas. A lo largo de toda su vida, cada vez que Berenson veía la luna llena, hacía tintinear las monedas que guardaba en su bolsillo, pedía un deseo y con sus ojos cerrados se inclinaba tres veces en dirección a la luna. Este ritual es una superstición judía y si bien las supersticiones, al menos en sus formas más serias, eran la antítesis de todo lo que él sostuvo y creyó en su vida -y que tal vez pueda resumirse con la palabra “civilización”- podría perdonársele su fidelidad a esta práctica por completo inofensiva. A pesar de su salud muy frágil y que empeoraba aceleradamente, Berenson aun conservaba su alegría de vivir. Nicky Mariano relata que, “A principios de Septiembre de 1959..., nosotros descubrimos la luna nueva, en un cielo verde-manzana. Su enfermera lo cargó en brazos, como a un niñito, hasta la ventana de su habitación. Con una sonrisa melancólica, Berenson saludó por última vez a aquella figura plateada”.

Nosotros sólo podemos imaginar cómo Berenson debió haberse sentido, qué pensó cuando miró aquella luna. Todos nosotros hemos experimentado la magia de la luna llena, sea en lo alto del cielo de una noche invernal, irradiando un resplandor fosforescente sobre el paisaje cubierto por la nieve, o una luna baja, llena y rubicunda, acechando sobre los secos tallos del maíz a mediados de agosto.

Me gusta pensar que Berenson debió haber sentido una profunda satisfacción con la certeza de haber tenido éxito en su empeño por transformarse a sí mismo en una obra de arte. A lo largo de sus noventa y cuatro años, Berenson acogió todo lo valioso que la vida tenía para ofrecerle –arte, literatura, música, personas, animales, naturaleza. El fusionó todos esos elementos para configurar lo que solía llamar su Casa de la Vida, y fue desde y a través de esa Casa de la Vida que Berenson emprendió sus investigaciones y, más importante aún, desarrolló su sentido de apreciación del arte. La luna llena –redonda, y por tanto completa, misteriosa, más allá de nuestro alcance y confortablemente cercana, iluminando nuestro camino en medio de la oscuridad- muy bien podría erigirse como un símbolo de sus búsquedas. Y como las faces por las que atraviesa la luna durante sus ciclos mensuales, así pasaban las indagaciones de Berenson, alcanzando pináculos sólo para volver a empezar.

Bernard Berenson era el humanista por excelencia, pero no del tipo en el que nosotros pensamos cuando consideramos el renacimiento del aprendizaje y la cultura en la Florencia del siglo XV, sino más bien lo que puede ser definido como un ser humano excepcionalmente civilizado. Clive Bell, uno de las figuras más notables del grupo de Bloomsbury, ofreció la siguiente definición de ese tipo de personas en su ensayo Civilización:

No es ni el hombre beato ni el hombre natural; no es el artista, ni el héroe, ni el filósofo; pero aprecia el arte, respeta la verdad y sabe cómo comportarse. Para disfrutar la vida al máximo, para disfrutarla en su totalidad y en sus más recónditos detalles, para lograr ese objetivo, sus medios fundamentales consisten en los poderes, intensamente cultivados, de pensar y sentir. Su curiosidad intelectual carece de límites, es intrépida y desinteresada. Es un hombre tolerante, imperturbable, y si no es siempre afable y urbano, al menos nunca es truculento, desconfiado o prepotente. Elige sus placeres de manera deliberada y sus opciones no están constreñidas ni por temores ni por prejuicios. Y ya que puede distinguir entre los medios y los fines, puede evaluar las cosas por su significado emocional más que por su utilidad práctica. Todas las rigideces de “deberes”,“derechos”, “santidades” pasan volando sobre él, como la arenilla o la incómoda paja, sin llegar a afectarlo. Su sentido de los valores, inteligentemente manejado, es una aguja para desinflar las pompas de jabón de la indignación moral. Es crítico, auto-consciente y hasta cierto punto y, en todo caso, analítico. Inevitablemente será egregio. Consciente de sí mismo como individuo, tendrá poca simpatía por las unanimidades de la multitud; pero al educar su mente, sus emociones y sus sentidos, elaborará un modo de vida en el que despejará, hasta donde sea posible, los hábitos que autolimitan y las pasiones. No, no será natural.


Si esto se hubiese escrito en el pretérito, pudiera haber sido un elogio a Berenson y a otros que en mayor o menor medida fueron como él. Pero ¿qué tiene que ver esto con el arte y con nuestras maneras de reaccionar ante el arte?
Yo diría que la respuesta es: absolutamente todo. Según Bell, una persona civilizada no es “natural” , como mismo un paisaje pintado no es en modo alguno la naturaleza. La insinuación que hace Bell es que este tipo de persona es una creación “desnaturalizada” como mismo algunas plantas exóticas son el resultado de un elaborado proceso de injertos.

2/4/10

Web 2.0. Ilusiones, realidades, pesimismos ¿?


I
Hoy hace exactamente dos años desde que decidí empezar este blog. Me gusta celebrarlo. Escribir asiduamente para un blog es una tarea divertida y, en mi caso, por completo incorporada a mi vida cotidiana. En un inicio pensé que sería simplemente un entretenimiento, donde más o menos podría agregar cualquier cosa que me pareciera interesante. Ahora creo que es mucho más, sin que yo pueda precisar exactamente qué (una red de amistades, un espacio donde ejercer una practica de la escritura, un modo de expresar mis opiniones o dar a conocer mi trabajo).

Encuentro curioso que todavía muchas personas perciban los blogs de manera prejuiciada y sean renuentes a aceptarlos como medios de expresión que pudieran estar dotados de algún valor cultural. Más inquietante me resulta cuando las interpretaciones desfavorables provienen de especialistas que disponen de un arsenal de excelentes argumentos.

El otro día leí con interés esta entrevista, publicada en la revista alemana Die Zeit y cuya traducción al español hizo circular el investigador cubano Desiderio Navarro. Markus Reiter se enfrenta a muchos lugares comunes relacionados con los blogs, twitter y las redes sociales. Su visión me pareció bastante controversial.

Antes de copiarla, me gustaría recordar que, en su momento, juicios parecidos se emitieron contra las vanguardias artísticas, el jazz, la música rock, el arte conceptual y numerosísimos otros fenómenos culturales que en la actualidad se encuentran plenamente consagrados. Hoy por hoy, los blogs podrán tener sus admiradores y sus detractores, pero lo que ya no puede discutirse es que no hay maneras de prescindir de esta novedad tecnológica. Tampoco del espacio –cultural y político- que las redes sociales están adquiriendo en el mundo contemporáneo.




***
"Si quiere hacer el ridículo..."

Markus Reiter es entrenador de comunicación, periodista y asesor mediático. Licenciado en politología, fue viceredactor jefe del Reader's Digest para Alemania y, entre 2000 y 2002, redactor jefe de la página cultural del diario Frankfurter Allgemeine Zeitung. En su libro Dumm 3.0(Tonto 3.0) describe cómo Twitter, los blogs y las redes sociales “amenazan nuestra cultura”. En la entrevista cuenta por qué no cree en la red.

DIE ZEIT online, 19.03.2010

ZEIT ONLINE: Entonces, en su opinión, ¿quién es tonto 3.0?

Markus Reiter: En la red es difícil determinar quién es tonto y quién no. Ese es el problema precisamente. En el viejo mundo de los medios existían gatekeepers, o sea, por ejemplo, periodistas que procuraban separar lo bueno de lo menos bueno, lo verdadero de lo falso. Y cuando un día dejan de existir esas instituciones, entonces uno mismo tiene que hacer todo ese trabajo. Y ante esa tremenda cantidad de información muchos terminarán rindiéndose.

ZEIT ONLINE: ¿Pero acaso en la red no ocurre más bien una tremenda democratización?

Markus Reiter: Creo que eso es una ilusión. Al final terminarán imponiéndose en la red las mismas élites sociodemográficas que se impusieron en el viejo mundo. Vamos, que la cantidad de taxistas de Munich que tienen un pasado migratorio y que escriben blogs relevantes, o de viudas de guerra que tienen un blog, es limitada. Si Usted mira bien quién en la red produce cultura o información relevantes, notará que, o son las mismas personas que ya tuvieron éxito en los viejos medios, o son los que habrían tenido éxito en esos viejos medios de no haber existido la Internet.

ZEIT ONLINE: ¿Y qué pasa con YouTube, donde a cada minuto se suben 24 horas de material de video, en su mayor parte grabaciones pequeñas, producidas por cuenta propia? ¿No es grandioso que todo eso encuentre allí un público?

Markus Reiter: Si Usted quiere hacer el ridículo en la red, siempre tendrá público. Pero eso no es algo que alcance una relevancia social. Digámoslo así: Usted tiene pan y juegos. Y la élite social tiene la ventaja desde el momento en que ya no tiene que ofrecer ella misma los juegos, sino que la misma gente lo está ofreciendo.

ZEIT ONLINE: ¿Cuál es el problema?

Markus Reiter: En esencia, yo me dirijo contra las expectativas de salvación que apologetas de Internet o autonombrados evangelistas tienen puestas en la Internet. O sea, contra la creencia en que Internet tiene un efecto emancipatorio y que ahora existen nuevas posibilidades de democratización. Aquí simplemente lo que está sucediendo es una lucha por el poder entre las élites de los viejos medios y aquellos que quieren acceder a la olla de la carne.

ZEIT ONLINE: ¿Pero acaso la red no estimula procesos de aprendizaje sociales al facilitar que más personas puedan ser escuchadas y participar activamente?

Markus Reiter: Es que la mayoría de las personas no participa para nada. Si Usted mira cuánta gente contribuye, por ejemplo, a la imponente Wikipedia, la enciclopedia de Internet, verá que en esencia se trata de menos del uno porciento. Se estima que solo algunos centenares de personas escriben la inmensa mayoría de los artículos.

ZEIT ONLINE: Entonces yo diría: ojalá que en el futuro haya más...

Markus Reiter: No hay ninguna razón para esa esperanza. La actitud fundamental del ser humano es la de receptor. Y existe un segundo problema: en algún momento, por supuesto, a la gente se le ocurrirá ganar dinero. Y si esa posibilidad se pierde porque la red entera no es más que una inigualable fiesta gratis, entonces la motivación bajará aún más.

ZEIT ONLINE: Por el momento se observa lo contrario: los blogs de música se desbordan de tanta música gratis, existen incontables fotos en Flickr y una enorme necesidad de participar con comentarios en distintos debates. Y todo eso sucede sin segundas intenciones comerciales.

Markus Reiter: La cuestión es: ¿qué gano yo como receptor cuando otros hacen comentarios? Si Usted quiere comprar un libro en amazon, podrá leer 58 reseñas tremendamente entusiastas sobre el mismo libro, y otras 54 que lo encuentran absolutamente horrible. Al final, después de leer casi 120 reseñas, no he ganado nada.

ZEIT ONLINE: ¿Y eso es distinto cuando uno lee un artículo en un periódico?

Markus Reiter: Sí, porque aquí yo parto de que se trata de personas que juzgan las cosas con cierta profesionalidad. No digo que no haya también periodismo decepcionante a montones. Pero cuando voy a un restaurante y el camarero o el sommelier me dicen, cuando les pregunto por una recomendación de vino: „Escoja este, a todos les gusta“, yo me siento decepcionado.

ZEIT ONLINE: ¿Niega Usted entonces que la gente tenga la capacidad de ser activa desde el punto de vista artístico o creativo, y de serlo en mucha más medida de lo que ha sido hasta ahora?

Markus Reiter: Yo no le cuestiono a nadie la capacidad de expresarse artísticamente, para muchos eso hasta puede ser un hobby. Claro que esa es una de las caras maravillosas de la red. Solo que, en última instancia, hay que reconocer que hay diferencias de calidad. Si Usted toma a diez pintores barrocos mediocres para que pinten unos pocos centímetros cuadrados de un cuadro, al final eso todavía no es un Caravaggio.

ZEIT ONLINE: ¿Quién decide si lo es?

Markus Reiter: Al final es el tiempo el que decide. Lo que queda tiene evidentemente un cierto valor. Pero más allá de ello creo que por lo menos es útil que exista ayuda profesional. Eso no tiene que ver con decidir en el sentido propio de la palabra sino más bien con prestación de servicios, con direccionamiento, selección. O sea, con lo que los medios han hecho hasta ahora.

ZEIT ONLINE: ¿Qué piensa Usted de la tesis de la economía de la atención? Si todos se autorrealizan, nadie más tiene tiempo entonces para ver los textos y las imágenes de los otros. El público es el bien escaso... y en correspondencia tendría que ser recompensado.

Markus Reiter: Suena muy convincente. Pero al panadero no se le puede pagar con atención nada más, y su alquiler menos todavía. Y aún menos se le puede pagar a los oyentes por recibir atención de ellos. Es decir, estaremos en el gran dilema de que de alguna manera en toda esta Internet fuera de Google y del comercio online la gente tiene que capitalizar también los resultados de su propio trabajo.

ZEIT ONLINE: O sea, ahora mismo estamos en una época dorada con todas esas informaciones gratis, pero esa época tiene sus días contados...

Markus Reiter: En el futuro la gente recibirá más sus informaciones a partir de redes sociales. Y si compara eso con el viejo estado de cosas, la selección social ya ahora es mucho más fuerte: todo el mundo podía comprar un periódico, sin importar de qué capa social provenía. Eso es mucho más fácil que escoger los amigos correctos que le provean a uno los links correctos a las informaciones correctas.

ZEIT ONLINE: Usted no confía mucho en la gente.

Markus Reiter: Reconozco que, en efecto, socialmente soy pesimista. Al final no creo que tendremos una sociedad mejorada, más emancipatoria. Simplemente porque el ser humano no cambia. Vamos, que si Usted mira las columnas de comentarios a intervenciones en Internet, podrá constatar que mucho ahí es basura y garabato. Tiene ante Usted el mismo fenómeno que sucede en el terreno de fútbol cuando la turba se agrupa. En muchos lugares en la red, y sobre todo allí donde el público es pequeño, hay discusiones muy inteligentes. Pero dondequiera que hay un gran público, o sea en las páginas de Internet de los grandes periódicos, lo que encuentra en el fondo son comentarios fundamentalmente subterráneos y que van hasta el lenguaje fecal. Y eso no se ve muy emancipatorio que digamos.

Las preguntas las hizo Tina Klopp.

Traducción del alemán: Orestes Sandoval