12/8/10

Yo deseo tu deseo y el espectador emancipado.

I

Yo deseo tu deseo. Así se titula la instalación de la artista brasileña Rivane Neuenschwander, que durante este verano exhibe el New Museum de New York. Hay cientos de pequeños orificios en las paredes, dispuestos en hileras horizontales. Dentro cada uno de ellos un cintillo de seda. Llevan impresos algunos de los deseos que pidieron los visitantes en las ocasiones anteriores en las que se realizó la instalación. Neuenschwander remeda, en el espacio del museo, una tradición que se practica en la iglesia Nosso Señor do Bonfim, en San Salvador, Bahía y que se remonta al siglo XVIII. Los visitantes toman uno de los cintillos, se lo anudan en la muñeca y supuestamente, una vez que éste se desprende, el deseo habrá de cumplirse. En el agujero vacío es posible incluir un papelito enrollado, donde habría de escribirse un nuevo deseo.

La tradición, llevada al museo, adquiere un sentido distinto al de la creencia popular. Los cintillos sobre la pared en blanco, vistos a cierta distancia, tienen la apariencia de una obra abstracta elaborada con coloridas franjas verticales. Sólo que la imagen se va transformando continuamente, a medida que los espectadores van retirando las tiras de tela y sustituyéndolas por pedazos de papel escritos a mano. Una obra de arte cuyo destino es desintegrarse, diluirse en la vida cotidiana de los espectadores, quienes, acaso, vean realizarse algunos de sus pedidos. El público no sólo participa en la gestación de una obra colectiva; sino que agrega algo mágico: allí en los muros del museo se asiste a una conjunción de deseos (muchos de ellos posiblemente se hayan conservado como secretos).























El museo, por otra parte, ha agregado la posibilidad de participar online. La obra de arte se ramifica hacia el internet, se vuelve global, aunque en la versión digital la experiencia colectiva se transforma en esa comunicación paradójica que ofrecen las redes del internet, donde el contacto desde el ordenador usurpa el tiempo que sería preferible dedicar a un vínculo personal más pleno. En el ciberespacio Yo deseo tu deseo pierde mucho del sentido de complicidad y juego que tácitamente se crea entre los asistentes a la muestra.
Selecciono una de las tiras. La amarro en mi muñeca. Escribo una nota apresurada. Agrego un dibujo. Pongo anónimamente el pedazo de papel dentro de uno de los agujeros de la pared. Participo en un juego colectivo y encantadoramente promiscuo. Jacques Ranciére, en un libro reciente, habla de un espectador emancipado. No sabemos, dice Ranciére, qué hará el espectador ante la obra de arte; pero sabemos que algo habrá de hacer. Un espectador que ya no se contenta con recibir pasivamente explicaciones sobre cómo es el mundo o sobre cómo funciona el poder o la ideología; sino que reclama la posibilidad de intervenir más activamente en la obra.

II
Ante una pintura que disfruto debo contener mis deseos de acercarme en exceso. Esquivar la mirada del vigilante que vendrá a importunar el deleite para recordarme que no debo aproximarme tanto. Tengo también que dejar a un lado mis deseos de acariciar la tela, de sentir el entramado de los tejidos o de las texturas creadas por los pigmentos. Desde luego que se trata de una interdicción muy necesaria, sin la cual no sería posible conservar esa tela o ese pedazo de mármol que posee un determinado valor histórico y estético. Pero, para preservar la obra de arte –y para contribuir a que yo mismo y otros puedan disfrutarla en el futuro- es preciso sacrificar una porción del placer. Una pintura es un objeto de culto, sacralizado por la firma del autor y, a no dudarlo, por los precios prohibitivos que están dispuestos a pagar los coleccionistas. La obra de arte, intocable y sólo para ser admirada, ejerce un poder inmenso sobre el espectador que la contempla.
En el arte contemporáneo, el espectador tiene, al menos en apariencia, la posibilidad de desnudar a la obra de arte, consumirla, alterarla, cambiarla según su capricho, comportarse de un modo inusual e incluso no aceptado socialmente. Participar en la obra de arte, completarla o destruirla, es indudablemente placentero. No estoy seguro, sin embargo, de que pueda hablarse de un espectador emancipado. En todo caso es una libertad relativa, ya que el autor no deja de funcionar como un maestro de ceremonia que establece ciertas reglas del juego. De un modo análogo a las democracias contemporáneas o a los mecanismos de promoción de los objetos de consumo, el arte actual oculta, bajo el espejismo de transformar al espectador en un creador, una manera de inducir sus comportamientos. Un delicioso espejismo: la ilusión de ser también un artista, de contribuir desinteresadamente a una experiencia colectiva, a un ritual que, al menos provisionalmente, niega el orden establecido. Una libertad innegable, sobre todo si se la compara con la actitud pasiva que era obligatorio mantener frente al arte del pasado. Pero, con todo, se trata de un espectador que sólo puede elegir dentro opciones que se le ofrecen. Jugando un poco con el titulo de la instalación de Rivane Neuenschwander podría decirse que el arte contemporáneo desea el deseo de los espectadores y frecuentemente lo manipula y lo confisca.

6 comentarios:

  1. Entro a una casa nueva, no? ¿O es la misma casa que le han cambiado los muebles de lugar? Lo que sí no ha cambiado es ese discurso que ya reconozco en los posts. ¡Por suerte!
    Fui a esa iglesia de Salvador de Bahía y por supuesto salí con mi tirita de colores en la muñeca, deseo incluido. Y si bien es muy bueno que todos conozcamos las costumbres de otros lugares, no me gustó mucho la idea de convertir este ritual en una obra de arte interactiva.
    Para gustos los colores, no?
    Gracias, como siempre.

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  2. Muchas gracias Zoe. Creo que es una casa nueva que ha cambiado los mismos muebles de lugar. Gracias por tus elogios.
    Yo no he estado en la iglesia de San Salvador, asi que no tengo el referente que con toda seguridad me daria otra perspectiva. Pero la pase bien en el New Museum. Ademas, esta es solo una pieza de una expo personal mas amplia. En sentido general me gusto mucho el trabajo de Neuenschwander (que yo no conocia). Pero como muy bien dices, para gustos se hicieron los colores, sobre todo en el arte contemporaneo, verdad?

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  3. una propuesta sencillamente buena.
    gracias por el aporte.

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  4. Como simpre me sucede...me quedo anonadado con la originalidad de los pamperos, me quito el sombrero, apago la cachimba y bote la croqueta en su honor.

    Existira alguna conexion entre la carne cruda y la inteligencia?

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  5. Jajaja. Si que hay una relacion -y muy profunda- entre la carne cruda y la inteligencia.

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  6. ¿Creen que esta obra pueda estar relacionada con el tema de la migración?

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