9/5/10

Marina Abramovic y la gratuidad del Ser.



I
En muchas de sus performances Marina Abramovic sometió su cuerpo (frecuentemente desnudo) a prácticas que la llevaban a experimentar emociones extremas. El cuerpo como la materia que, a través de la repetición obsesiva de determinados gestos, de auto-agresiones o rituales absurdos, se transforma en una obra de arte orientada a la búsqueda de inusuales formas de expresión corporal. El cuerpo también como el último reducto de libertad que es posible conservar frente al orden social.

En Rithm 0 (1974) la artista cedió los poderes con los que la ley protege su integridad física. El ejercicio de libertad en este caso cosistía en sustraerse a las garantías que ofrece el Estado sobre cuerpo del individuo. Abramovic asumió la responsabilidad legal por lo que sucediera en la performance. Les confirió a los espectadores (entre los que presumiblemente había no pocos desconocidos) la autoridad para usar en (o contra) su cuerpo setenta y dos objetos. Verlos dispuestos sobre una mesa –como instrumentos de tortura- o sencillamente enumerarlos puede ser escalofriante: iban desde unas más o menos inocentes botas y un sombrero, hasta un serrucho, unas tijeras, un cuchillo, alambres, un martillo, una caja de fósforos, una bala y una pistola. Con su presencia silenciosa e inmóvil, consentidamente sujeta a la voluntad de los otros, Abramovic se entregaba durante seis horas a personas que potencialmente podrían infligirle toda suerte de humillaciones, laceraciones, quemaduras, tormentos, abusos sexuales y hasta la propia muerte. El público era el que ejecutaba una obra de arte cuyo soporte era el cuerpo de la artista (de manera análoga a un pedazo de tela que funciona como el soporte donde un pintor va situando los pigmentos).

He aquí su testimonio:
La experiencia que aprendí fue que…si dejas la decisión en manos del público, te pueden asesinar. Me sentí verdaderamente violada: cortaron mis ropas, clavaron rosas en mi estómago, una persona apuntó a mi cabeza con la pistola y otra la retiró. Se creó una atmósfera agresiva. Después de seis horas, como estuvo planeado, me levanté y comencé a caminar hacia el público. Todos huyeron, eludiendo una confrontación real



De manera totalmente gratuita, Abramovic estuvo dispuesta someterse a un suplicio con tal de producir una creación artística donde la orgía sádica –al parecer tentadora y embriagadora para la colectividad- se viviese como un ejercicio libertario. Abramovic incitaba a comportamientos crueles, transgresores, amorales y desinhibidos. Por otra parte, era una práctica donde el goce masoquista ocupaba un lugar protagónico y donde el dolor físico o la humillación proporcionaban, en cambio, el placer psicológico de la entrega inmotivada. Como Lafcadio –el personaje de Las cuevas del Vaticano- Abramovic disfrutaba de la gratuidad del ser. Sólo que en el extremo opuesto al del libertino (y asesino) de la novela de Gide, en una posición de víctima tal vez más difícil de asumir, aunque no menos excéntrica y desinteresada.

II
En Rithm 10 (1973)no había público. La artista se aventuraba en una práctica de auto-agresión menos peligrosa, en un juego ruso que dependía totalmente de sus destrezas. Abramovic hizo una segunda versión en 1999. En cuanto a Rithm 0, hasta el momento no lo ha repetido. Es bastante comprensible, si se piensa en el horror que debió padecer durante aquellas seis horas.


III
En The Other: Rest Energy (1980), Marina Abramovic nuevamente puso en riesgo su propia vida. Bastaba con que su compañero sentimental, Ulay –con quien la artista colaboró durante más de una década- dejase escapar, por accidente, la flecha que apuntaba hacia su pecho. En The Other: Rest Energy, Ulay era provisionalmente investido con el poder de aniquilar a su pareja. Y esto podía ocurrir por un minúsculo e impredecible movimiento (digamos un estornudo, una distracción o una súbita perdida de presión en la yema de sus dedos). El arco en tensión muy bien podría entenderse como una metáfora de la relación amorosa: la entrega al otro como un acto gratuito, temerario e irracional. Pero también como una apertura hacia uno mismo. Un acto incontenible, que posee el carácter de una exaltante experiencia vital.

2 comentarios:

  1. Ella tambien es de condicion agresiva como todo ser humano. creerse lo contrario es la primera causa del conflicto, el quere ser, el llegar a ser... lo que no se es.

    El hombre es de naturaleza agresiva y no se puede ser lo que no se es desde un mismo estado o condicion. "Quere ser" o "llegar a ser" es otra cosa que no existe y que existe en el ego solamente, pero este, el ego no es la relidad!






    Pero tampoco tiene que llamarsele a esto arte.

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  2. Me gusta este asunto del cuerpo utilizado para el arte...con respecto a lo que es o no es la realidad, no creo que haya algo que no sea real, y me apoyo en María Zambrano cuando dice que lo real no es sólo lo que podemos abarcar con los sentidos, el lenguaje o la razón, sino también aquello que no podemos abarcar y nos atormenta terriblemente...Creo que lo admirable de esta artista (y de Beecroft o Horn) es que nos violenta, nos incita, nos emociona...
    Gracias por mostrarlo...! Un saludo!

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