22/2/10

Fredric Jameson. Las relaciones internacionales en la literatura mundial (III).



Ahora bien, uno de los problemas que nos desorienta aquí es el problema filosófico del valor estético, en mi opinión, un falso problema. De hecho, enmascara un problema filosófico que es con mucho más importante, uno real en esta ocasión, que vuelve sobre la oposición entre lo universal y lo particular, ya que cuando los críticos humanistas se aparecen con la pregunta del valor lo que verdaderamente tienen en mente son los valores universales y es fuera de la noción de valores universales que, finalmente, cito:

La noción de literatura universal ha sido siempre inservible.


Yo pienso que este énfasis en el valor universal es erróneo y equivocado, resulta improductivo incluso dentro de los cánones occidentales, dado que conduce a toda suerte de falsas preguntas y problemas como el siguiente: ¿es Faulkner más importante que Halldór Laxness o viceversa?, ¿es también más importante que Tolstoi, que es más universal, o que El sueño de las mansiones rojas? No llevaré esta pregunta banal más lejos, salvo para decir que sigue, históricamente, el paradigma y el molde del célebre querelle des anciens et des modernes, de fines del siglo XVII y comienzos del XVIII, en la medida en que eso termina no en la decisión de si los antiguos son mejores que los modernos o viceversa, sino simplemente en el descubrimiento, en la historia y la diferencia, de que son diferentes. Y la pregunta sobre el valor es en sí misma histórica, que surge después de los hechos y en la que no están en juego las clasificaciones, de acuerdo con categorías a priori. Más que la dimensión trascendental que compartiría el tema de los valores universales, propongo que intentemos pensar en el tema enigmático que llamamos literatura como el espacio y lugar de lucha, competencia y oposición. La lucha en la literatura aquí puede ser aprehendida ante todo en términos de lenguas de los grandes poderes versus lenguas de los pequeños poderes y seguramente en términos de control sobre las instituciones de traducción y transmisión (casas editoriales, universidades e incluso todavía, ocasionalmente, la prensa cultural, que regula esta lucha). Pero es obvio que la pregunta sobre los grandes poderes versus pequeños poderes nos devuelve directamente al problema de las naciones. Yo quiero proponer aquí un modelo en respuesta a la pregunta de la unidad dialéctica de contrarios para insistir en una manera en la que los textos pueden ser evaluados simultáneamente en términos negativos y positivos. Pero me gustaría primero homenajear a aquel libro que yo considero fue una obra fundadora para una literatura comparativa totalmente nueva, asumiendo que estamos de acuerdo con la observación de Franco Moretti de que la pregunta sobre la literatura mundial es esencialmente la misma que la pregunta sobre la literatura comparativa como tal, en la actualidad. En La Republique Mondiale des Lettres (República Mundial de las Letras), Pascale Casanova insiste vigorosamente en la relación de antagonismo entre las literaturas post-colonial y las literaturas de las metrópolis y también en el papel mediador de un tercer protagonista, llamado París, como una especie de patrón de oro, cuando no como un banco internacional, en el cual estos valores antagónicos son descontados unos con otros y procesados en una especie de moneda de cambio. Lamento no disponer de tiempo para discutir con más profundidad aquí esta obra extraordinaria e innovadora y me gustaría terminar sugiriendo algunos de los problemas que surgen cuando vemos la literatura mundial no en términos de valor de una simple obra, grandiosa o clásica; sino más bien en términos de relación entre producciones nacionales, que pueden ser antagónicas o disonantes; pero que también pueden ser armónicas y de alguna manera positivas, ya que pueden involucrar diferencias tanto como identidades.

Cuarta parte

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