22/2/10

Fredric Jameson. Las relaciones internacionales en la literatura mundial (VIl y final)


La única manera de pensar juntas estas dos dimensiones inconmensurables, sin que colapse una en la otra, es la dialéctica, una de cuyas funciones es precisamente conceptualizar lo que es contradictorio e impensable. Las obras funcionan simultáneamente en estos dos niveles, como si estuviesen en el nivel doméstico y en el nivel de la política internacional. Una obra sostiene dos mensajes simultáneamente, es a un mismo tiempo acerca de sí misma y acerca del mundo. Un orden de designaciones referenciales y una nueva construcción del lenguaje, la psique y la situación específica. Y en un proceso no-darwiniano –y que Franco Moretti ha mostrado como su fructuosa referencia figurativa para el mercado, la obra debe balancear dos tensiones: como una mutación formalista debe intentar sobrevivir en su propio hábitat interno o ecosistema y también afirmarse a sí misma, a escala mundial, contra sus competidores de otros países que están tan ávidos de reconocimiento, y por la perpetuación de la especie, como lo está ella misma; pero como hemos mostrado estas dos luchas simultáneas podrían involucrar dos estrategias por completo distintas y a veces incompatibles.

Bueno, los althuserianos solían hablar no sobre proponer soluciones; sino sobre producir problemas. No siento que haya hecho mucho más que eso hoy. Por otra parte, ellos también pensaron que producir el problema era mejor que cualquiera de las soluciones que uno pudiera hallar -y yo estoy muy convencido de esa creencia- y si no he resuelto ningún problema aquí, estas consideraciones me han puesto al menos en una mejor posición para tratar de responder la pregunta original con la que me vi confrontado, o sea, el significado de los premios internacionales. Así concluyo de esta manera: el viejo sistema de premios acertó a establecer valores universales. Un canon literario, por ejemplo, válido para todo el planeta, de tal modo que a los clásicos de las comunidades más pequeñas del lenguaje o las no occidentales, no se les concedió el lugar adecuado entre los generalmente reconocidos como grandes poderes, las obras maestras occidentales. Ahora, sin embargo, en la actualidad, cualquier concepto sobre la literatura mundial debe incluir la operación no sólo de diferencias radicales y las oposiciones; sino también la ambivalencia dialéctica, las irregularidades y las desigualdades canónicas, si pudiera decirlo así. Por lo tanto, la emergencia de estas obras de países periféricos, de locaciones no-hegemónicas, de Estocolmo o Bergara en lugar de París, Londres o New York, tiene el efecto de aligerar súbitamente los entramados internacionales, de crear inesperadamente un mapa de la globalización y confrontarnos no con una solución ideológica universal; sino con un problema en curso:la problematización de las relaciones globales y las dinámicas de hoy. La literatura mundial no es entonces un patrón ya dado o un museo imaginario en el cual las obras maestras se añaden con regularidad. Es otro nombre para un problema y una interrogante. ¿Cómo las diferencias pueden relacionarse en la actualidad? ¿Cómo las nacionalidades pueden ser universales? ¿Cómo la multiplicidad global puede imaginarse sin un centro? Muchas gracias.

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