22/2/10

Fredric Jameson. Las relaciones internacionales en la literatura mundial (IV)




Así que me gustaría que imagináramos las siguientes posibilidades hipotéticas. Primero, imaginen una obra de arte que emerge en un contexto en sentido general de aborígenes -es decir, de naciones étnicas, como tales- que expresa los valores de la tradición nacional de un modo único que supera a cualquier modelo importante y que afirma la autonomía o la necesidad de una autonomía de la cultura nacional y su rechazo, al igual que su malestar, por obras extranjeras importadas y modos de vida foráneos (no voy a dar ningún ejemplo). Esta sería una obra de arte a la cual le gustaría ser absolutamente peculiar, afirmar sus diferencias radicales con respecto a las de otros países y su superioridad sobre ellas. Una obra así desearía ser lo opuesto de lo universal, excepto en la medida en la que este aborigenismo particular se afirme a sí mismo como la única forma humana de cultura y vida. Y si este nacionalismo coincide con una forma de estado nacional, ya alcanzado o en una larga lucha por alcanzarlo, entonces la obra en cuestión sería considerada bajo la rúbrica del nacionalismo y suscitaría todos los problemas relacionados con esa ideología. Pero también les pediría que imaginen que esta obra –o grupo de obras- en particular ha logrado una aclamación y admiración mundial. Entonces el público internacional la coloca en el panteón de la literatura y la dota con el nimbo de un clásico mundial y su universalidad. Este resultado paradójico puede solucionarse de diversas maneras. El público internacional puede, por ejemplo, optar por ignorar los significados particulares y el espíritu nacionalista de la obra bajo el criterio de que es políticamente tendencioso e irrelevante para sus cualidades estéticas. O puede sencillamente comprender incorrectamente la obra y fracasar en reconocer su resonancia ideológica y conceptual para el público local o podría incluso argumentar que es precisamente su desacertada pasión nacionalista, su compromiso con la sangre y el suelo de su patria, lo que le confiere su fuerza y su valor como un ejemplo para el resto del mundo. Esto también sería una lectura incorrecta, ya que sustituye la referencia nacional única por un presunto valor universal de lo nacional en general, de patria en general, las tradiciones nativas exclusivas en general. Así que aquí, en efecto, tendríamos una situación muy peculiar. Lo que es positivo en un contexto es negativo en el otro. Lo que aspira a ser apasionadamente particular en un nivel, repentinamente demuestra ser universal en el otro, lo que aprehendido como excéntrico es ahora reverenciado como parte del patrimonio de toda la humanidad. Para acentuar la paradoja un poco más, podríamos hablar del "profundo humanismo del genocidio". O de "la compasión de los más poderosos" y "el valor progresista de los reaccionarios más ignorantes".

Quinta parte

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