22/2/10

Fredric Jameson. Las relaciones internacionales en la literatura mundial (l)


Esta breve intervención me fue sugerida por mi perplejidad ante una entrevista en la que me preguntaron sobre el significado de los premios internaciones, como este Holberg International Memorial. No creo haber contestado del todo bien aquella pregunta, así que ahora quiero decir lo que entiendo que es ese significado. Es decir, ahora responderé; pero voy a dividir mi respuesta en dos partes. Ahora contestaré a la pregunta general y dejaré una observación sobre el premio Holberg en particular, para mañana. Y esto es lo que ustedes no escucharán, aunque yo les puedo decir de qué se trata. Pero eso sería mucho más breve.

En sentido general, en la actualidad, un premio internacional nos fuerza a convocar de nuevo la pregunta sobre las naciones y las relaciones entre las literaturas nacionales. Incluiré a los que reciben el Holberg entre la literatura, siguiendo la idea de lo que Goethe llamó “literatura mundial” -y yo de alguna manera supongo, como todo el mundo, que él inventó este término- era esencialmente una red o una relación entre diferentes críticos y pensadores nacionales, por encima y más allá de la traducción de textos puramente literarios. Regresaré a esto más adelante.

Pero, ¿existen todavía los estados naciones bajo la globalización? Y ¿cuáles podrían ser los estados de la llamada “literatura mundial” en este sistema global? ¿Estarían regidos por algo así como unas Naciones Unidas de la literatura?

Me gustaría decir algo sobre las naciones en la actualidad, sobre los valores literarios y finalmente sobre las relaciones como tal que, según me parece, deben ser aprehendidas en términos de ‘otredad’ y ‘negatividad’. Lo nacional es preeminentemente el lugar de la unión dialéctica de contrarios, el espacio donde los opuestos coinciden. Lo nacional es, entonces, por un lado el lugar de las limpiezas étnicas más abominables, de la intolerancia y la xenofobia en sus formas más limitadas y provincianas (cualquiera podría pensar en ejemplos contemporáneos), hasta el punto en el que parece casi obsceno defender la celebración del nacionalismo en cualquiera de las formas que asume en la actualidad. Sin embargo, lo nacional es una figura de la colectividad como tal, así sea que hablemos del lenguaje, la solidaridad étnica o tribal o cualquier otra forma de espíritu grupal o comunitario. En efecto, las clases mismas, las clases sociales, que son las únicas categorías que parecen alcanzar una universalidad, independientemente de cualquiera de esas otras categorías, muy frecuentemente y en todas las revoluciones modernas, sin excepción alguna, se han expresado también en términos nacionalistas. Hasta podría decirse que la solidaridad entre las clases, en esas revoluciones, ha cooptado y apropiado los impulsos nacionalistas. De cualquier manera, vale la pena afirmar, saltando por encima de ideologías individualistas, que la misma forma de grupo o de colectividad siempre merece ser celebrada, es siempre positiva y es ciertamente el albergue para grandes movimientos nacionalistas, aunque quizás necesitemos tener en cuenta la previsión de Deleuze de que el grupo o la nacionalidad siempre debe ser apoyado hasta que llega al poder, hasta que alcanza una posición internacional y en este punto tiende a replegarse hacia lo opuesto: la tiranía del grupo mayoritario, no tanto sobre los individuos, como los que ahora constituirían una minoría.


Seguna parte.
Tercera parte
Cuarta parte
Quinta parte
Sexta parte
Septima parte

1 comentario:

  1. Ernesto, gracias por compartir estas sabias palabras de Jameson. Para mi FJ es un coloso.

    G

    ResponderEliminar