10/2/10

Cultura e ideología bajo el “período especial"


Redacté esta reseña sobre Cuba in the Special Period, Culture and Ideology in the 90’s -compilado y editado por Ariana Hernández-Reguant- en junio del año pasado. Inicialmente iba a ser publicada en Encuentro. Las divisiones internas del equipo editorial y la desaparición de la revista, provocaron que el texto no apareciese en las fechas previstas y su publicación se pospusiera de manera indefinida. Al cabo de unos ocho meses, me he animado a colgarlo aquí.

Cultura e ideología bajo el “período especial”.

A comienzos de los años 90, a medida que la sociedad cubana se internaba en lo que de manera oficial vendría a conocerse como “período especial en tiempos de paz”, yo escuchaba, entre los improvisados y obsesivos comentarios políticos que animaban las conversaciones, la siguiente aseveración: el período especial ya ha terminado. Se decía a manera de burla, dando a entender que el momento que había quedado atrás era el de buena parte de la década de los ochenta, caracterizado por una relativa prosperidad en las condiciones de vida de la población. Lo que el gobierno llamaba “período especial” era, luego de una transitoria temporada de bienestar, una vuelta a la “normalidad”.

Resultaba difícil no tomarse en serio este punto de vista. La carencia de productos alimenticios, la falta de bienes materiales, el deplorable estado del transporte y los cortes de electricidad fueron padecimientos crónicos que, salvo el momento excepcional de los 80, habían afectado la vida cotidiana de los cubanos. De hecho, como sostiene Ariana Hernández-Reguant en sus palabras introductorias a la antología Cuba in the Special Period, Culture and Ideology in the 90’s al cabo de casi dos décadas de haber empezado a implementarse, el “período especial” todavía no ha culminado de manera oficial (17).

Sin embargo, el “período especial” era sustancialmente distinto a otras etapas de la Revolución, aunque éstas hubiesen estado igualmente caracterizadas por condiciones de vida insatisfactorias para la población. En el “período especial”, por vez primera, las penurias cotidianas vinieron acompañadas del escepticismo generalizado hacia el proyecto socialista. La ideología oficial, que hasta ese momento se había presentado a sí misma como una triunfal proyección hacia el futuro, entraba en una suerte de ocaso, con un horizonte apocalíptico que, de forma muy directa, podía vislumbrarse en la llamada "opción cero" (una contra-utopía en la que, supuestamente, la sociedad tendría que subsistir sin abastecimiento alguno de combustible). Lo inédito del “período especial” era, más que las penurias por las que atravesó la población, el irreversible declinar ético e ideológico de la Revolución Cubana. Los comienzos de los noventa marcaron el momento en que la imagen de un progreso ascendente, que había sido propugnada por el gobierno, dio paso a la de un sistema cuya única aspiración parecía reducirse a cómo posponer su definitiva agonía.

En esta dimensión crepuscular se apoyó Ariana Hernández-Reguant para hablar de “socialismo tardío” a la hora de referirse a las dominantes culturales de la sociedad cubana de los noventa en lo adelante. En las páginas introductorias, la autora observa varios rasgos que podrían caracterizar la producción cultural bajo este “socialismo tardío”. Merece la pena enumerarlos. 1) La cultura popular, más que las nuevas tendencias artísticas, devino en espacio de crítica social. 2) Las diferencias entre las llamadas “alta” y “baja” cultura se tornaron todavía más borrosas. 3) Se asistió a una creciente comercialización del arte 4) Los creadores ofrecen visiones de la realidad que más bien tienden a satisfacer las expectativas del público foráneo.5) Se deshicieron las distinciones entre ideología y mercancía. 6) Los contactos con el exterior contribuyeron a acentuar la convicción de vivir en una sociedad anacrónica.

En Cuba in the Special Period, Culture and Ideology in the 90’s Hernández-Reguant reunió a un grupo de investigadores que ofrecieron, desde sus respectivos ámbitos de estudio, una visión de los entramados entre ideología y campo cultural cubano durante los años del “período especial”. La antología es un proyecto que habría que considerar como un conjunto de textos interconectados, con los que se aspira a dar cuenta de diversas aristas de la producción cultural cubana. Los autores, en su mayor parte jóvenes académicos egresados de universidades norteamericanas, realizaron sus pesquisas dentro de Cuba, con frecuencia íntimamente involucrados en los temas que escogieron para sus ensayos. Son trabajos que pudieron emprenderse desde la posición (privilegiada) que disfruta el investigador extranjero, quien no tiene tantas constricciones con la censura, dispone de un mayor respaldo institucional y de una mayor facilidad para acceder a las personas y al material que estudia.

En muchos casos los investigadores devinieron en participantes activos en sus propios objetos de estudio. Un buen ejemplo de esto lo constituye el ensayo Audiovisual Remittances (un término que provisionalmente podría traducirse como “remesas audivisuales”) de Lisa Knauer. Durante sus viajes a Cuba, Knauer se ocupó de hacer posible los intercambios de medios audiovisuales entre los cubanos que residen en la isla y los del exilio. Esta función mediadora quedó integrada a la propia investigación y de hecho modificó el proyecto inicial que la autora tuvo en mente. Ella examina cómo la emergencia y circulación de nuevos medios audiovisuales está re-definiendo los intercambios afectivos y culturales entre dentro y fuera de Cuba.

Buena parte de los textos de la antología tienen que ver con la inserción de la producción cultural cubana en una economía de mercado y en un contexto global. La presencia del capital extranjero y el desarrollo nuevas condiciones de mercado han trastornado tanto la creación literaria -véase al respecto el ensayo de Esther Whitfield- como las prácticas de la santería (un tópico que abordan por separado Kevin Delgado y Kenneth Routon), las artes visuales y la industria cinematográfica que, como se desprende del trabajo de Cristina Venegas, se ha descentralizado gracias a la colaboración con empresas internacionales y a la aparición de tecnologías –como el cine digital- que tienden a abaratar el costo de las producciones fílmicas.

Es éste un cambio significativo del llamado “período especial”. La irrupción, todo lo moderada que se quiera, del capital foráneo en la economía y la cultura cubana es un ingrediente disonante en el “socialismo tardío”. Como afirma Hernández-Reguant, “en la Cuba revolucionaria, participar de la globalización significa abrazar el capitalismo y ésa no era la opción, al menos a un nivel discursivo”(71). Implica también una crisis identitaria ya que el proyecto social emprendido por la Revolución Cubana se atribuyó a sí mismo un carácter marcadamente nacionalista. El problema de la identidad nacional se presenta como una incógnita que no ya puede llegar a despejarse y que, en todo caso, debiera pensarse de manera inclusiva, más allá de las fronteras nacionales. Me gustaría mencionar dos textos que se detienen en esta crítica a la identidad. El primero, de Laurie Frederic, sobre las experiencias del teatro comunitario en las zonas rurales del país y la revisión que estos grupos están haciendo de la imagen idealizada del campesino, hasta hace poco propagada por la Revolución Cubana. Por otra parte, Jacqueline Loss incursiona en las reminiscencias de valores culturales soviéticos entre los creadores cubanos que los apropian de manera paródica o a modo de fabulación. El trabajo de Loss, al llamar la atención sobre los vestigios de lo soviético como parte ineludible del presente cubano,hace todavía más inoperante cualquier tentativa por definir lo nacional.

El acierto fundamental de Cuba in the Special Period, Culture and Ideology in the 90’s consiste, a mi entender, en ofrecer una visión compleja de la producción cultural cubana, marcada por su inserción en estrategias de mercado capitalistas y por mayores contactos con el exterior, mientras comercializa la imagen de una crisis social, que es expresión de un sistema ideológico rígido y obsoleto. Crítica social y mercado se entrecruzan para producir un cínico testimonio de la supervivencia.

Citas.
Ariana Hernández-Reguant (editor). Cuba in the Special Period, Culture and Ideology in the 90’s. Palgrave Macmillan, New York, 2009.

1 comentario:

  1. No se que sucedio pero mi comentario es con referencia a este POST. No el anteriror

    Yo considero que el simple hecho de pretender estudiar, clasificar la supuesta Revoluccion Cubana en sus supuestas etapas. No es mas que un intento de tratar legitimizar esta como si se tratase esta de un proyecto social ha que sufrido transfomaciones en su intento de satisfacer las necesidades de un pueblo y de manera honesta. Y este no es caso de Cuba . Cuba es el capricho de un Dictador.

    Tampoco considero caduco la metologia de quienes dirigen este supuesto estado, Pues caduco se trata de aquello que en un pasado fuciono y que ha perdio vigencia. El supuesto proyecto revolucionario en ningun momento funcionado ni tuvo vigencia, no en su comienzos, intermedios y mucho menos en el presente, mas por lo tanto, nunca caduco; los capricjos humanos no tienen vigencias y por lo tanto no caducan. La agonia de Cuba tiene nombre a pesar que muchos intenente darle la vuelta al asunto y difrazar lo que a las clara siempre ha sido. Una DICTARURA, la monarquia de los Castros.
    Revoluccion no el mas que la una palabra de marketing la cual se le vendio falsamente al pueblo de Cuba para crearle falsas esperanzas.

    Como Obama con su YES, WE CAN!… por nombrar otra, son frases hechas con el objetivo de manipular y comunmente muy usadas por esto populistas o dictadores difrazados.

    Si algunos quieren filosofar y sacar provecho de Cuba, mejo dediquen su tiempo y exfuerzos en liberar a un pueblo encadenado oprimido que sufre mientras escribimos en nuestro ordenador.

    No entiendo como pueden todavia a estas alturas diluirse en semjante engaño y enredarse en sus trama.
    y no han podido cortar con el cordon umbilical que los ata esa gran falsa.

    Increible!

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