15/12/09

La vida secreta de Lutz Bacher


A continuación la traducción de un texto mío que fue inicialmente publicado, en inglés, en Wynwood Magazine April/May 2009, Vol. 2 No 4, pp. 16-20



Este texto se publicó inicialmente en inglés en Wyndwood Magazine. Aquí he hecho algunos pequeños ajustes, tal vez necesarios a la hora de traducirlo al español.

La vida secreta de Lutz Bacher



La disposición de las obras en Mi vida secreta, la exposición personal de la artista Lutz Bacher, que se exhibió en el PS1 de New York, ofrece el efecto de un grupo de exhibiciones aisladas, más que la retrospectiva de una sola artista. Había un sentido de fragmentación que era acentuado por los cinco compartimentos del segundo piso del edificio, donde se realizaba la muestra. Cada sala estaba dedicada a una particular serie de trabajos.

Las obras, sin embargo, estaban conectadas de una manera dialógica. El término polifonía tal vez resulte apropiado para explicar las instalaciones de Bacher. La unidad estilística –si pudiese todavía hoy emplearse esta palabra- de las piezas consistía en las relaciones que se creaban entre imágenes, estilos y medios artísticos muy diversos (que iban desde el dibujo hasta la fotografía y el video). De una manera juguetona y políticamente cargada de sentido, Bacher parecía esconderse detrás de una pluralidad de maneras de representar. Mi vida secreta, por tanto, invitaba a encontrar los significados ocultos en la disposición de las piezas.

Me gustaría mencionar algunos ejemplos de esos sentidos (ocultos) en los trabajos de Bacher. En la instalación ubicada en la primera de las salas en las que se segmenta la exposición, la artista presentó obras de diferentes momentos de su carrera. Hay cuatro motivos conductores. Primero, unos dibujos de Playboy girls (Bacher contrató a dibujantes profesionales para que hicieran las copias de las Vargas girls), sobre los que la creadora agregó unos chistes que subvertían el carácter de los propios dibujos, que retratan a la mujer como un objeto sexual. Había también imágenes de políticos que se refieren al poder con un lenguaje obsceno, que posiblemente sea el que se exprese detrás de los modales corteses que exhiben públicamente. De este modo, el chiste grosero mostraba la imagen visual como una apariencia, un montaje ideológico o un espectáculo mediático. Había además fotos de actores célebres y finalmente, otras fotografías de los títeres Troll, que son sexualmente ambivalentes. Cualquier visitante habría podido percibir que se encontraba ante un arte de corte político, pero era el propio espectador el que debía combinar los signos para producir los significados. ¿Acaso la artista estaba sugiriendo que reconocidos políticos –como Carter, los Kennedy o Lyndon Jonson- tenían algo en común con los títeres o las Playboy girls? ¿O que eran como estrellas de cine? ¿En qué sentido las bromas sexuales podrían articularse en los partidismos políticos? Estas, entre otras muchísimas cuestiones podrían convocarse a partir de las relaciones entre las imágenes que presentaba Bacher.



Merece la pena destacar la analogía entre la “vida secreta” de la artista, enmascarada en multiples identidades, y la que se representa en las imágenes mediáticas, que ocultan las identidades de politicos, actors y Playboy girls. Es ésta una analogía que puede entenderse como una crítica al arte de contenidos críticos. Bacher sugiere que el arte crítico es otra construcción mediática. En Mi vida secreta, el arte de crítica social contiene su propia negación.
La idea de una identidad que es imposible de aprehender aparece en dos de sus otras instalaciones. En Lee Harvey Oswald Interview, Bacher se apropia de documentos –que ella se limita a fotocopiar- para ofrecer un retrato borroso del personaje que aparentemente intenta definir. La noción de secreto se encuentra igualmente presente. Los documentos se transforman en fragmentos de un rompecabezas que queda inconcluso, como si existiesen algunas piezas perdidas. El retrato psicológico de Lee Harvey Oswald es también impreciso, ya que oscila entre las respuestas ingeniosas y las reacciones enfermizas del psicópata. Su rostro, por otra parte, se reproduce hasta el punto en el que deviene una imagen vacía. Algunas oraciones de la entrevista están superpuestas de modo tal que incluso las palabras escritas se hacen difíciles de leer.



En Jackie and Me (1989) hay también una identidad que no puede ser expuesta. La mujer oculta su rostro del fotógrafo que la persigue, como si tratara de conservar un secreto. El relato, que es contado mediante el testimonio escrito y las fotos tomadas por el paparazzi, muestra a Jackie Kennedy huyendo de las representaciones mediáticas que han definidio su identidad desde la perspectiva masculina. Jackie and Me puede leerse al menos en dos sentidos. Jackie y el paparazzi (que cuenta la historia desde la primera persona) y la identificación entre Jackie, que al huir del fotógrafo exhibe que tiene algo que ocultar, y a propia artista, que mediante la apropiación artística, parece insistir en que posee un secreto que se resiste a revelar.
Jackie and Me es también una historia de vigilancia porque el paparazzi declara que, mientras persigue a la celebridad femenina, él a su vez está siendo observado por un guardaespaldas. En la misma habitación, vuelve a parecer el tópico de la vigilancia. La instalación Closed Circuit consiste en un monitor que transmite un video –comprimido en 40 minutos- de una filmación de una cámara ubicada en el vestíbulo de la Pat Hearn Gallery (que representa comercialmente a Bacher), durante nueve meses, entre octubre de 1997 y julio de 1998.

Las video instalaciones conforman otra parte de la exposición que va, como ha dicho Lia Gangitano, “de la quietud al movimiento, de lo espacial a la planitud, del silencio al volumen alto. Mencionaré un último ejemplo de cómo Bacher produce sentidos por medio del diálogo entre imágenes y textos. En una video instalación titulada Blue Angels hay dos pantallas dispuestas en la esquina de la habitación. Los dos vídeos con imágenes del cielo azul forman un ángulo de 90 grados. Aquí hay un juego de palabras que posiblemente se pierda al ser traducido al castellano. El título alude a la visualidad, casi objetual de la instalación, gracias a la proximidad fonética entre Blue Angels y Blue Angles. Pero el título es también irónico. Los videos captan a dos aviones que participan en una maniobra militar. El ruido de los motores subvierte al texto, transforma la visión angelical en una pesadilla que tiene mucho de infernal.

En una sala contigua, se encuentra la instalación Crimson & Clover (2003). La artista filmó la actuación de la banda Angel Blood, durante uno de sus conciertos. Los títulos de las instalaciones (Blue Angels y Angel Blood) están relacionados y tal vez se opongan unos a otros, como mismo el ruido de los aviones queda asociado a la sonoridad de los instrumentos eléctricos en la música contemporánea.

La vida secreta de la exposición de Lutz Bacher reside, sobre todo, en las relaciones entre las obras, en los sentidos, a veces inesperados, que suscitan los vínculos entre las imágenes.

3 comentarios:

  1. Tengo la sensación, leyendo, que es como una o varias puestas en escena, con fotos.
    Me gustaría ver la muestra.
    Gracias.

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  2. Recuerdo que fuimos a ver esta obra de Batcher la pasada primavera en el PS1. Excelente pastiche!
    Un abrazo,

    G

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  3. Los invito a leer mi último relato. Gracias.


    http://losrelatosdemauricesparks.blogspot.com/2009/12/jennifer-la-secretaria.html

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