16/12/09

Criterios

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No hay dudas de que hacia mediados de los ochenta la sociedad cubana conoció lo que fue tal vez el único período de (relativa) bonanza de las últimas cinco décadas. En tal sentido, aquellos fueron años excepcionales (que muy justificadamente habrían podido merecer el nombre de “período especial”). La mejoría de los niveles de vida de la población era complementada con una intensa actividad cultural. Exposiciones de arte, festivales de cine, amplias tiradas de libros, conciertos, debates culturales, representaciones teatrales. Y sin embargo, en aquel ambiente, en apariencia tan pleno, el pensamiento filosófico y teórico en los centros de enseñanza era increíblemente rígido y anticuado, limitado casi exclusivamente a inculcar el marxismo de las academias soviéticas (con su no menos limitada retórica).

En las universidades, la filosofía y sus versiones contemporáneas parecían haberse detenido en el existencialismo de Sartre y Camus (a quienes, por lo demás, se les citaba muy escuetamente como exponentes de tendencias burguesas, irracionales o idealistas). Por paradoja, las parciales aperturas de mediados de los ochenta parecían enquistar aún más el dogmatismo ya que el bienestar permitía robustecer la fe en el carácter inobjetable y científico del marxismo ortodoxo.

En el ámbito editorial, las cosas no eran tampoco muy diferentes. Si se comparan con las ediciones de los sesenta y comienzos de los setenta, las publicaciones cubanas estaban bastante distanciadas de los problemas de su tiempo (algo que ocurría menos con las novelas o la poesía). Todavía hoy se padecen las secuelas de aquel estancamiento. Basta reparar en que, cuando sólo faltan algunos días para que concluya la primera década del siglo XXI, las editoriales cubanas, totalmente regidas por el gobierno, no han publicado a autores como Heidegger y Derrida, Foucault y Deleuze, e incluso a marxistas como Benjamin y Adorno.

Dentro de ese contexto, la revista Criterios vino a cubrir un vacío descomunal. En Criterios no sólo se divulgaron estetas y pensadores que, dentro de enfoques marxistas, incorporaban líneas de investigación más actuales (como la semiótica, durante los años setenta), y rescataban cuestiones frecuentemente desatendidas por los manuales de Konstatinov y Afanasiev; sino que también se incluyeron textos dedicados a problemas cruciales que se discutían en los ochenta (como la definición de postmodernidad, o los debates sobre la intertextualidad). Criterios no sólo fue, para muchos cubanos de mi generación, una imprescindible vía para acceder a autores que eran virtualmente desconocidos dentro de Cuba -como Fredric Jameson, Peter Burguer, Hal Foster, James Clifford o Pierre Bourdieu-;sino que funcionó también como una critica ideológica contra el marxismo institucionalizado.

Este es un detalle que conviene no pasar por alto. La publicación de Criterios, si bien tuvo un respaldo editorial, no hubiese podido llevarse a cabo sin la labor casi solitaria de Desiderio Navarro (quien realiza la traducción de la inmensa mayoría de los textos). La revista fue uno de esos proyectos que en Cuba sólo pueden gestarse gracias al esfuerzo de un individuo, que trabaja a contracorriente del orden de cosas imperante. Tal vez esto explique el hecho de que Criterios haya aparecido de manera discontinua y sus números siempre fueran difíciles de conseguir. Yo diría que en la actualidad Criterios subsiste gracias a que se ha convertido en un producto exportable. Hace dos semanas, en un reciente viaje a la Habana, compré los tres últimos ejemplares en monedas convertibles, a precios sencillamente prohibitivos para los cubanos.

He devorado las revistas. Me detengo en el número 33( 2002), dedicado a la Globalización cultural. Es una selección de textos que incluye a autores como Arjun Appadurai, Jonathan Friedman y George Yudice, además de un formidable escrito de Fredric Jameson (Notas sobre la globalización como cuestión filosófica). Algunos de los ensayos fueron enviados para que se publicaran por vez primera en la revista. Compruebo que la lectura de Criterios también ayuda a mantenerse al día a alguien que, como yo, vive fuera de Cuba, participa del ambiente universitario norteamericano, y puede acceder a lo más novedoso del pensamiento teórico actual.

Fredric Jaméson, durante el Coloquio internacional de la revista Criterios, Casa de las Americas,1987

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