5/10/09

Pasolini, Sade y las vanguardias

I


En su filme Saló, Pier Paolo Pasolini estableció una similitud entre el fascismo y el orden social imperante en el Castillo de Silling, donde acontece la narración de 120 jornadas en Sodoma. Al trasladar el escenario de la novela de Sade a la Italia ocupada por los nazis, el Divino Marqués que los surrealistas habían venerado como una figura libertaria -en la medida en que transgredía la moral, subvertía la religión y preconizaba las llamadas perversiones sexuales- era también, en el filme de Pasolini, un antecedente del fascismo.

El propio cineasta quiso dejar en claro la afinidad entre las vanguardias y el fascismo. Las pinturas que adornan los aposentos de la villa en Saló son lienzos futuristas, expresionistas, cubistas y abstractos. ¿Por qué Pasolini decidió ambientar las paredes con estas obras y no con imágenes academicistas y kitsch, semejantes a las que sirvieron como propaganda política para el III Reich?

Una de las ideas centrales del director italiano fue mostrar la arbitrariedad del poder. En Saló, como en la novela de Sade, en cuanto las víctimas llegan al Castillo de Silling (o a la villa campestre en el filme), uno de los libertinos procede a leer el reglamento que funcionaría en esa sociedad rigurosamente aislada del mundo exterior. Es decir, se encuentran en un espacio en el que las leyes que pudieran amparar a las víctimas -no importa si hayan sido aristócratas o plebeyos- han sido derogadas (estáis ya muertas para el mundo, y sólo respiráis para nuestros placeres, prosigue el discurso hacia las víctimas).

En la villa de Saló, como el Castillo de Silling, se instaura un estado de excepción preconizado por una disciplina y unas interdicciones por completo caprichosas (por ejemplo, en la novela de Sade, los libertinos pueden negar arbitrariamente el permiso para que las muchachas usen el excusado). Allí la más leve expresión de culto religioso será castigada con la pena de muerte, la institución tradicional de la familia se ha mancillado (los libertinos contrajeron nupcias con sus propias hijas antes de incluirlas entre las víctimas) y las normas morales dejaron de existir.

El fascismo, en el filme de Pasolini, es la consumación de un poder que se sirve a su antojo de los individuos que tiene bajo su control. Este estado de excepción, nihilista, imaginativo, anti-tradicional y deshumanizado, no tiene como equivalente pictórico al realismo –en definitiva convencional, academicista y fiel a la tradición decimonónica-; sino los experimentos, transgresiones y provocaciones de las vanguardias.

La relación que establece Pasolini entre fascismo (o totalitarismo) y las vanguardias artísticas es controversial. Por un lado, difiere drásticamente de lo que solía aceptarse desde el conocido texto de Clemant Greenberg Avant-Garde and Kitsch (1939), en el que los vanguardismos tenían una existencia marginal con respecto al kitsch preconizado por los gobiernos totalitarios. Por otro, es un ataque que sigue una de las vertientes más dogmáticas de la estética marxista – ya vetusta para 1975, cuando se rodó la película- que asociaba las vanguardias a un arte deshumanizado, elitista, encerrado en sí mismo e indiferente al malestar que padecían las clases explotadas.

II
Las víctimas sadianas de 120 Jornadas en Sodoma pueden ser consideradas como ejemplos de lo que el pensador italiano Giorgio Agamben denominó “vida desnuda”, es decir, una vida que ha sido despojada de todos sus derechos ante la ley y que queda a disposición de un poder que puede eliminarla en cualquier momento. Un ser humano –reducido a ser viviente- que sólo como excluido es incluido en el proyecto social. Para Agamben los grandes paradigmas de la vida desnuda los proporcionan los campos de exterminio y las leyes de la eutanasia nazi (que se apoyaban en el presupuesto de que determinadas vidas no merecían ser vividas o no resultaban útiles para el estado). En los campos de exterminio, a su modo sociedades sadianas, no existe ninguna protección legal para los reos, las personas son reducidas a números y sus vidas pueden aniquilarse, o someterse a torturas y experimentos médicos sin ningún tipo de restricciones.

III
Pese a que la sociedad sadiana, con sus abusos y orgías, sólo obedece al propósito de satisfacer el placer de los libertinos, el poder no se ejerce de manera del todo anárquica. Hay algunos límites para su uso. A veces se trata de restricciones dirigidas a activar el deseo (las vírgenes, por ejemplo, no podrán ser desfloradas sino después de que transcurra un mes). Pero otras regulaciones –como aquella que establece que a partir de las cuatro de la madrugada cesarán las orgías- tienen que ver con la necesidad de mantener los cuerpos de las victimas. Los excesos del placer quedaban auto-limitados por el escrupuloso cumplimiento de un reglamento que los propios libertinos establecieron.

El reposo que se les concede a las victimas, si bien podría detener la continuidad del placer, se rige por una lógica de la productividad. Para Marx, como recuerda Althusser, el capitalismo sólo proporciona las condiciones mínimas para que las fuerzas de trabajo puedan renovarse y reproducirse. Algo similar sucede en la sociedad sadiána, donde los almuerzos (entre 2 y 3 de la tarde), las cenas (a las 10 de la noche) y el tiempo de descanso sólo persiguen reparar los cuerpos para que puedan nuevamente ser sometidos a las orgías y las vejaciones.

2 comentarios:

  1. Me encanta Passolini y he disfrutado volviendo a ver muchas de sus películas pero Saló me dejó tan impactada que creo que será de las que nunca más. Tengo en la cabeza muchas de sus escenas como si las hubiera visto ayer. Y aunque ya han pasado unos añitos, todavía recuerdo el mal cuerpo y la sensación de asco que me produjo.

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  2. Igual, Establo Pegaso. Vi la pelicula hace 11 annos y desde entonces no he podido olvidarla, ni volver a verla, aunque en ocasiones he deseado hacerlo. Es un filme impresionante. Saludos.

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