7/10/09

Paradojas de cierto arte crítico.

La crítica más demoledora contra el filme Sicko de Michael Moore no provino de los que afirmaron que el cineasta manipulaba la información (como sostuvo el periodista Sanjay Gupta de CNN y que en verdad dejó muy mal parada a la cadena de televisión). Tampoco son muy eficientes los que la emprenden contra la personalidad egótica de Moore (y que suelen ser descalificados como representantes de las posiciones más conservadoras de la sociedad norteamericana).

La crítica más aplastante contra Sicko salió de la boca de uno de los más acérrimos críticos del capitalismo: el pensador y lingüista Noam Chomsky.

Para Chomsky el reciente interés por sanear el sistema de salud pública estadounidense se debe a las múltiples quejas de las corporaciones, perjudicadas por los irracionales aumentos de los seguros médicos y, por tanto, forzadas a hacer cuantiosas inversiones en materia de salud. Gastos que encarecen los costos de producción y dificultan la competitividad en el mercado global. Es decir, las aseguradoras –a su vez presionadas por mecanismos judiciales que protegen al paciente de cualquier “malpractice”- han entrado en conflicto con el flujo del capital. Es cierto que en su breve comentario, Chomksy no menciona a Moore por ninguna parte. Parecería como si el autor de Consenso Manufacturado pasara por alto la resonancia política del filme.

Esta sería una ceguera colosal. Sicko es, entre los documentales de Michael Moore, el menos logrado como película y al mismo tiempo el que mayor incidencia ha tenido sobre la opinión pública norteamericana. Convenientemente estrenado en vísperas del inicio las campañas electorales del 2008, Moore consiguió llevar a un primer plano el debate sobre la salud pública. Pero, más que ignorar este acierto de Sicko, Chomsky parece indicar que el filme obedece a los intereses de todas esas grandes empresas afectadas por el asfixiante sistema actual.

Uno puede o no estar de acuerdo con la opinión de Chomsky (yo no la comparto del todo); pero habría que convenir en que la imagen de Moore- un millonario que viste de paisano humilde mientras sus filmes se dirigen más bien a la clase media (integrada por adolescentes rebeldes, estudiantes universitarios, intelectuales, artistas y profesionales de centro-izquierda)- se corresponde plenamente con esta crítica ideológica. Sicko es un documental que enfrenta a los humildes contra las aseguradoras, sin llamar mucho la atención sobre el conflicto de intereses que señala Chomsky.

No hay comentarios:

Publicar un comentario