4/10/09

La calumnia

Si agita hoy, con su aleteo, el aire de Pekín, una mariposa puede modificar los sistemas climáticos de Nueva York el mes que viene.
J. Gleick

I
El “efecto mariposa” es uno de los ejemplos más conocidos –y espectaculares- de la llamada teoría del caos. Más o menos sería como sigue: Si un meteorólogo consiguiera realizar una predicción objetiva y matemáticamente precisa de las condiciones climáticas, dicho cálculo sería inexacto si no contemplara las afectaciones que producirían miriadas de minúsculos y, en definitiva, inconmensurables accidentes. La resonancia, continuamente ampliada, que tendría el batir de alas de una mariposa en otro lugar del planeta podría volver errático e impredecible todo el sistema. Ahora habría que imaginar esos accidentes –virtualmente infinitos-, interactuando, produciendo innumerables alteraciones y errores.

II
Unos amigos, investigadores muy competentes en problemas ecológicos, me han dicho que este conocido “efecto mariposa”, en realidad no puede sostenerse y menos aun demostrarse. Pero como –a diferencia de mis amigos- no soy ningún entendido en la materia, no me siento en condiciones de opinar mucho sobre el asunto.

Sin embargo, me atrevería a meter un poco la cuchareta aunque sólo sea para mencionar un antecedente del llamado “efecto mariposa” que poco o nada tiene nada que ver con las ciencias. Se trata de La calumnia, el aria de Don Basilio, en la ópera El Barbero de Sevilla. En los primeros versos, escritos por el libretista Cesare Sterbini, se describe un fenómeno físico –meteorológico- comparable al del aleteo de una mariposa :
La calumnia es un vientecillo,
es una brisita suave, gentil,
que insensible, sutil,
con ligereza, suavemente,
comienza,
comienza a murmurar.

Un susurro que en voz muy baja comienza a propagarse hasta engendrar un malestar en las personas:
Queda, a ras de suelo,
en voz baja, sibilante,
va corriendo, va zumbando,
va corriendo, va zumbando;
y en oídos de la gente
se introduce,
se introduce hábilmente
y a las cabezas y cerebros,
y a las cabezas y cerebros
aturde, aturde e hincha.

Luego, Sterbini acude precisamente a la imagen de la tempestad, que se encuentra en la descripción del “efecto mariposa”:
Una vez fuera de la boca
el alboroto va creciendo,
adquiere fuerza poco a poco
y vuela de un lugar a otro;
semeja un trueno, una tempestad
que en medio de los bosques
va silbando
y atronando y de horror, helará.

Finalmente, la explosión, que –como un asesinato- se traduce en la destrucción definitiva de la víctima por la calumnia:
Al fin se desborda, explota y estalla,
se propaga, se redobla
y produce una explosión,
como un disparo de cañón,
como un disparo de cañón.
Un terremoto, un temporal,
que hace temblar el aire.
Y el infeliz calumniado,
envilecido, aplastado,
bajo el azote público podrá
considerarse afortunado si muere.
Y el infeliz calumniado,
envilecido, aplastado,
bajo el azote público podrá
considerarse afortunado si muere.


III
La repetición de los versos, al igual que ese susurro que se transforma en tormenta y luego en estallido y terremoto, se hace cada vez más insistente, como si el texto reprodujera uno de los mecanismos más recurrentes de la calumnia: martillear una y otra vez sobre la misma idea.

La música de Rossini igualmente remeda esa resonancia en aumento. Desde el comienzo, que casi podría verse como un recitativo, el aria de Don Basilio va en un crescendo continuo hasta culminar en una eufórica sucesión de notas.

IV
La calumnia sería, en el ámbito social, el equivalente del caos y el error en las mediciones del clima. Un azote público, dice casi al final.

La calumnia desempeña un rol de no poca importancia en los enfrentamientos políticos. Es el recurso que, a falta de ideas más convincentes, permite desviar de manera acusatoria las discusiones hacia la esfera de lo privado. Casi siempre un recurso de quien, dentro de un debate político, se encuentra en una posición desventajosa.

V
Nicolai Ghiaurov, en La Calumnia

1 comentario:

  1. Lo insidioso de la calumnia viene con la imagen mental que produce. Aunque se desmienta, el suceso ocurrió en nuestra mente y lo vimos, y como el clavo que se saca, siempre dejará huella hasta el punto de poder convertirse en realidad en nuestra memoria.

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