19/9/09

La Danza

xxxxxxxx

I
Compruebo que me resulta mucho más sencillo escribir sobre una instalación, o sobre alguna obra contemporánea, que sobre una pintura. El ejercicio de comentar un cuadro se me hace todavía más difícil cuando se trata de lienzos que disfruto de manera muy especial.
II
A menudo, cuando visito el MoMA, me detengo ante la pared donde se encuentra La Danza, de Henri Matisse.

Podría ensayarse una descripción apresurada de la imagen: el cielo, el montículo de hierbas sobre el que bailan las cinco figuras, desnudas, con las manos enlazadas. Pero estas palabras en modo alguno consiguen transmitir la emoción que suscita la pintura. ¿Cómo referirse, entonces, a esa comunicación afectiva que se produce sobre todo en el ámbito de lo visual? Una comunicación que, dicho sea de paso, en ocasiones brilla por su ausencia en el arte de nuestros días.

La pintura habla en una lengua intraducible no sólo porque se dirige a la mirada, sino también porque es una lengua que se va gestando como un diálogo, en un espacio de intimidad, como un intercambio entre la experiencia individual, única, del espectador y la obra de arte. Así un detalle que es irrelevante para una persona puede convocar una impresión muy intensa en otra. Y las palabras parecen casi insuficientes para ofrecer equivalencias del disfrute que produce, digamos, una línea curva - admirablemente simple- con la que se traza el contorno de un cuerpo femenino, o los brochazos, muy espontáneos, con los que el pintor cubrió los espacios de la tierra y el cielo. O las superficies en azul, de una opacidad muy sugerente, que delata la presencia otro pigmento, como una capa subterránea y enigmática. La Danza parece pintado casi exclusivamente con la intuición y al mismo tiempo uno no puede dejar de advertir que Matisse trabajó incesantemente sobre su idea, calculó meticulosamente los ritmos de las cabelleras, los gestos de los pies y las formas irregulares que habitan en el interior de esa especie de óvalo que dibujan las manos de las bailarinas.
III
La pintura comunica mucho más allá de las palabras, casi sin necesidad de palabras. Una comunicación muy plena que René Huyghe describió con una expresión que tal vez hoy suene excesivamente romántica y hasta anticuada: un diálogo con el alma.

4 comentarios:

  1. Linda aproximación, Ernesto. La primera vez que vi a Matisse siendo estudiante de arte tuve la sensación de que si presentaba algo así a mis profesores me suspenderían. Todavía me sigue impresionando su audacia en el tratamiento del espacio y la composición, tan cercano a la libre, espontánea visión infantil. Esas cabezas constreñidas contra el borde superior y el derecho, balanceadas por la figura grande de la izquierda que les sirve de ancla y asta a esa especie de bandera que es una papaya. Homenaje total a la divinidad femenina -sus cinco figuras pueden encarnar el pentáculo, símbolo pagano de Venus.

    ResponderEliminar
  2. Muy interesantes tus observaciones, que contribuyen a apreciar el cuadro. Pero lo que mas me llama la atención de tus palabras es tu sensación de que te suspenderían si presentabas un cuadro así. Creo que todavía hoy es un cuadro complejo y poco convencional. Muchas gracias, Rafa, por tus comentarios.

    ResponderEliminar
  3. Hola Ernesto,
    Muy bueno tu blog!!, recién lo descubro. Una amiga me lo recomendó y lo encuentro bien instructivo.
    Comento en este articulo porque a pesar de nunca ser un gran admirador de la obra de Matisse, este es uno de esos cuadro que siempre he querido entender y me alegra que alguien con escuela me ayude a ver cual es la magia de este cuadro.
    A pesar de encontrar muy buena tu punto de vista sobre el cuadro y aceptar que me ayuda a observarlo de otra manera, todavía no lo siento.
    Otra cosa, de veras crees que estudio meticulosamente cada movimiento?
    Bueno muchas gracias por compartir tu blog y lo visitare a menudo.

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias, anonimo, y tambien a su amiga por la recomendacion. Bueno, sobre los movimientos yo dije que daba la impresion de que todo estaba minuciosamente calculado. Sobre todo parecen muy pensados los espacios interiores, es decir, aquellos que quedan como encerrados entre las manos y los cuerpos de los personajes. Pero, la verdad es que no se cuanto de calculo existio en la pintura. Si hay fotos en las que se ve a Matisse trabajar con unos pinceles enormes. Tal vez una indicacion de que partio directamente de bocetos muy detalladamente elaborados. Saludos.

    ResponderEliminar