23/8/09

De la sencillez en la crítica de arte contemporánea.



La crítica de arte, al menos desde la segunda mitad de los noventa, ha experimentado cambios notables. Me gustaría ilustrar algunas de esas transformaciones con las palabras introductorias de The Object Stares Back. On the nature of seeing (un título que encuentro difícil de traducir; pero que sería algo así como El objeto nos mira de vuelta; aunque stares tendría más bien el sentido de escrutar). Escribe James Elkins al comienzo de su libro:

A primera vista podría parecer que nada es más sencillo que mirar. Simplemente habría que dirigir los ojos hacia donde ellos quieran y detenerlos en lo que sea que haya para ver. Nada requeriría de menos explicaciones. El mundo está inundado de luz y todo está al alcance de la mirada. Podemos ver personas, fotografías, paisajes, y cualquier cosa que necesitemos mirar. Con la ayuda de la ciencia podemos contemplar las galaxias, los virus, y el interior de nuestros propios cuerpos. Ver no interfiere o no toma nada del mundo, no hiere o no daña nada. Ver es algo que no involucra, eficiente y racionalmente. A diferencia del estómago o el corazón, los ojos están bajo nuestro control. Ellos obedecen a cada deseo y cada pensamiento.
Estas ideas son completamente erróneas. La verdad es mucho más compleja: ver es algo irracional, inconsecuente e incontrolado. Es un acto inmensamente problemático, emparentado con la ceguera y la sexualidad, y atrapado en las hebras del subconsciente. Nuestros ojos no están bajo nuestro control: ellos vagan hacia donde les place y nos dicen que sólo han estado donde los enviaron. Vemos muy poco de lo que estábamos mirando, sin importar cuánto esfuerzo pongamos en ver. Si imaginamos a nuestros ojos como aparatos de navegación, lo hacemos para no tener que lidiar con el problema de qué es en realidad ver. Ver es como ir de cacería, o como soñar e incluso como enamorarse. Ver es un acto que se enreda en las pasiones –el celo, la violencia, la posesividad- y está inmerso en la vida afectiva –el placer, el displacer, el dolor. En última instancia, ver altera lo que vemos y transforma al que mira. Ver es una metamorfosis y no un mecanismo.


Espero no haber traicionado mucho el sentido de estas palabras. En ellas creo advertir algunos rasgos que podrían tipificar, aunque sea de manera demasiado general, a lo más novedoso de la crítica de arte contemporánea. El primero de esos rasgos es la simplicidad. Hasta hace poco, el texto hermético aspiraba a ser un equivalente de la obra de arte, igualmente de difícil comprensión, de intención conceptual, paródica o filosófica, dirigida a un público altamente especializado. Sin embargo, uno de los problemas más acuciantes con los que comenzó a tropezar dicha crítica fue que su complejidad, a veces artificial, devino -como observó el propio Elkins- en la producción de textos que ya no estaban destinados a ser leídos y cuya hermeticidad aburre en un dos por tres. En una dirección radicalmente opuesta, la crítica reciente se ha propuesto rescatar a los lectores, seducirlos, involucrarlos nuevamente en la aventura de disfrutar del arte contemporáneo. Es por eso que parecen desterrar las elucubraciones poéticas y las oscuras (cuando no sencillamente incomprensibles) especulaciones filosóficas. Igualmente, en aras de cautivar al lector, la crítica de arte parece convenir en que la pedantería –en la escritura como en la vida cotidiana- es de mal gusto. El pedante no sólo fatiga con sus pretensiones de manejar los nombres de X o Y autores, sino que, sin siquiera darse cuenta, se expone a sí mismo al ridículo porque los lectores pueden advertir con relativa facilidad cuando tratan de venderles gatos por liebres. La crítica de arte contemporánea es más bien evocativa. En el fragmento de Elkins, el autor alude, al menos, a 1) el psicoanálisis, 2) Merleau-Ponty y su concepto de “carne” 3) Rosalind Krauss. Pero ninguno de estos nombres emerge explícitamente en el texto. Parecería como si existiese cierto (elegante)pudor que impidiese pronunciarlos.

Otra característica, frecuentemente acompañada de la sencillez a la hora de presentar un determinado criterio, consiste en desafiar lo obvio y lo aparentemente incontrovertible. Con frecuencia los lugares comunes son las teorías postmodernas –contra las que parece polemizar la nueva crítica- o posiciones que pretenden ir más allá de las apariencias para supuestamente denunciar un orden de cosas oculto. La crítica de arte persigue ofrecer visiones inusuales de los fenómenos que comenta. Para hacerlo, ha pasado de la descripción de las imágenes a una escritura en la que el autor –el espectador- está involucrado en la obra que tiene ante sí. Una escritura de la participación más que de la contemplación, más del disfrute que de la especialización.

2 comentarios:

  1. Y a mi que me hubiera gustado comentarte aqui que quizas lo que se oculta es que la mirada pudiera estar hecha casi toda de palabra, de algo tan simbólico que incluso no podria verse (apreciarse) una cosa sin que algunas referencias (o conceptos ya convenidos)nos aseguraran la mirada. Vaga o intencional.
    Pero me quedo mejor con tu critica de la critica de arte, que nos "hace ver lo inusual" de lo que tenemos delante.
    Un abrazo,
    Verónica

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  2. Muchas gracias, Veronica,
    Comprendo tu perspectiva sobre la mirada casi toda hecha de palabras. Tu eres una persona que sabe ver lo inusual de las cosas. Ahi esta tu blog, tan original y tan diferente. Es un deleite visitarte. un abrazo.

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