8/7/09

Waste Not (No desperdiciar).

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I
Hay, me parece, una dicha en la vida frugal. Los poetas han ofrecido imágenes de esos estados de libertad. A mi mente acuden, por ejemplo, los primeros versos de Ma Bohéme:

Marchaba con los puños en los bolsillos rotos
Mi gabán también se volvía ideal
Caminaba bajo el cielo, oh Musa: yo era tu fiel vasallo
Qué de amores espléndidos soñaba

O los versos finales del conocido poema Autorretrato, de Antonio Machado:

Y cuando llegue el día del último viaje
Y esté al partir la nave que nunca ha de tornar
Me encontrareis a bordo, ligero de equipaje
Casi desnudo, como los hijos de la mar.

Y ese Déjenlo todo, casi un manifiesto de locura libertaria, de André Breton.

Pienso también en Tolstoi, octogenario, que dejó todas sus pertenencias y huyó de su acaudalada hacienda para peregrinar hacia ningún lugar y morir finalmente, cubierto por la nieve, en una estación de trenes.

II
Así podrían seguirse enumerando (coleccionando) imágenes que describen una felicidad que para mí es, por desgracia, inalcanzable. Muchas veces he deseado andar "ligero de equipaje", a la intemperie, tan sólo con mi laptop bajo el brazo, mi iPod en un bolsillo, unos audífonos y mi billetera (en la que, desde luego, guardaría mis tarjetas de banco y alguna que otra preciada pertenencia). Si esta parquedad fuese posible. O si pudiese al menos prescindir de tantas cosas que al cabo me parecen superfluas, por no decir inoportunas. Pero, lamentablemente, no puedo contener la maldita costumbre de coleccionar. Con demasiada facilidad me entrego a la tentación del coleccionismo: sellos de correos, marquillas de tabaco, cajas de fósforos, postales de arte, notas manuscritas, imanes, libros, dvd, cds. Lo que sea. Incluso me resulta placentero contemplar, de vez en cuando,las rarezas que he logrado adquirir. Toda colección tiene sus joyas y sus exclusividades.

III
Alguna vez, cuando todavía vivía en La Habana, oí hablar de una supuesta “enfermedad del cubano”. Consistía en acumular, acumular incesantemete, como si casi cualquier objeto tuviese alguna utilidad en el futuro. Al parecer era un trauma que arrastraban los cubanos durante sus vidas cotidianas y que los acompañaba también en el exilio.

Yo mismo creí por momentos padecer ese malestar. Allí están, sin ir muy lejos, esas otras colecciones menos concientes y apenas disfrutables: camisas, zapatos, chaquetas, pantalones que permanecen como adormecidos en mi ropero, mientras pasan los meses, y hasta los años, sin que yo me anime a usarlos. El otro día abrí una gaveta que contenía una notable variedad de cables, alambres, transformadores, interruptores, baterías y toda suerte de tornillos, remaches y tuercas. Antes de empaquetarlos y arrojarlos definitivamente a la basura, todavía una voz me conminaba a conservar todos esos trastos, que incluso habían viajado conmigo de North Carolina a New York. Y para qué hablar de las docenas de bolsas plásticas que sistemáticamente voy guardando debajo del fregadero. O mis cepillos de diente. Colecciones casi inconcientes, a las que apenas les presto atención, malos hábitos de los que me cuesta trabajo desprenderme.

IV
Esta mañana, en el MoMA pude liberarme de la creencia de padecer “la enfermedad del cubano”. Al menos no se trataba de un padecimiento exclusivo de los que tuvieron que lidiar con las muchas carencias por las que atraviesan quienes residen en la isla. Delante de mí, en la primera planta del museo, la artista china Song Dong había dispuesto una abundante colección de objetos comparables a esos que me parece reunir casi por inercia o por pereza. A primera vista, la instalación tenía la apariencia de un almacén o de una tienda de objetos deteriorados. Pero si uno comenzaba a prestarle atención a los detalles, si recorría los vericuetos que permitían internarse en la instalación, de inmediato advertía que se trataba de un amontonamiento de objetos inservibles.

Allí, en la instalación de Dong, estaban, graciosamente dobladas en formas triangulares, docenas de bolsas de plástico que me hicieron recordar a las que yo guardo en mi apartamento. Había también una hilera de tubos de pasta de diente vacíos, tapas de botellas de plástico, juguetes vetustos dentro de cajas de cartones amarillentos, botones, envases, y una increíble diversidad de objetos que yo identificaba con el placer de saber que mi mal hábito no sólo era humano, demasiado humano; sino que existían personas todavía más inclinadas a coleccionar cosas inservibles. De una manera muy directa, Waste Not me hacía reparar, con fruición, en esas colecciones a las que apenas les prestaba atención en mi vida cotidiana.

¿Dije objetos inservibles?
Supongo que para Song Dong Waste Not posea una enorme carga afectiva. En la instalación reunió las pertenencias que había acumulado su madre durante medio siglo. Estaban allí seguramente muchos de los objetos que poblaron su infancia y que, desgastados y obsoletos, conservaban un poderoso valor sentimental. Dong había expuesto no sólo su casa, sino también, a no dudarlo, su tesoro personal, aquel desde el que podía trazarse el itinerario de su vida afectiva.

III
Eran también, hasta cierto punto, documentos históricos. Recuperaban una historia de la vida cotidiana en China durante los últimos cincuenta años. Puedo imaginar cuantas evocaciones podría despertar la gigantesca instalación –de unos tres mil pies cuadrados- en alguien que hubiese participado de la vida cotidiana bajo Mao y el socialismo chino.

8 comentarios:

  1. Estos objetos de alguna forma eliminan la linea entre lo biografico y la obra estetica. Pienso en lo que mencionabas: mas que una coleccion en el tiempo, se trata de una muestra de parte de una vida, una vida secreta y no tan secreta.
    Trazas que ciertamente son la vida misma.

    Aunque ya hay todo un repertorio de artistas que van haciendo este tipo de incursion en lo fragmentario y lo cotidiano, el mas memorable para mi, no se para ti Ernesto (al menos es un gran artista que ambos nos gusta) es aquella obra de Ilya Kabokov, "El hombre que nunca tiro nada a la basura". Finalidad diferente, mismo metodo.
    Song Dong intenta abrir el campo hacia esta tendencia que me parece comprometedora del arte contemporaneo.
    tu amigo,
    Gerardo

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  2. Mantengo el apego por las cosas que son historia. Hace poco me mudé y en la preparación de cajas y bolsos, asomaron montones de recuerdos materializados en cartas, ropas, libros y también otros inclasificables. Casi nada fue a la basura.
    En cualquier momento monto una exposición.
    Muy lindo post!! Gracias.

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  3. Qué interesante, Ernesto, todo el recorrido sobre los objetos y las pertenencias en general. ¿Y si el artista encontró, al fin, la buena manera de deshacerse del objeto? Habrá que dejarlo ir, todo, todo, incluso, las pequeñas joyas.
    Tén mis saludos, un tesoro este post!
    Verónica

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  4. Muchas gracias Gerardo,
    es una interesante arista esa que mencionas sobre lo biografico y lo estetico. Cierto que en el arte contemporaneo se juega mucho con este tipo de acumulaciones. No recuerdo ahora exactamente la obra de Kabakov que me estas mencionando; pero evidentemente sus creaciones tienen mucho que ver con esa vertiente que, como observas, es muy atractiva para los artistas contemporaneos. Un saludo.

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  5. Jajaja Zoe,
    avisame para no perderme al exposicion. Estoy muy de acuerdo contigo en que algunos objetos son "recuerdos materializados". Me ha gustado mucho esa expresion. Y desde luego que tales recuerdos no pueden bajo ningun concepto lanzarse a la basura. Al menos yo no puedo hacerlo, aunque siempre guardo un extra de los que conviene prescindir. Muchas gracias por tu nota y por pasar por aca.

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  6. Veronica:
    que gusto verte pasar por aca y dejar este comentario. Me es dificil responder a tu pregunta sobre si el artista encontro la buena manera de deshacerse del objeto. Siempre he pensado que los artistas sostienen relaciones muy complejas con su propio mundo. Relaciones obsesivas, de pasion, como si el propio objeto fuese una materia indomita y en esa interaccion la imagen adquiriese una vida propia. Todo artista es un poco como Pigmalion, me parece. Dicho esto, no sabria decirte si los radicalismos que propones puedan verdaderamente cumplirse. Gracias por tus elogios y que se repita la visita.

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  7. Ernesto, estoy totalmente de acuerdo con todos tus comentaristas. Este post es una joya. Déjame decirte que entre el punto II y el III me reí en voz alta, parecía una verdadera demente riendo sola en casa delante de la máquina. No te conocía esos secretos.

    Respecto a lo de esta tendencia en arte contemporáneo y actual no voy a aportar más de lo mismo. Te quiero comentar sobre el trabajo que realiza una historiadora del arte quebequense, Valérie Rousseau, quien se interesa en las manifestaciones del arte popular, cosa que ella ha dado en calificar como "Artes indisciplinadas". Sin comentario.

    La relación con tu post viene por el hecho de que muchos de los "artistas" que ella aborda son meros coleccionistas de todo tipo de objetos. La inmensa mayoría colecciona de forma compulsiva y a veces, como por instinto, terminan haciendo algo con esos objetos (una instalación en el patio de su casa, por ejemplo).

    No comparto su enfoque, porque para mi el arte lleva implícito una reflexión, pero su investigación es sin dudas interesante. Si te interesa conocer más detalles te puedo hacer llegar los datos de su sitio.

    Saludines.

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  8. Estoy de acuerdo con tu idea de que el arte lleva implicito una reflexion. Mis bolsas de plastico no son ninguna creacion artistica, mientras que las que puso Song Dong en su instalacion si lo son o, al menos son parte de su obra. Ahora creo que es Valerie Rousseau la que esta haciendo, ella misma, con su coleccion de coleccionistas compulsivos, una obra de arte.
    Que bueno que te reiste con el post. Yo habia tratado de darle un enfoque medio comico. Un abrazo.

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