6/7/09

El cine y los espejuelos de Monet.

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I
Esta mañana, mientras infructuosamente trataba de localizar en YouTube Los misterios de una barbería, que es una de las películas más comicas que he visto jamás –y en la que colaboró Bertold Bretch-, sin saber cómo, tropecé con El hombre con la cámara de cine, de Dziga Vertov. Todo el filme puede verse en nueve partes.
Vertov es, me parece, un ejemplo extremo de fascinación por su propio trabajo. Veía el cine no ya como una prolongación de su vida, sino más bien como parte de su propio cuerpo. O mejor dicho, el cine reducía su cuerpo a un ojo.

En algún momento escribió:

Yo soy un ojo, soy un ojo mecánico. Yo, una máquina, te muestro el mundo como sólo yo puedo verlo.

Creo que la frase podría servir para resumir su Hombre con la cámara de cine.

II
Encuentro graciosa la aversión de los pintores impresionistas –casi todos eran irremediablemente miopes- por los espejuelos. Leo este par de anécdotas en el libro Claude Monet: Impressions of France de John Russel Taylor. 1)Cuando alguien le ofreció unas gafas a Cézanne, éste respondió “Llévense esas cosas vulgares de aquí” 2) Monet reaccionó de un modo parecido. Se probó los espejuelos y los devolvió de inmediato, mientras soltaba una lamentación burlona: oh Dios mío, estoy viendo las cosas como Bouguereau (que era un pintor académico de fines del siglo XIX).

Lo que encuentro significativo en esta historia de Monet es que los espejuelos no le sirvieron para reconocer la realidad. Lejos de percibir el mundo que lo rodeaba, él sintió que las gafas imponían (en su caso de manera involuntaria) no una percepción adecuada o más nítida, sino la visión del entorno que tenía otro pintor. Los espejuelos le devolvían el mundo como una imagen concebida por otro artista.

El cine crea un efecto análogo. Al asistir a la proyección de un filme, el espectador conciente en participar en una experiencia comparable a la de Monet. El cine impone, mientras dura la película, una vision de la realidad que no es ya la del espectador y que incluso excluye su presencia física ya que de acuerdo con Christian Mertz, lo único que un filme no puede mostrar es a quien contempla la película.

Más que un instrumento óptico, cuya efectividad depende de las convenciones y condiciones artificiales a las que somete al espectador (la sala oscura, la superficie plana y rectangular donde se proyecta el filme, los asientos dispuestos frente a la pantalla, el silencio colectivo, etc.); el cine, como creyó Vertov, es un ojo que induce a mirar lo que él ya ha visto. Un ojo que hipnotiza.

2 comentarios:

  1. Mucha razón. Porque puede haber un teatro dentro del teatro, de hecho el teatro experimetal lo ha "experimentado" a menudo. Pero un cine dentro del cine...es incierto, más aún si partimos del presupuesto del cine como una industria con la capitanería de un ojo guía...

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  2. ¡Hoy me he dado banquete con tu blog! Tengo que confesar que me provoca un gran placer leerte y asistir a estos apuntes que aquí compartes con nosotros. A mi este video me recordó la fotografía de Henri Cartier-Bresson. Creo y estoy completamente convencida -porque de hecho, a mi me sucede- de que hay personas para las que el lente es una prolongación de su existencia. Iliana Cepero suele decirme que soy una fotógrafa documentalista y no lo sé. Lo cierto es que no concibo ir por la vida sin una cámara. Una pena que la mía no sea de las mejores. Quizás va y sí me equivoqué más de una vez de profesión... ¿Quién sabe? Respecto a la anécdota de los Impresionista, la conocía. Me la recordaste y está muy a tono con esta reflexión inteligente. Gracias, Ernesto, por tan magnífico blog.

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