20/6/09

Textos para no ser leídos.


I
Me gustaría, en una serie de entradas, dedicarme a comentar sobre textos cuya función es precisamente que no sean leídos, aunque evidentemente cualquiera pudiera tomarse el trabajo de leerlos.

No me refiero a las anotaciones personales que, por los motivos que sean, un autor prefiere conservar para sí. Hablo de textos destinados publicarse a sabiendas de que no serán leídos. Más aún, que se divulgan, a veces de manera excesiva, precisamente porque tienen grandes posibilidades de no ser leídos. Suena como un contrasentido. Y lo es, sin duda alguna.

Pero en ningún caso debiera sorprender la abundante producción de dichos textos. De hecho, podría decirse que una –no la única- condición para que un texto no sea leído consiste precisamente en su presencia dentro de un vasto conjunto de textos, la mayoría de ellos igualmente destinados a no ser leídos. Son escritos que dialogan entre sí, se contagian su ilegibilidad, hasta articular una red que amplifica esta cualidad de textos para no ser leídos.

II
Una de las funciones más evidentes de este género de escritos: usurpar el espacio del lector, abrumarlo, hacerle el trabajo difícil, ocultarle una determinada información de tal modo que, sin necesidad de acudir a la censura, encontrarla sea tan difícil como buscar una aguja en un pajar. Los textos para no ser leídos proliferan precisamente donde hay escritos que no hay mejor alternativa que dar a conocer, porque prohibirlos sería todavía más dañino que no divulgarlos.
En ese sentido los textos para no ser leídos fueron una de las perversiones de la prensa bajo los países socialistas. Umberto Eco afirmó en alguna ocasión que el New York Times, con su excesiva cantidad de páginas -que un lector no tiene tiempo de consumir- ocultaba tanta información como las escasas y escuetas noticias que aparecían en los diarios soviéticos. Me parece exagerado. Pero al margen de si Eco tuviera o no razón, lo más probable es que en la voluminosa tirada del New York Times no existan textos para no ser leídos. Si el periódico estadounidense persigue ocultar -o divulgar a regañadientes- una determinada noticia, lo hace mediante la inserción de un cúmulo de textos entretenidos, o a través de polémicas que sean lo suficientemente atractivas como para distraer al lector y hacerle pasar por alto o subestimar la importancia de un determinado detalle. Los textos para no ser leídos no tienen espacio en el New York Times. La prensa en los países socialistas optó por otra variante, más encaminada aun a neutralizar la función crítica del periodismo.

III
Hace unos días, Enrisco mostró en su blog, la cobertura de prensa que tuvo la caída del Muro de Berlín en el diario cubano Granma. La información no sólo era breve y distorsionada, como si el acontecimiento, despojado de su importancia política, ideológica y simbólica, fuese una reforma que se limitaría a aliviar o agilizar los trámites burocráticos para viajar de una Alemania a la otra. La noticia, además, estaba rodeada de textos para no ser leídos.

Enrisco transcribió los titulares:

-Prueban drenaje parcelario en agricultura no cañera
-El sonido de la zafra en Bahía
-VII Feria Internacional de La Habana: concertados varios contratos de exportación
-También les ganamos a las campeonas mundiales
-Diario de una capitana

Y al día siguiente:

-Pinar puede hacer una zafra ejemplar
-Clausuran mañana feria
-En Camaguey conferencia provincial de la CTC
-Electo Petar Mladenov como secretario general del Partido Comunista Búlgaro
-Concluyen hoy las elecciones en Namibia
-Otros combatientes de vuelta
-Manifiesta interés Albania por incrementar nexos con Cuba
-Hallan petróleo en el primer pozo

Es decir, el proverbialmente breve espacio del Granma (una tirada de unas pocas páginas), además del relleno de las fotografías, quedaba invadido por noticias irrelevantes, intencionalmente aburridas y por completo desvinculadas de los intereses de la gran mayoría de los lectores. El Granma es una publicación que debe contener un determinado porciento (más o menos variable según las circunstancias) de textos para no ser leídos porque sencillamente no está orientado hacia un consumidor; sino hacia un ciudadano al que se le pretende inculcar una determinada ideología. Pero bajo el totalitarismo, como afirma Slavov Zizek, la ideología no está concebida para tomarse en serio. La estrategia, por tanto, consiste no tanto en imponer un sistema de valores en específico(y que en definitiva pueden modificarse a conveniencia), como una retórica de optimismo, de triunfalismo, de heroicidad y virilidad. Y la manera de transmitir esto es mediante textos para no ser leídos, repetitivos, invasivos y repetidos hasta la saciedad, cuyos pormenores, despojados de cualquier posible eros (contenidos sexuales, chismes o intrigas personales), se vuelven ilegibles a fuerza de aparecer por todas partes. A veces, la estrategia no está exenta de humor, aun cuando se trate de una burla irrespetuosa(en cierta ocasión, en La Habana, un amigo me mostró dos ejemplares del Granma, con fechas distintas, separados varias semanas uno de otro, en la que se repetía exactamente la misma noticia, con un idéntico titular. No creo que muchas personas se hayan dado cuenta de esa reiteración).
IV
En una futura entrada quisiera comentar otros ejemplos menos evidentes de textos para no ser leídos, como es el caso de parte de la crítica de arte contemporánea.

1 comentario:

  1. El asunto es q esos periódicos no se editan con la intención d darles el uso social q lleva un periódico normal, sino con la intención d sustituir las carencias d papel higiénico..
    Saludos desde mi rincón del Mundo.

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