1/5/09

Boris Groys. La topología del arte contemporáneo(Cont. VIII)



El gesto iconoclasta que produce la obra de arte modernista funciona, desde luego, no sólo como una manifestación de la subjetividad artística entendida como pura negatividad. Este gesto tuvo el propósito positivo de revelar, en la obra de arte, su pura presencia. Estaba encaminado a establecer, como planteó Malevich, la “supremacía del arte” al liberarlo de su sumisión a la ilusión mimética, la intención comunicativa y los requisitos tradicionales de reconocimiento inmediato. Demasiado frecuentemente caracterizado como “formalista”, el arte Moderno apenas puede ser definido sólo en términos formales. Las obras de arte modernistas son demasiado heterogéneas a un nivel formal para ser subsumidas bajo un criterio puramente formalista. Más bien, el arte modernista puede ser caracterizado por su particular reclamación de la verdad: en el sentido de ser presente, concienzudamente visible, inmediatamente revelado o, para usar un término de heideggeriano “desocultado”. Más allá de este reclamo específico de verdad, la obra de arte modernista pierde su filo y pasa a ser meramente decorativo, cualesquiera que puedan ser sus formas. Precisamente este reclamo de verdad fue puesto entre signos de interrogación por la crítica postmodernista: la presencia aparentemente inmediata de la obra de arte modernista fue acusada de ocultar su real carácter repetitivo y reproductivo. El sólo hecho de que la obra de arte modernista es todavía reconocible como una obra de arte significa que reproduce las condiciones de recognibilidad de una obra de arte como obra de arte, incluso si parece ser una forma completamente original. Más aún, el gesto iconoclasta que produce la obra de arte modernista puede en sí mismo ser descrito como funcionando de una manera repetitiva y reproductiva. Eso significa que la verdad de la obra de arte modernista, entendida como su presencia material inmediata, puede ser fácilmente descrita como una mentira, como un ocultamiento de un número potencialmente infinito de reproducciones, copias que vuelven esta obra de arte “original” identificable, reconocible en primer lugar. El arte postmoderno renuncia a este reclamo de verdad que el Modernismo había formulado. Pero el arte postmoderno no enuncia su propio reclamo de verdad y permanece crítico y desconstructivo. Bajo las condiciones de la postmodernidad el arte se convierte en una mentira que se manifiesta a sí mismo como una mentira y encuentra su verdad en la clásica paradoja de un mentiroso que confiesa ser un mentiroso. Esto significa que la obra de arte postmoderna es al mismo tiempo presente y ausente, verdadera y falsa, real y simulada.

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