1/5/09

Boris Groys. La topología del arte contemporáneo (Cont. VII)

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En el siglo diecinueve, Søren Kierkergaard discutió la diferencia entre lo viejo y lo nuevo usando como un ejemplo a la figura de Jesucristo. Kierkergaard observó que para un espectador que fuera contemporáneo de Jesucristo, habría sido imposible reconocer en Cristo a un nuevo dios, precisamente porque no parecía nuevo. Más bien, él inicialmente parecía como cualquier otro ser humano ordinario en aquel momento histórico. En otras palabras, un espectador objetivo de aquel tiempo, confrontado con la figura de Cristo, no encontraría ninguna diferencia visible o concreta entre Cristo y un ser humano ordinario, una diferencia visible que pudiera sugerir que Cristo no era simplemente un hombre, sino también un dios. Así que, para Kierkergaard, el Cristianismo estaba basado en la imposibilidad de reconocer a Cristo como Dios, una función de la imposibilidad de reconocer a Cristo como visualmente diferente: sólo con mirar a Cristo no era posible decidir si el era una copia o un original, un ser humano ordinario o un Dios. Paradójicamente, para Kierkegaard esto implicaba que Cristo era realmente nuevo y no meramente reconocible como diferente y por lo tanto Cristo era una manifestación de la diferencia más allá de la diferencia. Podría decirse que, de acuerdo con Kierkergaard, Cristo fue confeccionado (ready-made) entre los dioses, del mismo modo que el orinal de Duchamp fue un ready-made entre las obras de arte. En ambos casos, el contexto decide la novedad. En ambos casos no es posible confiar en un contexto establecido e institucional, sino que crear algo nuevo como una instalación artística o teológica que permita tomar una decisión y articularla.
La diferenciación entre lo nuevo y lo viejo, lo repetitivo y lo original, lo conservador y lo progresista, tradicional y liberal no es, por lo tanto, sólo un juego de diferenciaciones entre muchas otras. Más bien es una diferenciación crucial que conforma a todas las demás opciones políticas y religiosas de la modernidad. El vocabulario político moderno muestra esto con mucha claridad. Las instalaciones artísticas contemporáneas tienen como meta presentar el escenario, el contexto y la estrategia de esa diferenciación tal y como tiene lugar aquí y ahora. Esto es, en efecto, lo que puede ser llamado genuinamente contemporáneo. Pero ¿cómo la instalación contemporánea se relaciona con la reciente controversia entre las prácticas artísticas Modernas y Postmodernas?

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