1/5/09

Boris Groys. La topología del arte contemporáneo. (Cont. V)

xxxxxxxx

El espacio de la instalación puede, por supuesto, incorporar toda clase de cosas e imágenes que circulan en nuestra civilización: pinturas, dibujos, fotografías, textos, videos, filmes, grabaciones, toda suerte de objetos, etc. Es por eso que a la instalación frecuentemente se le niega el status de una forma de arte en particular, porque enseguida surge la pregunta acerca del medio específico. Los medios artísticos tradicionales están todos definidos por un material específico para el medio: lienzo, piedra, o filme. El material que constituye el medio en una instalación es, sin embargo, el espacio mismo. Este espacio artístico de la instalación puede ser el museo o la galería de arte, pero también un estudio privado, una casa, o un lugar en un edificio. Pero todos ellos pueden ser transformados en el sitio de una instalación al documentar el proceso de selección, sea privado o institucional. Eso no significa sin embargo que la instalación sea “inmaterial”. Por el contrario, la instalación es material por excelencia, ya que es espacial. Ser en el espacio es la mejor definición de ser material. La instalación revela precisamente la materialidad de la civilización en la que vivimos, porque instala todo aquello que nuestra civilización simplemente hace circular. De ahí que la instalación demuestre el soporte material de la civilización que de otra manera pasaría inadvertido detrás de la superficie de la circulación de imágenes mediáticas. Al mismo tiempo una instalación no es una expresión de una relación ya existente entre las cosas; por el contrario, una instalación ofrece una oportunidad de usar cosas e imágenes de nuestra civilización de una manera muy subjetiva e individual. De cierta forma la instalación es para nuestro tiempo lo que fue la novela para el siglo diecinueve. La novela fue una forma literaria que incluyó a todas las demás formas literarias de aquel entonces; la instalación es una forma de arte que incluye todas las demás formas de arte.

La inclusión de una toma fílmica en una instalación artística muestra su poder transformador de una manera particularmente obvia. Una instalación de un filme o un video exclaustra las condiciones de presentación de un filme. El espectador del filme no está ya inmóvil, atado a una butaca y dejado en la oscuridad, supuesto a mirar una película desde el principio hasta el final. En el video instalación, donde un video se está moviendo en un circuito, el espectador puede desplazarse libremente por la habitación, y puede abandonarla o regresar en cualquier momento. Este movimiento en el espacio de la exposición no puede ser detenido arbitrariamente porque tiene una función esencial en la percepción de la instalación. Aquí surge con claridad una situación en la que las expectativas de asistir a un cine y visitar el espacio de una exposición les crean un conflicto a los visitantes: ¿deben ellos permanecer inmóviles y dejar que la película se proyecte delante de ellos en el cine o deben moverse? El sentimiento de inseguridad que resulta de este conflicto coloca al espectador en una situación de elegir. El espectador queda confrontado por la necesidad de desarrollar una estrategia individual de mirar el film y la individual narrativa fílmica. El tiempo de la contemplación debe ser continuamente renegociado entre el artista y el espectador. Esto muestra muy a las claras que un filme es radicalmente, esencialmente alterado al ser puesto bajo las condiciones de una instalación (de ser la misma copia, el filme se convierte en un distinto original).

No hay comentarios:

Publicar un comentario