1/5/09

Boris Groys. La topología del arte contemporáneo (IX y final)


Con estas distinciones en mente se vuelve relativamente sencillo caracterizar el lugar que ocupa la instalación contemporánea con respecto al reclamo modernista de verdad y su desconstrucción postmoderna. La instalación es, como ya se ha dicho, un espacio finito de presencia donde diferentes imágenes y objetos son dispuestos y exhibidos. Estas imágenes y objetos se presentan a sí mismos de una forma muy inmediata. Están aquí y ahora y están exhaustivamente visibles, dados, desocultos. Pero están desocultos sólo mientras sean parte de esa instalación en particular. Si se consideran aisladamente, esas imágenes y objetos no convocan el reclamo de verdad y de estar desocultos. Todo lo contrario, esas imágenes y objetos manifiestan –por lo general de manera muy obvia- su status como copias, reproducciones o repeticiones. Podría decirse que la instalación formula y hace explícitas las condiciones de verdad de esas imágenes y objetos que conforman la instalación. Cada imagen y objeto de la instalación puede verse como un ser verdadero, desoculto y presente; pero sólo dentro del espacio de la instalación. En sus vínculos con el espacio externo, las mismas imágenes y objetos pueden parecer muy reveladoras y al mismo tiempo ocultar su status de ser piezas de una secuencia potencialmente infinita de repetición y reproducción. La obra de arte moderna convocó el reclamo de ser incondicionalmente verdad, de desocultarse. La crítica postmoderna puso este reclamo entre signos de interrogación, pero sin indagar sobre las condiciones de verdad, entendidas como presencia y desocultamiento. La instalación enuncia esas condiciones al crear un espacio finito y cerrado, un espacio que se convierte en el lugar del conflicto abierto e inevitable de la decisión entre original y reproducción, entre presencia y representación, entre lo desoculto y lo oculto. Pero el cierre que se efectúa por medio de la instalación no debe ser interpretado como una oposición a la “apertura” como tal. Al cerrar la instalación crea su afuera y se abre hacia ese exterior. El cierre no es aquí una oposición de “apertura”; sino su precondición. Lo infinito, por el contrario, no es abierto porque carece de exterior. Estar abierto no es lo mismo que ser totalmente inclusivo. La obra de arte que se concibe como una máquina de infinita expansión e inclusión no es una obra abierta sino la contraparte artística de una soberbia imperial. La instalación es un lugar de apertura, de revelación y desocultamiento precisamente porque sitúa dentro de su espacio finito a imágenes y objetos que también circulan en el espacio exterior (y de este modo se abre al exterior). Es por eso que la instalación consigue manifestar abiertamente el conflicto entre la presencia de imágenes y objetos dentro del horizonte finito de nuestra propia experiencia y su circulación invisible, virtual, “ausente” en el espacio exterior a ese horizonte, un conflicto que define la práctica cultural contemporánea.

5 comentarios:

  1. Hola.

    Me gustó mucho el texto, pero quisiera tener las referencias de las imágenes.

    Saludos.

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  2. Excelente texto de Groys. Felicidades por la traducción. Nos es muy útil a quienes estudiamos sobre arte contemporáneo e inglés al mismo tiempo. Maravilloso.

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  3. Muchas gracias.Acabo de visitar tu blog y me ha gustado mucho. Lo visitare con frecuencia. Saludos

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  4. Hola Ernesto. Estoy escribiendo mi tesis doctoral y me va a ser de mucha utilidad tu traducción de el texto.
    Te quería preguntar si tienes el texto original el Inglés que me puedas facilitar. Necesito hacer citas a pie de página, por supuesto que te doy los méritos de la traducción en la bibliografía, pero necesito ubicar las citas en las páginas originales de el libro.

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  5. Hola Ruth,
    Tengo el texto en ingles, pero en un libro impreso, no en formato digital. Voy a tratar de escanearlo y te lo enviare por email. Saludos.

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