16/4/09

La nostalgia y lo intraducible

xxxxxxxx

I
Al comienzo del filme Nostalghia, de Andrei Tarkovsky, el protagonista, un emigrante ruso que trabaja en la biografía de un músico de su país, emprende un largo viaje con la intención de contemplar una pintura mural de Andrea Mantegna. Lo acompaña una joven italiana. Enseguida los vemos hablar sobre lo intraducible no ya de la poesía; sino del arte en un sentido más amplio. La mujer conviene en que un poema no puede verterse a otra lengua. Pero ¿y la música?, pregunta.

A modo de réplica, el hombre tararea una melodía. Se trataba de una canción de cuna que posiblemente cualquier otro ruso habría reconocido de inmediato.

II
La melodía era, en efecto, intraducible. Estaba vinculada a las primeras experiencias vitales, a la afectuosa voz maternal –no es casual que la escena se desarrolle en la capilla en la que se encuentra La Madonna del Parto- y a las tradiciones culturales de su tierra natal. Una importante dimensión estética de la canción sólo adquiría sentido para la persona que había crecido dentro de aquel entorno. El arte es, entre otras cosas, un modo de comunión. Sin compartir las vivencias asociadas a la obra, difícilmente se pueda acceder a una plena comunicación afectiva con la imagen artística. Lo que seguramente era una tonada muy querida para el protagonista, era a lo sumo una curiosidad exótica para la italiana.

III
Otro detalle llama la atención en la escena. Para llegar hasta el fresco de Mantegna, los personajes tuvieron que atravesar una larga distancia y manejar durante muchas horas. Pero, una vez en la capilla, el protagonista desiste de ver la pintura. No se nos explica por qué. Podría aventurarse que no quiso que el esplendor del original opacase o empobreciese el recuerdo de cuando, en su país de origen, vio la imagen por vez primera, tal vez reproducida en un libro. De ser así, el mural de Mantegna no podría “traducir” a su reproducción fotográfica. No sólo no conseguiría devolverle el pasado al protagonista del filme, sino que hasta podría estropear sus recuerdos.

4 comentarios:

  1. ernesto, interesante y sutil.

    una vez, en unas conferencias de trabajo que reunía a todos los miembros de la compañía globalmente, me puse a conversar con un ruso que casi no hablaba español. en fin, nos pusimos a hablar del personaje de raskolnikov y de la novela en sí, y él, en su torpe español, me dijo que la obra de dostoyevsky era intraducible, y lo que yo había leído no era la obra sino una reproducción que no servía para nada. y yo que me pensaba que ésa era una de las mejores novelas que me había leído...
    un beso, siempre es lindo pasar por aquí.

    ResponderEliminar
  2. Gracias, Grettel:
    No es la primera vez que escucho sobre la necesidad de leer a los autores rusos -Dostoiesky y Pushkin muy en particular- en el idioma original. De todos modos yo creo que ambos autores se pueden disfrutar mucho, incluso cuando solo podamos captar una infima parte de lo que escribieron (que no creo que sea tan asi).
    En compensacion, un amigo ruso -todo un erudito que habla varias lenguas a la perfeccion- me comento sobre su descubrimiento de El Quijote en espanol. Inicialmente lo habia leido en ruso y le parecio una novela infantiloide. un beso.

    ResponderEliminar
  3. Ernesto, a mi me sucedió algo parecido con Proust. Y déjame decirte que he encontrado traducciones soberbias de "A la recherche du temps perdu", pero es difícil, muy difícil lograr traducirlo todo. Con Cabrera Infante me sucedió otro tanto. Me tocó leer "La Habana para un Infante difunto" en francés para hacer una investigación para una exposición. Tuve que desistir. Me imaginaba las calles y los ambientes que describía y no pude pasar de la mitad del libro. Sencillamente, hay autores que merecen ser leídos en su lengua materna. Gracias por este excelente post.

    ResponderEliminar
  4. chez, por eso es tan importante adquirir la mejor traducción de las obras extranjeras. ahí es donde está la diferencia. pero igual, no es lo mismo.

    ResponderEliminar