21/4/09

Four Northwest Coast Museums

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El museo,  apunta James Clifford, es una zona de contacto, pero ¿cómo podría el museo, con su tendencia a descontextualizar, a refuncionalizar, a conferir un sentido marcadamente estético a los objetos que alberga en su colección, cómo podría mostrar esa mirada de No-Occidente hacia Occidente en lo que tiene de enmascaramiento y resistencia frente a los impulsos colonialistas de los que el museo mismo, como institución, constituye uno de sus paradigmas?

En algunos capítulos de Routes, Clifford se detiene ante algunas inusuales alternativas en las que el museo parece depender notablemente de la mirada No-Occidental. Clifford ve en cuatro museos de la Costa Noroeste de Canadá uno de esos empleos no convencionales y políticamente subversivos, del espacio del museo.
Los museos de la costa Noroeste desafían el sistema de valores imperante en las muestras dedicadas a las culturas No-Occidentales. En sus salas se exhiben tanto objetos ceremoniales como producciones destinadas a satisfacer la curiosidad y el mercado. Tal vez el aspecto más novedoso lo constituye el hecho de que en muchos sentidos “ they are not museums at all: they are continuations of indigenous traditions of storytelling, collection and display.” (Clifford, 1997, 110).
El museo se propone una inserción en la vida de las comunidades, acude continuamente a los integrantes de las sociedades tribales (contrata a artistas nativos como parte de su staff y permite que los miembros de las comunidades participan activamente en la concepción de las muestras ). El museo procura mostrar culturas vivas[1] y no visiones cosificadas como las que suelen ofrecer la mayoría de los museos antropológicos y etnográficos.
En las exposiciones se hace énfasis en la irrupción de la historia y la política en los contextos, aparentemente incontaminados, de la estética y la etnografía. Ante los museos de la Costa Noroeste, el propio Clifford, familiarizado con las experiencias del museo y el coleccionismo, se siente como un outsider, como un “white American visitor”. Sin embargo un outsider que de forma inusitada lee su propia historia, marcada por el saqueo y la colonización. Una historia subversivamente contada desde No-Occidente, si bien a través de una institución Occidental. Llevar la historia y la política al ámbito de la etnología –tal y como lo hacen experimentalmente los museos descritos por Clifford- no es sólo una responsabilidad científica, sino también, y sobre todo, la apertura de un espacio político de las minorías contra las prácticas coloniales y neocoloniales.




NOTAS

[1] “Indigenous art (carving, building, painting, printmaking, jewelry and blanket design), work that participates simultaneously in market and museum network and in tribal ceremonies and political contexts, is a leading public manifestation of cultural vitality” (Clifford, 1997, 110).

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