6/3/09

Una paradoja de cierto arte crítico

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En 1970, como parte de una serie que Cildo Meireles tituló Inserciones en el circuito ideológico, el artista brasileño pegó unas calcomanías con textos subversivos en unas botellas de Coca-Cola y las puso nuevamente en circulación. Uno de los textos decía, por ejemplo, Yanquis Go Home. Los situacionistas llamaron detournement a esta práctica, que consistía en apropiarse de un objeto de consumo y conferirle una dimensión artística e ideológica.

Me gusta mucho el trabajo de Cildo Meireles (en el año 2000 pude ver una muestra personal suya en el New Museum de New York). Indiscutiblemente es uno de los grandes artistas latinoamericanos. Meireles es un mago, un poeta y un formidable artista visual a la hora de servirse de objetos cotidianos para devolverlos como inquietantes artefactos, dotados de un sentido crítico. Su Proyecto Coca-Cola, me parece, sin embargo, una de sus obras menos afortunadas. Incluso si tuviese alguna eficacia política, la obviedad de asociar una botella de Coca-Cola al imperialismo norteamericano traiciona la dimensión artística de las piezas. Para el arte contemporáneo, nada resulta tan paralizante como lo obvio. Enseguida lo unívoco y lo explícito degradan la creación a facilismo, panfleto o incluso a escándalo gratuito y oportunista. Si menciono aquí el Proyecto Coca-Cola -que me parece, repito, lo menos logrado de la admirable obra de Meireles- es sólo para mostrar cómo el arte crítico puede tener un resultado por completo opuesto al esperado.

Conjeturo que la Coca-Cola se haya sentido complacida con la obra de Meireles. El agregado de Yanquis Go Home convertía el producto en un emblema de poder y en el icono por excelencia del capital estadounidense. Era por otra parte, una imagen que promovía el refresco y, para parodiar un poco a Meireles, “insertaba" la propaganda "en el circuito del arte”. El Yanquis Go Home contribuía, de forma más o menos modesta, a divulgar la Coca-Cola. Al hacerlo, Meireles aportaba su granito de arena a la misma invasión de capital que procuraba condenar. Además, le permitía a la compañía ensayar, de manera gratuita, formas alternativas de promover sus productos.

El pensador francés Jacques Rancíére enunció esta limitación del arte crítico con una claridad inigualable:

El arte crítico que invita a ver los signos del Capital detrás de los objetos y comportamientos cotidianos se arriesga a inscribirse a sí mismo en la perpetuación de un mundo donde la transformación de cosas en signos reproduce la misma sobreabundancia interpretativa que hace que desaparezca toda resistencia.

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